¿¡Qué se esconde detrás de las prohibiciones de las carreras de galgos!?

Entre Café y Café

Diputados y Senadores, legislar desde el desconocimiento

El pasado  17 del corriente mes  la legislatura votó  la “Ley nacional de prohibición de las carreras de perros en Argentina”. Una actividad más que centenaria. Con enormes estigmas y muchos desconocimientos de quienes no han estado cerca de la actividad, sin embargo levantaron la mano para su proscripción que  fuese  impulsada por organizaciones proteccionistas, entre la que se cuenta a la Asociación Protectora de Animales y distintos medios comunicacionales del orden nacional que en su gran mayoría demostraron ignorancia sobre la temática.

Advierto a los lectores,  para no caer en sospechas innecesarias,  que hace muchos años he sido criador de perros, y también tuve greyhound de carreras.  Un hobby- deporte que no difiere de otras actividades –no cruentas-  con animales. Una cosa, atroz y perversa son las peleas de perros o de gallos  –denunciadas varias veces por este medio-, y otro contexto son las competencias de galgos.

He leído y escuchado agresiones  tan impensadas como burdas, y esto de ambas orillas: proteccionistas y galgueros. Remarco que tengo respeto y consideración por los proteccionistas, más allá de algunas divergencias sobre su  función.

Debo decir que algo me hace ruido, que se haya apuntado primero a los galgos. Especialmente porque en años a la mayoría de los criadores que conocí son buena gente y claro que hay excepciones, son absolutamente los menos.

 

Sería imprescindible determinar a qué le llamamos “maltrato”.

¿Drogarlos es maltrato? Claro que lo es. No sería tan complejo evitarlo. Con profesionales que examinen a los canes si se le aplicaron sustancias prohibidas rápidamente se pondría fin a tal despropósito.

El fin de semana leía importantes matutinos de tiraje nacional, donde unos hablaban de las carreras en Inriville y otros en Marcos Juárez ¿? Algo me indicaba que uno de ambos medios no los había ido a cubrir, sin embargo no solo faltaban a la verdad sino que  opinaban sin la elemental honestidad.

Pregunto, ¿¡No es maltrato el traer animales  cuyo origen provienen de zonas donde viven en temperaturas  bajocomo los Siberianos; Samoyedos o San Bernardo y se los traslada a zonas con 40 grados centígrados? No hablemos de mascotas a las que se las pretende humanizar.Es lo que en Estados Unidos llaman el síndrome Disney  ¡¡Se imagina a un ser humano viviendo como un perro. Aplique el mismo criterio a la inversa!!

Lo cierto es que los  carrerinos  se han dormido en lo que hace a organizarse y  elaborar las normativas que indique  las pautas de la actividad. Leyes que podrían ser establecidas en conjunto  con los proteccionistas. Al que no las cumpla que le caiga el peso de la Justicia. Justicia. Chipearlos.

En Marcos Juárez la pasada semana, donde se corrió la más importante competencia del año, un grupo de veterinarios revisó a más de 70 canes –es lo que nos indican- y todos dieron negativo.

Se supone que para prohibir algo, se debe contar mínimamente con elementos casuísticos, estadísticos, y seguimientos científicos. Eso no existió. Sobre la materia no hay inventarios  ni registros. Una cuestión elemental. No alcanza con decir  de un lado del mostrador que los matan y prenden fuego porque eso no representa la realidad. Suena a falsedad.  Más cuando se aluden a hechos que no existen pruebas.  Insisto, habrá excepciones de perversos y desquiciados, pero de excepciones no se puede constituir una Ley. Es un claro despropósito con cosquillas de discriminación. De lo contrario que se explique por qué  continúan realizándose las  carreras de caballos o lo que es aún más cruel, las jineteadas. ¿También se prohibirán las carreras de trineos con perros?

Ignoro qué hay detrás de esta determinación. Nada tengo contra los proteccionistas. Ellos pidieron lo que respondía a sus conceptos y convicciones, equivocados o no. La cuestión de fondo y riesgosa, es que el Congreso, con absoluta irresponsabilidad, dada su ignorancia hayan legislado cediendo a presiones.

Muy posiblemente las carreras, lamentablemente,  se continúen clandestinamente. Y allí los que destratan a los animales, lo seguirán haciendo con mayor libertad. Pero lo peor, que esos galgos denominados “liebreros”  que vemos abandonados, carcomidos por bichos, de hambre permanente, seguirán multiplicados geométricamente en las calles. ¿¡Qué habrán solucionado las prohibiciones!?

Hace años que no voy a un canódromo. Y tal vez no lo haga nunca más, solo que necesito  exponer mi pensamiento –sabiendo lo que me vendrá de los intolerantes- ; Es absolutamente injusto einaceptable que alguien porque tenga un galgo sea considerado un asesino.

 

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