¡Ojalá haya más “tetazos”!

Notas

Indignarse más y con razón                       

Escribe: Germán Giacchero

El mismo día que miles de personas se indignaban en enero en las redes sociales o marchaban por las calles por la muerte de Chocolate, el perrito despellejado vivo en San Francisco, se conoció que en un campo de Bengolea, aquí nomás, tres familias correntinas con varios bebés y niños eran sometidas a trabajo esclavo y trata de personas por un hijo de puta, como sucede en muchos otros sitios del país. Estuvieron a punto de ser trasladadas de apuro a su provincia en un camión donde habitualmente se transporta a las vacas. En medio de la bosta. Pero no se indignaron muchos por esa atrocidad, menos salieron a copar las calles por semejante atentado a la vida.

El “tetazo” del martes, de forma paradójica, a pesar de promover la desnudez, es mucho lo que termina por ocultar o tapar. Originado en el fallido topless que les impidieron realizar a tres mujeres en la costa atlántica, tuvo más de impacto mediático que de movilización masiva. Su génesis superficial y casi frívola mutó en reclamos por la soberanía del cuerpo femenino, pero exhibió posiciones ridículas y acciones absurdas de muchos de sus defensores, y barrió con la noble intención de otro “tetazo” anterior que tenía una causa distinta: el derecho de amamantar en público sin censura.

Al otro día, hubo una convocatoria “para la vida” en Plaza de Mayo. Familiares y amigos de personas que esperan trasplantes de órganos buscaban concientizar sobre la donación. Más de 11 mil personas están en lista de espera en el país para poder tener una oportunidad de vivir. Como era previsible, la repercusión, aunque considerable, no alcanzó la dimensión del tetazo ni despertó movilizaciones masivas a su favor.

Indignarse más

 

La marcha por Chocolate y el reclamo por la liberación de las tetas ocurren en un país fagocitado por las carencias, con problemas y conflictos ocultos y  silenciados, visibles y naturalizados. Pero no se indignan muchos por esas atrocidades siempre actuales, menos salen a copar las calles por semejantes atentados a la vida.

 

Ojalá haya más tetazos para reclamar por los 9 millones de pobres, casi dos millones de indigentes y 1 de cada tres niños que se cagan de  hambre o necesitan unas zapatillas, un cuaderno, las vacunas y un abrazo.

Ojalá haya más tetazos para protestar porque cada 30 horas matan a una mujer en forma violenta; porque se condena a miles de pibes a la droga, la explotación o la delincuencia; porque el 25% de la gente no tiene acceso a agua potable, la mitad de la población no tiene cloacas o medio país es envenenado en su propia casa con los tóxicos del campo.

Ojalá haya más tetazos para advertir  que en el país 1 de cada 8 mujeres padece cáncer de mama invasivo durante el transcurso de su vida. Y concientizar que el 95% de los casos es curable si se detecta a tiempo. Pero, por ellas no se mostraron las tetas.

 

Que el árbol no nos impida ver el bosque. Ojalá nos indignemos más por el resto de las atrocidades y atentados cotidianos a la vida que pasan a nuestro alrededor.

 

Es una de las tantas asignaturas pendientes que tenemos como sociedad.

 

(Foto: Diario La Nación)

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