Indio: miserias y contradicciones

Notas

Escribe: Germán Giacchero                           

Hubo dos muertos. Pudieron ser más, claro, en ese tsunami de cuatrocientas mil almas. O, mejor aún, no pudo haber muerto nadie. Los que ensayan como defensa que fueron“dos nada más”o fabulan que al Indio “le tiraron dos muertos” se les miserea el alma, como a aquellos que le enrostran la tragedia en forma exclusiva a Solari. No fue Cromañón, pero eso no lo hace menos grave.

Hubo muchos más miserables, como los fanáticosque celebraban que León y Bulacio no murieron devoradospor una avalancha incontrolable como se decía en los medios. Que hubo otras causas. Como si eso significara un manto de piedad automático y librara de culpa y cargo a los responsables de todos los niveles de la trágica misa ricotera. Incluso a su divinidad artística. Los fundamentalistas no son solo los del Aire Acondicionado.

Hubo miles y miles de personas felices por haber estado en comunión con su ídolo. Pero también hubo varios heridos, algunos desaparecidos luego hallados, varados, a la deriva, enajenados, destrozados,sin guita, sin morfi, desconcertados, tristes, intoxicados, maltratados.

Hubo medio millón de almas alteradas en esa ciudad convertida en un polvorín humano, la mayoría peregrinos en plan de visita ocasional en un descampado suburbano fatal que selló la suerte y declaró, quizás, la extremaunción del pogo más grande del mundo.

Hubo desidia del estado e irreponsabilidad de los productores, pero también del profeta que enciende el ritual pagano más convocante de la cultura popular. No importa que haya advertido que algo podía pasar. Si lo sabía, ¿por qué no se intensificaron las previsiones y se tomaron las medidas adecuadas? ¿Por qué siempre se deslinda la responsabilidad en los otros? ¿Por qué no nos hacemos cargo?

Hubo desinformación, errores intencionados y mala leche de algunos medios masivos, pero eso no invalida que el descontrol y el caos como prácticas habituales de todos los recitales del Indio, donde parte del rito es la estampida de los desposeídos de tickets para participar de la misa, se hayan ido de las manos y terminado muy mal.

Hubo un descerebrado “conspiracionismo” que redujo todo a una cuestión política y restringió las miradas a la grieta macrismo-kirchnerismo. Los oportunistas seriales de ambas trincheras se relamieron culpando a Macri y a su patético retoño en la Intendencia de Olavarría, o al cristinismo de Solari, según el caso.

Hubo un supuesto llanto del líder de masas ante la fiscal, y una delgada línea que iba del desconcierto a la tristeza durante y luego del ritual, según trascendió. Pero una actitud desangelada con los familiares de los muertos de esa noche. Él no los mató, claro. Pero, de alguna manera y sin quererlo, por las razones que fuera,los muchachos pusieron el cuerpoen el epicentro del tsunami y así les fue.

“Que se lastime alguno de ustedes no vale ningún recital de rock and roll”, había dicho  el Indio hace unos 20 años antes de un recital en Villa María. “No puedo hacerme cargo de la conmoción que genero”, contrarrestó en el documental “Tsunami”, donde se vanagloria del océano de gente que concurre a sus conciertos siderales.

A la distancia, hubo una dosis de cinismo en la primera frase, como de sincericidio en la segunda. No importa tanto que este artista de la hostia sehaya devenido en millonario al ritmo de su marketing antisistema, que cultive su pose de burgués ermitaño y fóbico por elección, que viaje en jet privado o respire hondo más en Nueva York que cerca de los sitios donde convoca a rendirle culto.

Lo que importa es que no se da un baño en las mismas aguas que sus seguidores. No se hace cargo de la suerte de quienes vitorean que “el lujo es vulgaridad” y gritan que “violencia es mentir”. De esos “desangelados”, como los bautizó hace tiempo, que encuentran en su música “una especie de bálsamo para la parte doliente de sus vidas”.

Aunque en ese trance sean eternamente felices. O acaben con sus vidas para siempre.

 

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