Narcofamilias: las Pymes que matan

Notas

Fenómeno en crecimiento: la droga se “cocina” y vende en casa 

El narcotráfico expande sus tentáculos. Cada vez con mayor frecuencia, se descubren organizaciones locales conformadas por padres e hijos, cuando no por todo un grupo familiar, dedicado en forma exclusiva al tráfico minorista de narcóticos.Los roles van desde hacer inteligencia en el barrio, la “cocina”, los contactos con los compradores hasta el manejo administrativo de la organización. No solo ocurre en la capital provincial, también en Villa María y una amplia región.

Escribe: Germán Giacchero

El tráfico de marihuana y cocaína también es cosa de familia. En la lista negra que tenía en su poder la fiscal María Marta Schianni con los nombres de la organización narco desbaratada por la justicia federal de Villa María en marzo pasado se repetían varios apellidos. Y aparecían los de otras personas que tenían vínculos afectivos entre sí, más allá de los roles que ocupaban en la estructura delictiva desmantelada.

Entre los 13 imputados como integrantes de la organización dedicada al tráfico de drogas, se encontraban los hermanos Carlos (uno de los líderes desde la cárcel) y Diego Gilli, y su padre, Miguel. También, otro padre e hijo, Pedro y Guido Pittavino. La pareja de Carlos Gilli, como la de otro de los cabecillas Eloy Ruiz (desde la prisión), también formaba parte de la organización ilegal como vendedoras de estupefacientes, según la causa judicial.

Fue uno de los grandes golpes al narcotráfico en la ciudad: se incautaron más de 30 kilos de marihuana y unos 600 mil pesos en efectivo. La “merca” tenía como destino la distribución en Villa María, Villa Nueva, Río Tercero,General Deheza y Dalmacio Vélez. El operativo reveló de alguna manera lo que ya deja de ser una curiosidad para convertirse en un  paisaje cotidiano: la presencia familiar en los diversos engranajes del tráfico de drogas.

 

Algunos casos

 

Las “narcofamilias” se muestran en organizaciones delictivas como la caída en desgracia, que poseen una dimensión considerable, pero registran mayor presencia en el mercado minorista. Aunque no existe una estadística precisa al respecto, los resultados de los operativos de la Fuerza Policial Antinarcotráfico de Córdoba (FPA) develan cada vez con mayor frecuencia a bandas locales conformadas por padres e hijos, cuando no por todo un grupo familiar dedicado en forma exclusiva al tráfico de narcóticos como “minoristas”.

En los últimos días de marzo, fueron detenidos dos hermanos en Río Tercero, acusados de vender drogas en la última década y controlar el comercio minorista en la ciudad. Los allanamientos fueron en sus viviendas y en las de sus familiares. De manera extraoficial, trascendió que parte de su entorno cercano se dedicaría al negocio ilegal.

Semanas atrás, en Oncativo, un padre y su hijo fueron capturados por la FPA acusados de encabezar una red de comercialización de estupefacientes en la ciudad y alrededores. Hace días, en Leones un matrimonio fue capturado por vender en su propia vivienda.

Como estos, son muchos los casos similares que se desprenden de los operativos ejecutados y dados a conocer por la fuerza que depende del Ministerio Público Fiscal. Aunque no alcanzan para ofrecer una descripción acabada del fenómeno, desnudan la presencia de una modalidad cada vez más frecuente en el universo del narcotráfico en pequeña escala. El narcomenudeo se ha vuelto una cuestión familiar.

 

Punto neurálgico

 

El desempleo, la pobreza, la marginalidad, la violencia y la fermentación del tejido social son algunos de los factores que suelen actuar como caldo de cultivo para que se propague la presencia de kioscos o bunkers donde se procesa y vende todo tipo de sustancias en barrios de ciudades populosas e incluso en localidades de menor tamaño, como las de nuestra región.

“El narcomenudeo no sólo instala la violencia en el barrio generando una descomposición social aguda sino que también genera un negocio, en ocasiones familiar, en donde el hogar se vuelve una tergiversación”, explicó en diálogo con EL REGIONAL la socióloga especialista en narcotráfico y asesora de la FPA,Laura Etcharren.

En este sentido, la investigadora, apuntó que “la familia, concebida como célula de la sociedad, se corre del centro de la escena y aparece una distorsión de la misma cuando ingresa al negocio o bien, cuando queda como rehén en medio del caos”.

Etcharren precisa que el concepto de “narcofamilias” surgió “a partir de la voracidad que ha tenido el proceso narco criminal en la Argentina”. “Se trata de familias que encontraron en la droga un negocio central o paralelo tergiversando el concepto de hogar al convertirlo en un punto de venta de droga”, define.

 

¿Cómo se manifiesta este negocio familiar en pequeña escala en la provincia de Córdoba y la región de Villa María en particular?

 

“Así como cada país construye el color local de su propio delito, cada provincia le pone su impronta de acuerdo a la región. La región centro es aguda. Porque todo aquello que no se contiene en el norte llega al centro del país por efecto embudo.

Villa María es una zona neurálgica de la provincia. Un semillero que está todo el tiempo dentro del panóptico observador. Y el negocio de las narcofamilias no difiere en demasía de otras localidades. Podrá variar si se lleva adelante con la fachada de un negocio de comestibles, por ejemplo, o dentro mismo del hogar.  O tras alguna venta ambulatoria de objetos.

Sí es cierto que la proximidad de Villa María a localidades más cercanas a los límites de Santa Fe complejizan su estructura. Ya sea por ser de paso así como también, por ser uno de los focos de concentración”.

 

¿Cuál es la zona de la provincia con mayor presencia del narcotráfico?

 

“Cuando un país está atravesado por el Narcotráfico no hay provincias exentas y dentro de las mismas provincias no es que hay mayor o menor presencia. Lo que hay son mayores índices de violencia. Córdoba capital es complejo. Pero también hay gravedad en los límites con Santiago del Estero, La Rioja –ruta 38 de la cocaína-, Santa Fe y Buenos Aires”.

 

(En la próxima edición, la entrevista completa con la especialista Laura Etcharren)

 

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