Cabezas y la memoria de la ciudad

Notas

Nota del Semanario EL REGIONAL del año 2003 

Horacio Cabezas atesoraba en sí una innumerable cantidad de anécdotas y vivencias sobre aquella villa que le fue cambiando la cara el tiempo y los hombres. En una entrevista con EL REGIONAL hace varios años rescató hechos ligados a nuestra identidad.

 

Una ciudad privilegiada

 

“No puedo distinguir una época mejor en la que haya vivido con mayor felicidad, porque para mí todas las épocas fueron hermosas, por el hecho de haber vivido en Villa María. Todos mis recuerdos son gratísimos, salvo los que tuvieron que ver con interrupciones por sucesos fatales para la ciudad. Partiendo de la historia, me resulta grata la imagen de los primeros arrieros que vinieron a la zona y hacían sus fogones, entre ellos José Garmendia y Bernardo Lacase, de quienes se puede decir que fueron iniciadores. Pero pasando por todas las épocas y todas las décadas no sabría elegir cuál es la mejor, por supuesto que necesariamente voy a decir que es la actual, aunque todas han sido hermosas. A pesar de que mi vida ha sido de trabajo, todas las épocas han sido hermosas.

Siempre he admirado a mucha gente en esta ciudad, gente pensadora, ilustrados, progresistas, caritativos que ayudaron en los momentos de crisis. La solidaridad de las personas siempre estuvo presente y este aspecto es, tal vez, una de las cosas que más elogio. Villa María ha sido cuna de las letras, la cultura siempre fue muy cultivada aquí. Admiro a muchas personas que pasaron por la ciudad y dejaron su impronta, en los distintos aspectos de la vida, modalidades, haberes”.

 

Personajes

 

“Con todos los personajes de la historia me hubiera gustado sentarme a tomar un café y conocerlos. Habría sido placentero conversar con don Pedro Viñas, el primer intendente de Villa María. Otros que se me ocurren son algunos personajes de la masonería, fenómeno social, político, cultural que se dio aquí en forma muy intensa, en la primera década del siglo pasado, dentro del cual participaron muchos, entre ellos, los fundadores del radicalismo villamariense, los hermanos Secco. Aparte de ellos, otra personalidad que me atrapó fue el doctor Alberto Durriet, dirigente del radicalismo que lideró aquí la fracción disidente llamada ‘Radicalismo rojo’ o ‘Jacobinos’. Él tenía gran facilidad oratoria, era frontal y valiente para decir verdades.

Ni hablar, por supuesto, de don Amadeo Sabattini, ese hombre excepcional de nuestra dirigencia, por quien sentí gran admiración y sobre quien escribí, y en este vuelo, hay que nombrarlo necesariamente al doctor Antonio Sobral.

La lista no está cerrada, porque hay una galería interminable de gente para nombrar, hombres de otros partidos políticos que admiré, como Juan Carlos Delgado, del Partido Socialista, porque era transparente; don Salomón Deiver; en las letras, Horacio Roqué; Antonio Alonso, quien trabajó mucho por la ciudad y algunas damas de Villa María, BrauliaVijande, Elena de Martínez Mendoza, Magdalena de Seppey, que sería una injusticia no nombrar”.

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