AL FILO DE LA NAVAJA

Notas

LOS MILAGROS TAMBIÉN EXISTEN   

AL FILO DE LA NAVAJA

 

Por: JONÁS (EL PROFETA)

 

  1. LA TORMENTA PERFECTA. Cuando el dirigente gremial Juan Pablo Medina tuvo la certeza de que sería detenido por  orden de la Fiscal Silvia Cavallo, no tuvo mejor idea que la de convocar a los militantes de su gremio para establecer una barrera humana, y así eludir la inminente disposición judicial. Con la excusa de que el expediente estaba caratulado como NN (practica habitual en muchos tribunales conforme las circunstancias de cada caso) y que sus abogados no habían podido acceder al mismo, logró reunir una impresionante masa de personas (miles, según el propio Medina), preparados para resistir la llegada de quienes intentarían forzar se cumpliera el mandato judicial. Montañas de cascotes se distribuyeron estratégicamente. Era un rumor persistente de que en la sede gremial había armas de fuego. Pero lo más visible eran alambres y cables que cruzaban las calzadas adyacentes, listos para ser tensados y así derribar las motocicletas policiales que pasaran por el lugar. Y lo más escalofriante. DECENAS Y DECENAS DE LETALES BOMBAS MOLOTOV LISTAS PARA REALIZAR SU MACABRA TAREA.
  2. UN FINAL ANUNCIADO. Por la cantidad de personas dispuestas para la batalla, el altísimo (y palpable) grado de agresividad de las mismas, y las características particulares del espacio urbano epicentro de esas actividades, todo el país se aprestaba a presenciar las dantescas escenas de una batalla campal. Todo con la tétrica posibilidad de que se produjeran MUERTOS Y HERIDOS GRAVES en ambos bandos. Quizás la pregunta que se imponía era: ¿cuántos muertos quedarían sembrados en las calles luego del encontronazo? Y algo peor. Muchos (lamentablemente muchos) se relamían esperando que la inminente batalla y sus desastrosas consecuencias marcara un punto de inflexión en la historia, Y SE ENCENDIERA LA MECHA DE UNA ESPIRAL INTERMINABLE DE VIOLENCIA que pusiera en jaque la estabilidad y gobernabilidad de las instituciones de la República.
  3. DIOS EXISTE. No pretendo promover una discusión metafísica o religiosa en torno a la intervención de un espíritu superior. Pero casi no podría entenderse de otra manera el giro de ciento veinte grados que de golpe, tomaron los acontecimientos. Medina, que acababa de amenazar con “INCENDIAR LA PROVINCIA”, concedió una entrevista a un medio televisivo, y sus interlocutores, los periodistas Ricardo Canaletti y Maru Duffau, en un extendido y dificultoso diálogo, lograron convencerlo para que depusiera su actitud, y utilizando su ascendencia y prestigio personal, pusiera fin a un intento de resistencia que se vislumbraba trágico. El mismo Medina salió entonces al balcón y pidió a sus adeptos que se desconcentraran, se fueran a sus casas, y al mismo tiempo un grupo trataba de enmendar el desorden urbano de los cascotes y los neumáticos incendiados. Invito al lector a buscar en Google mediante la expresión “Canaletti habla con el Pata Medina” la reiteración del dramático, y por momentos conmovedor diálogo entre un hombre que lucía desconcertado y desesperado, y dos pacientes periodistas, diálogo que se prolongó  por 40 minutos de altísima tensión.
  4. EL PODER DE LA PALABRA. Mal podría entenderse mi mensaje si se intenta desacreditar el valor inconmensurable de la actitud de los periodistas, o si se los “desvaloriza” por su pertenencia a un medio afín al actual gobierno. Insisto en que vale la pena repasar esos 40 minutos tan intensos, y cuando todo hacía presumir que la actitud de Medina era inmodificable, pareciera que LOS CIELOS SE COMPADECIERON DE ESTA ARGENTINA TAN ABRUMADA, y en los últimos minutos el final tan temido se transforma, casi en segundos, en otro epílogo muy distinto al presentido, en un desenlace de ALIVIO Y TRANQUILIDAD. Y para aquellos miserables “Dráculas” que estaban esperando ansiosamente beber, al final de una trágica jornada, la sangre de los muertos y heridos, les recuerdo un párrafo que fue acogido en estas mismas páginas, y que se refiere a las consecuencias de la violencia: Todos los que hoy se regocijan y deleitan por la mayor o menor entidad del “caos” que parece instalarse en nuestra argentina, debieran detenerse a pensar qué puede pasar si la bestia que están engendrando se sale de control, y termina engullendo a quienes se pretende sean sus beneficiarios, esto es, los desposeídos, las víctimas de la injusticia, los que tienen hambre y sed y que sueñan por un mejor destino común bajo el cielo de nuestra patria. LA HISTORIA ESTÁ HABLANDO. POR FAVOR. DEBEMOS ESCUCHARLA.

 

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