Submarino argentino: ¿Y si no fue un accidente?

Notas

La tragedia del ARA San Juan: las hipótesis de una agresión extranjera

 

Hasta el miércoles 29 de noviembre, a dos semanas de su desaparición, el submarino ARA San Juan seguía sin ser detectado. Aunque se confirmó la existencia de una explosión en una zona cercana a su última comunicación y la versión oficial plantea la posibilidad de un accidente, desde el primer día se barajan otras hipótesis. Desde un ataque intencional a un error de cálculo en supuestas pruebas conjuntas con fuerzas extranjeras.

Escribe: Germán Giacchero

¿Y si el ARA San Juan hubiera sido atacado por otro submarino? ¿Si hubiera sido víctima de una agresión perpetrada por una fuerza extranjera o de un error de cálculo en una operación conjunta con otros países? ¿Si el “evento anómalo” detectado no fue una implosión de la embarcación argentina y responde al resultado de una ofensiva militar foránea? ¿Y si no fue un accidente como suscribe la tesis oficial de la Armada, fuerza donde también conviven otras conjeturas sobre un posible ataque?

Aunque parezcan ideas trasnochadas, producto de teorías conspirativas y de mentes paranoicas, las tesis de la posible agresión al ARA San Juan no resultan tan descabelladas en un mundo occidental regido por una supuesta paz y la tensa calma mantenida ante las amenazas provenientes del Lejano Oriente, con el régimen norcoreano a la cabeza, lanzando misiles a diestra y siniestra, más el recelo propio entre rusos y norteamericanosque nunca dejó de ser tal desde la Guerra Fría.

Hasta que no se sepa la verdad en forma completa (y nada garantiza que eso llegue a ocurrir), persistirán otras hipótesis alejadas de las versiones oficiales, teñidas de sospechas de ocultamiento de información. Por caso, trascendió que la Armada conocía el incidente de la supuesta explosión mucho antes de darlo a conocer y se desconfía que no revele todo lo que sabe sobre el hundimiento del submarino que llevaba 44 tripulantes. El propio gobierno se quejó por quedar  en “off side” ante la tardanza en ser notificado de lo sucedido.

Las conclusiones pro-ataque no proceden de sectores opositores o ajenos al gobierno. En las propias fuerzas armadas y en hombres de la inteligencia se barajan esta clase de ideas. Incluso, algunas versiones dan cuenta de cierto malestar e incertidumbre presentes entre las filas militares, por la reacción de los altos mandos ante la tragedia.

Algunas pruebas

La jueza federal a cargo de la investigación, Marta Yáñez, reconoció que la misión del submarino desaparecido es un secreto de estado, por lo tanto confidencial. Esto echa por tierra la versión de que estaba controlando la presencia de buques pesqueros en mar argentino y abona la tarea militar o de inteligencia que habría estado realizando el ARA San Juan en el momento de su hundimiento. En declaraciones periodísticas, consultada al respecto, la magistrada dijo que no descartaba que la embarcación pudiera haber sido blanco de una agresión extranjera.

En principio, Argentina no tiene conflictos con otras naciones. Pero, desde la asunción de Mauricio Macri ha cambiado de amigos. Se corrió de la barra liderada por rusos, chinos e iraníes, para formar parte de las huestes amistosas con Estados Unidos y el resto del mundo anglosajón. El deslizamiento del eje de aliados podría haber sido decisivo en la suerte final del sumergible, que era, vale decirlo, uno de los mejores equipamientos con que contaba el país en cuanto a material bélico.

Pero, si su desaparición fue fruto de una agresión, ¿de quién o quiénes vino ese ataque? Con el correr de las horas y los días, el “enemigo” fue mutando. En el ámbito interno de las fuerzas militares, comenzó a sospecharse en principio de Chile, para luego centrar la mirada en China, que habría actuado a modo de revancha por el pesquero con bandera de ese país hundido tiempo atrás por un buque de Prefectura. Fuera de las suposiciones no se quedaron los rusos, quienes también resultaron como potenciales atacantes.

Pero, la tesis de la agresión foránea recaló en las posibles responsabilidades de Gran Bretaña y Estados Unidos, con algunas diferencias. Algunos sostienen que el gobierno argentino guarda silencio sobre estas posibilidades, mientras otros aseguran que no tiene la certeza de que eso haya ocurrido y por eso se encuentra a la espera de los resultados de los operativos de búsqueda para sacar conclusiones y tomar acciones.

Yanquis y piratas

La “culpabilidad” yanqui es barajada por el lado un desliz, mal cálculo o error en el desarrollo de tareas conjuntas no autorizadas por el Congreso nacional, como parte del plan “Cormorán”. Se trata de un proyecto de ejercicios militares con tropas extranjeras en la Patagonia, pautado por la Armada, que contó con la aprobación del Senado, pero se cayó en Diputados. Las hipótesis en este sentido sostienen que las acciones igual se habrían realizado con la anuencia del Ejecutivo, sin el consentimiento parlamentario. Pero, claro está, es solo una sospecha.

En tanto, la teoría que acusa a los británicos sostiene que el submarino fue detectado y atacado por una embarcación similar por estar navegando cerca de la zona de exclusión de las Islas Malvinas, establecida de manera unilateral por Londres. Visto así, el San Juan habría estado en una misión secreta en el límite del mar territorial argentino y cerca de un área vedada. Quienes abonan esta hipótesis, recuerdan que el submarino contaba con mayor tripulación que la habitual: buzos tácticos y uniformados de inteligencia entre sus integrantes. ¿Por qué?

A propios y extraños, llamó la atención la velocidad con que Estados Unidos y otras potencias aparecieron en escena. Rusia no se quiso quedar afuera y también hizo lo suyo. Lo que se muestra como un ejemplo de colaboración internacional, en un contexto como el relatado, obedecería a otras razones menos altruistas y mucho más interesadas.

Pero, claro, en definitiva, todo esto queda en el plano de las suposiciones. Más, cuando resulta aún difícil llegar a la verdad. Si se llegara a comprobar que la explosión en el submarino obedeció a razones domésticas, todas estas elucubraciones quedarían fuera de lugar y podrían ser tildadas como alocadas y conspirativas. Pero, mientras eso no ocurra, nadie puede descartarlas de plano. Menos en Argentina. Mucho menos en un mundo como el actual.

 

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