Cada vez más ricos, cada vez más pobres

Notas digitales

Concentración de la riqueza: la obscenidad de un mundo desigual

 

Escribe: Germán Giacchero

Que el mundo es un lugar injusto por donde se lo mire no resulta novedad alguna. Pero nunca hubo tantas evidencias juntas como ahora. La riqueza se concentra cada vez más y se sumerge en la pobreza a la mayoría de la humanidad. El boom de los multimillonarios es una inquietante muestra de la obscenidad del sistema económico que nos oprime.

 La guita de un solo tipo en todo el mundo podría acabar con la miseria económica de medio planeta al menos durante un año. Mientras media humanidad sobrevive con menos de un dólar por día y no tiene el dinero suficiente para invertir en un reloj para colocar en su muñeca, el más reciente capricho del pelado Jeff Bezos es instalar un reloj de 150 metros de alto en las montañas de Texas para medir el paso del tiempo durante los próximos 10 mil años.

No le va a alcanzar la vida para disfrutar por completo de esa creación que le costó 42 millones de dólares. Pero no lo importa. A sus 54 años, el fundador del imperio Amazon.com y el hombre más rico del globo terráqueo según la revista Forbes, amasa una fortuna extravagante e imposible para la mayoría de los mortales.

Al primer homo sapiens de la historia en disponer de un patrimonio de 12 cifras, no le alcanzaría el resto de su tiempo para contar billete por billete de los 112.000 millones de dólarescon los que mira, cómodo, desde arriba al selecto club de los multimillonarios. No hagamos la prueba de pasar a pesos esa cifra suculenta, que entra en la calculadora pero no en la cabeza: tardaríamos en reconocer el número final.

Para tener una idea: con esa cantidad en billetes de 1 dólar colocados uno al lado de otro podría dar 420 vueltas a la Tierra tapizando en verde la línea del Ecuador. Más simple: su riqueza duplica las reservas monetarias de la Argentina. Esto que suena curioso, increíble y hasta divertido si se quiere, esconde un trasfondo oscuro. Y no solo por las formas -algunas nada santas- en que los audaces lobos de las finanzas y el comercio acopian su capital.No alcanza solo con el talento; a otro lado con ese verso.

 

Alta suciedad

 

El fenómeno de los multimillonarios, del cual Bezos es hoy la principal figura, es una muestra indiscutible de las asimetrías económicas que dominan el mundo. Desigualdades que presentan condicionamientos sociales y culturales y que terminan por confirmar las injusticias que perduran por los siglos de los siglos. Pero, que hoy se muestran más crueles que nunca.

Las estadísticas y los números suelen ser fríos y jodidos. Aunque, resultan ejemplificadores. Según la Oxfam, una organización internacional que lucha contra la pobreza, en 2010 la riqueza de 43 personas alcanzaba para igualar a la del 50% de la población mundial más pobre. Esa cantidad se ha reducido a solo 8 acaudalados. “Relojito” Bezos, entre ellos, y también el magnate de la informática Bill Gates, durante años en el sitio principal del ránking. Hoy, dedicado más a la filantropía con acciones solidarias en educación sobre todo, busca devolver a la sociedad algunos millones de los que tanto le sobran.

Aunque hay algunas leves mejoras en algunos indicadores, el nivel de desigualdad causa escalofríos. Según la ONG, uno de cada tres habitantes en el planeta es pobre y lo será hasta el final de sus días. Créase o no, esa proporción se repite en nuestro país: uno de cada tres compatriotas vive en condiciones de escasez.

En su último informe, Oxfam reveló que el año pasado el 1% más rico del globo se embolsó el 82% de la riqueza producida. Mientras que 3.700 millones de personas, el 50% de la población mundial, no se benefició para nada del crecimiento. La organización efectúa sus cálculos con datos del banco suizo “CreditSuisse” y de la revista Forbes.

 

Obsceno y denigrante

 

En un año, mientras más hombres y mujeres caían en los abismos de las necesidades básicas insatisfechas, cada dos días aparecía un nuevo multimillonario, una persona que sobrepasaba en sus cuentas bancarias los mil millones de dólares.Esta ultraconcentración de la riqueza no es casual y producto del esfuerzo, el talento y el atrevimiento personal o corporativo. Se hace a sangre, fuego, sudor y lágrimas de millones de marginados, el otro perfil de este paraíso cada vez más selecto, pero a todas luces obsceno y denigrante para el resto que lo mira por TV. O ni siquiera eso.

La teoría del derrame es una vulgar mentira. El crecimiento económico solo beneficia a los más ricos y sus bondades se les niegan cada vez más a los que menos tienen. Mientras no haya decisiones políticas adecuadas y tomadas en conjunto por los países para combatir esta sideral brecha, no habrá nada por hacer. Más que esperar el lavaje de cara de los nuevos ricos de rigor en la portada de “Forbes”, mientras medio mundo se muere de hambre.

A este ritmo, ni los 10 mil años del súper-reloj de Bezos alcanzará para ver alguna vez un mundo más igualitario, justo y sin tanta opresión sobre la inmensa mayoría de esta dolorida humanidad.

 

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