Hijos del rigor: pánico por controles de tránsito

Notas

Megaoperativo vial: oportunismo, negocios, viveza criolla y psicosis colectiva

 

Desde hacía algunos días se venía preparando el terreno. Finalmente, se anunció un megaoperativo de control de tránsito en 17 puntos de la ciudad y 8 en Villa Nueva. El 12A estaba cerca. Y se desató una especie de pánico colectivo entre los conductores. Críticas a las autoridades, reclamos por el sentido del súper-control, largas colas para poner en regla lo necesario y oportunidades de negocios para algunos. Pero, el tránsito, ¿mejorará?

Escribe: Germán Giacchero

Un fantasma recorre Villa María. El fantasma del pánico a los controles de tránsito.

En la calle no se habló de otra cosa en los últimos días. Esta especie de psicosis colectiva se desató con el bombardeo mediático de la propaganda oficial y las noticias en los portales de internet que reproducían un largo testamento de los requisitos para poder circular bajo pena de retención del vehículo sorprendido in fraganti. Ni hablar del multiplicador“boca en boca” y el bullicio que metieron las redes sociales.

El “12A”, el día del inédito megaoperativo vial con más de 100 efectivos de seguridad en los cuatro puntos cardinales de Villa María y Villa Nueva, estaba a punto de explotar.

Y las postales de la decadencia social no tardaron en llegar.

Algunos desesperados incitaron a armar grupos de whatsapp para anticipar el lugar de los operativos, mientras otros posteaban fotos en Facebook de los sitios donde estaban los agentes,apelaban a la solidaridad en los grupos de compraventa por dudas sobre la inspección técnica o la documentación obligatoria, o despotricaban de lo lindo contra “los zorros”, la policía, el Intendente y todo lo que oliera a medidas de control.

No faltaron quienes lanzaban sin mala intención falsos alertas compartiendo noticias de páginas web de Uruguay o Colombia sobre el peso de la ley contra escapes libres o los cascos que no tuvieran grabado el número de patente de la moto.

Varios conductores esperaron horas y soportaron largas colas para poder realizar una postergada  revisión técnica en los dos talleres habilitados, que ampliaron su horario habitual de atención. Otros pusieron a punto los comprobantes de sus pólizas de seguro o se lanzaron a la caza de gestores, vendedores de vehículos osabelotodospara evacuar sus temores. Por si fuera poco, se contaron por decenas los que bajaron inútilmente  a sus teléfonos una aplicación que detectaba puestos policiales o radares de control de velocidad.

El miedo es un gran socio para los negocios. Y, amén de lo que puedan llegar a recaudar los organismos oficiales por las multas impuestas, hubo algunos rubros que no se hicieron la América pero la pilotearon bien: talleres mecánicos, comercios de repuestos, agencias de seguros  y hasta gestorías del automotor tuvieron un incremento de consultas y operaciones. “Evite multas. Esta semana estamos trabajando con tarjetas azules y seguros de autos y motos”, se promocionaba un gestor en las redes.

Muestras de un furioso cóctel de temor, oportunismo, negocios, viveza criolla y paranoia social.

Increíble, pero real.

Más allá de la efectividad y la utilidad de este tipo de controles al por mayor para tratar de solucionar el caos y la alta siniestralidad en el tránsito. Más allá de si se trata del montaje de una opereta aislada o de una concienzuda acción sistemática por parte de las autoridades para atender la emergencia vial. Más allá de si los operativos buscan concientizar o persiguen solo el vil fin de recaudar para la corona. Más allá de todo, los hechos relatados son pequeñas, nocivasy letales dosis del nivel de patetismo alcanzado.

Patéticos como conductores,como ciudadanos y como personas. Hijos del rigor, solo movilizados por el amenazante látigo del control policial en cualquiera de los órdenes de la vida. Transgresores de ocasión, infractores en potencia, desobedientes de las normas por convicción o por imitación.

El viejo axioma que sostenía que para conocer a una sociedad había que analizar a sus gobernantes debería hoy ser complementado con que también sería necesario observar cómo es el tránsito nuestro de cada día. Y cómo se lo intenta regular.

Mientras nada de esto cambie, las calles seguirán tapizadas con sangre y no habrá emergencia vial ni megacontroles aterradores que valgan.

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