¡¡¡Perdón, Polaco, Perdón!!!

Entre Café y Café

 

 

Crónicas urbanas

 

Por: Miguel Andreis

No han sido pocos los debates que se dieron, dan y darán, en ocasiones fuertes, sobre quién fue el cantor más grande que diera el tango en el país. Parecería que a la distancia, casi como indiscutido, aparece Carlos Gardel; el tema es definir quién ocupa el segundo plano en un contexto más contemporáneo: Julio Sosa o el Polaco Roberto Goyeneche.

El Polaco, en el porteño, lleva cierta ventaja. Aún sobre el mismo “Yorugua” de Sosa. Goyeneche es el referente de una forma de entender la vida. Representó al trasnochador.  Se sabe que él eligió la de precio más caro. No obstante, cualquiera que guste de la voz de un hombre que entretejía la luna con el sol, allí estará su nombre. Gardel y Sosa, además de ser excelentes, brillantes, sobresalientes, llevan una “ventaja”   en la más bestial  desventaja, fallecer jóvenes y en accidente. La necrología que nos nutre a los argentinos,  los ubica en lo más alto de los pedestales.

Precisamente con el Polaco sucedió  un hecho muy singular en nuestra ciudad allá en la década del sesenta. Tiempo en que el Club Unión Central lograba con sus bailes concitar una nutrida concurrencia. Paradójicamente, una de las entidades que les peleaba gran porción de asistentes, era el Vélez Sarsfield, institución que le había entregado la organización de eventos sociales (bailes, concurso de cantores  y otros números) nada menos que al inolvidable Enrique “Quique” Urani. Personaje sobresaliente si los tuvo Villa María. Un movilizador de soñadores que en su mayoría se mimetizaban con raquíticos bolsillos. Había sido él precisamente quien trajo por primera vez a la villa al “Cuarteto Leo”. Contaba el empresario que los integrantes de la comisión del Huracán no se mostraban muy alentados. La fecha que le había otorgado don Miguel Gelfo era un miércoles: “¿¡Quién va a venir a un baile un miércoles!?” “Se va a clavar don Urani..”. Manoteó unos pesos y entregó la mitad de lo que salía el alquiler. Era una jugada brava. La noche de la convocatoria, a las 11 de la noche se escuchó un estruendo. Adentro ya no cabía más gente. Quienes estaban afuera no querían perderse a Leonor Marsano con su piano (y su mano semiparalizada), ni la voz de Sosa Mendieta o el pibe que pintaba para más: Carlitos Rolán. Éxito total… Desde entonces el nombre del Quique metía respeto a cualquier organizador de este tipo de eventos que intentará salirle al cruce con una propuesta de espectáculos..

 

Los de Unión apostaron fuerte en aquel enero

 

En el Unión Central iban calentando máquinas para los grandes carnavales donde ahí sí, imponía su preeminencia. Decidieron realizar un baile de anticipación. Contrataron al mayor fraseador que diera el tango: Roberto Polaco Goyeneche con la orquesta de   Baffa-Berlingieri;  Imposible mayor garantía para el buen tango y concurrencia de público. Daba la casualidad que Urani tenía ya firmado un contrato para la misma fecha, traía nada menos a otro que rompía el acordeón. Enorme taquillero. Heraldo Bosio. Apostó al incipiente folclore del cuarteto cordobés. En algún viejo cajón descansarán las fotografías históricas de aquella pulseada.  La diferencia entre club y club no es más de 7 ú 8 cuadras. Los unionistas no podían perder esta partida. En teoría, no.

Urani con una estanciera y un carro tirado a caballo, lleno de guirnaldas, dos soles de noche, una bocina hacia delante y otras hacia atrás, salió a recorrer y publicitar al pintoresco Bossio. Quique no le temía a nadie en estas lides.  Viernes de milonga popular.

Bossio reventó el Vélez Sarsfield, casi mil personas; Goyeneche llegó a cortar nada más que 167 entradas. El acordeonista cuartetero ganó por paliza en la boletería.

Así es la vida del artista. La mayoría de los argentinos tal vez nunca escuchó hablar de Heraldo Bossio; Sin embargo, en noches de etílicos estirados,  se sigue discutiendo quién fue el más grande de todos los cantores de tangos de la historia…

Cuando escucho al Polaco, aún hoy, se  me eriza la piel…  no habrá ninguno igual. Ninguno. A veces recuerdo que en Villa María don Heraldo, desde un humilde club le ganó por paliza y me dan ganas de gritar… ¡¡Perdón Polaco… perdón!!

Deja un comentario


*