Macri &sus ministros: transparencia algo turbia

Notas

 

Acusan al titular de Hacienda, Dujovne, de evadir y blanquear 20 millones de pesos

 ¿Se puede esperar mayor transparencia en una gestión con una gran cantidad de funcionarios sospechados por actos poco santos en materia impositiva, como lavado de dinero, participación en empresas off shore, blanqueo de capitales y beneficios para grandes corporaciones multinacionales?

 

Escribe: Germán Giacchero

 

Si algo tiene para agradecerle el ministro de Finanzas Luis Caputo a su par de Hacienda Nicolás Dujovne es haberlo sacado del ojo de la tormenta mediática generada hace algunas semanas por los cuestionamientos que recibió ante las sospechas de su participación en sociedades off shore. Es decir, en empresas creadas en paraísos fiscales con la intención de evadir impuestos.

La interpelación de Caputoen el Congreso quedó para la historia por el célebre “papelito” que le envió a una legisladora de la oposición pidiéndole que “no sea mala”.El escandalete derivó en el final abrupto de la sesión y una retirada ansiada pero poco honrosa para el funcionario macrista.

La tapa de la revista Noticias de la semana pasada fue lapidaria para Dujovne. “Evadió, blanqueó y es ministro” tituló la publicación cuando informó que había ingresado 20 millones de pesos no declarados al blanqueo impulsado por el gobierno del que forma parte. Así, se desató una vorágine con más repercusión, por ahora, en las pantallas y en los diarios que en los pasillos políticos y los corredores judiciales.La polémica derivó en una tibia aclaración del ministro que arrojó más dudas que certezas.

Macri & Cía. están acostumbrados a lidiar con reveses mediáticos de este tipo. Desde la primera a la tercera o cuarta línea de funcionarios de su gestión, ya son varios los sospechados por actos poco santos en materia impositiva, como lavado de dinero, participación en empresas off shore, blanqueo de capitales y beneficios para empresarios del mismo palo.

Hasta el propio presidente estuvo imputado por lavado de activos en el marco de la investigación por los “Panamá Papers”, por aparecer en dos sociedades turbias. La causa luego fue cerrada, pero el asunto creó fisuras en el pretendido estándar de transparencia superlativa pregonado por el gobierno. “El apego absoluto a la transparencia es uno de los principales compromisos”, supo decir Macri en uno de los célebres “retiros espirituales” con su corte de ministros en Chapadmalal.

 

Transparencia que oscurece

 

Pero, el objetivo pareciera estar lejos aún de cumplirse. O la vara del “transparenciómetro” está muy alta o también resulta un eslogan vacío de los tantos utilizados por los seguidores del gurú del márketing político Jaime Durán Barba. “Hay un exceso de transparencia”, se quejó en público el ministro de Agricultura Luis Etchevehere, cuando se vio obligado a devolver el cheque por medio millón que le había otorgado en reconocimiento la Sociedad Rural, entidad que encabezó antes de sentarse a negociar del otro lado del escritorio. Al ex hombre fuerte de una de las entidades insignes de la oligarquía criolla no le gustó para nada verse obligado a devolver medio palo.

En su lucha por diferenciarse de la gestión K y alejarse del paradigma de la corrupción construido sobre la base del esfuerzo propio del kirchnerismo más algunas ayudas extras, el macrismo en el poder omitió pensar o dejó pasar de largo los “pecados de juventud” del grueso de los integrantes del gabinete. Una corte de Ceo’s que en su actividad privada procedieron de manera al menos cuestionable, al límite de lo permitido o traspasando la frontera de lo ilegal.

En cualquier país medianamente serio, tanto Caputo como Dujovne habrían sido obligados a renunciar. Pero, tienen la banca de Macri. Al igual que otros pares como Aranguren, pero a diferencia de otros pocos funcionarios menores que fueron librados a su suerte, separados del cargo o padecieron solo algún que otro tironcito de orejas presidencial.

 

Zorros en el gallinero

 

El caso de Dujovne es de antología. Días antes de asumir como ministro de Hacienda habría blanqueado 20 millones de pesos provenientes supuestamente de la evasión impositiva. Hasta entonces, daba cátedra por TV de buenas prácticas financieras. Unos pocos meses después anunciaba que el blanqueo lanzado por el gobierno había sido un éxito. Paradojas del destino, lo hacía desde el cargo desde el cual debe combatir la evasión impositiva e impulsar una mejora en la recaudación tributaria.

“No es delito” suele ser el argumento más repetido desde las oficinas de la Casa Rosada. El blanqueo de fondos sirve precisamente para eso, para dejar de tener en negro millones en el exterior, en paraísos fiscales, en cajas de seguridad o en los colchones. No es un delito, claro; sí lo es la evasión previa. Si la práctica de Dujovne no fue ilegal, al menos es cuestionable desde la ética y la moral de un funcionario público, que tiene una mayor responsabilidad social que cualquier ciudadano común.

En materia de transparencia, algo comienza a enturbiarse. La evasión también es corrupción. O si se la quiere presentar con un matiz diferente en contraposición a la matriz corrupta de la era kirchnerista, vale decir que en el mundo el daño de la evasión en la economía es mayor que el producido por la corrupción.

Según publicó la revista “Noticias”, “el Fondo Monetario Internacional (FMI) calcula que las prácticas corruptas amasan casi el 2% del PBI global, mientras quela red internacional TaxJustice Network estima que la defraudación impositiva se lleva el 5,1%. Con lo que se evade del impuesto a las ganancias en la Argentina podrían construirse 700 hospitales por año”.

Se dice que este gobierno de antiguos Ceo´s de multinacionales que tienen el 43% de su patrimonioen el extranjero no necesita robar. Hombres de negocios al fin conocen que las oportunidades hay que aprovecharlas. Aunque hoy deban esforzarse en controlar a las mismas corporaciones que ayer les daban empleo y para las cuales hacían lobby ante los gobierno de turno.

Poner a un zorro a cuidar el gallinero como mínimo resulta sospechoso. Y bastante peligroso si dejan la puerta abierta.

 

 

 

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