El pombero: una sombra en la noche del litoral

Notas

Mucho se ha hablado de diferentes personajes que aparecen en medio del monte, campo o selva. Hoy tomamos y narramos la historia de éste personaje mitológico que puede ser amigo u enemigo.

 

Escribe:

Daniel Rodríguez

 

Con su sombrero abierto hacia el sol como una margarita, allí va el viejo pescador a la orilla de un río espumoso (tal vez el Uruguay). Va en silencio, sigilosamente, sin querer llamar la atención. Obviamente no debe silbar, no tiene que pronunciar “su nombre”, tiene prohibido hablar en voz alta en las profundas horas de la noche misionera.

El sol se ha hundido como una explosión lila lejos de la chacra y el paisano hace un tiempo atrás le pidió al Pombero que le guíe el camino para encontrar las presas más grandotas, más gordas. Le pidió poder pescar un dorado, aquellos tigres del mar. Pez que tuvo en sus manos y ahora, con los ojos llenos de muerte, es un pescado más en el fondo de la barcaza.

Es el día doce de los treinta que deberá cumplir la misma ofrenda. Es que así se tiene que hacer – no hay escapatoria-. No debe olvidarse de la miel, del tabaco y del aguardiente (que es lo que consume éste ser mitológico que habita gran parte del litoral argentino).  “No deberás hablar mal de él jamás” me dice una viejita en voz baja. “Tampoco debes pronunciar su nombre en alto o silbar”. Sí. No se tiene que emitir ningún sonido similar al que él hace. El pombero se comunica con un silbido muy particular que puede ser reconocidos por los que ya peinan canas.

Un poco de historia

Esta especie de duende o espíritu de la mitología guaraní se presenta en diferentes zonas de la región y muchos hablan de un ser petiso, con forma humana, que habla y que está repleto de pelos (como si fuera un mono). Conocido como Pÿrague (Pies peludos), Karaí Pyhare (Señor de la noche), Cho Pombé (Don Pombero en guaraní) o simplemente como Pomberito, éste ente representa un gran mito peligroso que recorre todo el caserío y que amenaza con volver loco o quitarle el habla a quien se atreva a no obedecer sus preceptos. Por eso la siesta siempre fue “siesta”. Por eso las calles hondas de tierra colorada se veían tan vacías cerca de la triple frontera.

“No salgás afuera a la hora de la siesta m’ijo” dicen las madres. Es que podrían encontrarse con él y ser raptado para nunca más volver.

Obviamente que existe una dicotomía respecto a su forma de actuar. Él puede ser amigo o enemigo, dependiendo de cómo te comportes y el respeto que le tengas. O por lo menos, eso aseguran los mensú que llevan kilos y kilos de yerba mate en sus espaldas mientras oyen el ¡Neike! (¡Vamos!) de su patrón.

¿Amigo u enemigo?

Si tenés el mal tino de tenerlo en tu contra, estás expuesto a grandes peligros dentro de la selva o el bosque. Hablamos de sufrir engaños hasta perderte en la espesura de los montes. También puede meterse en el rancho y generar grandes accidentes como un incendio – algunos hablan de cosas que se caen solas-, pasos que se oyen en la noche o una voz “zetoza” murmurando algo que no se entiende por el patio. Sí. Cuando sólo los grillos cantan, ahí está él, con su habla resonando.

En cambio, teniendo su amistad a merced se pueden obtener grandes ventajas. Ya hablamos y dijimos que los cazadores o pescadores pueden ser guiados hacia dónde hay mejores presas, buena pesca e inclusive los mejores frutos silvestres para una persona extraviada entre el verdolaga misionero.

¿Está o no está?

“Muchas personas afirman haberlo visto”, me comenta Míriam – habitante de corrientes en los 70 pero hoy en nuestra Córdoba profunda – mientras se rasca la cabeza. Tirando piedras desde algún lugar, haciéndose invisible para luego mover las ramas de los árboles. Muchos afirman que un solo roce puede dejarlo a uno mudo, “zonzo”  o con temblores por el resto de su vida.

Hay casos también en dónde se lo ha divisado en cercanía de embarazadas (cree que es padre de del fruto de su vientre) y se enoja muchísimo cuando el cazador mata muchísimo más de lo que podría consumir.

Otras versiones dicen que también pía (como los pájaros), atrayendo a niños más pequeños e ingenuos de la familia. Puede aparecer como un burro sin cabeza y, si se le imita el silbido, ensordecer a todos en medio de la siesta con un sonido insoportable. Abriendo puertas y ventanas con violencia, atacando a bebés no bautizados, encontrando objetos perdidos o perdiendo objetos también.

Mil son las aristas que tiene éste ser que no debe ser nombrado si no es para pedir u agradecer. Y ojo con querer enfrentarlo. Tal vez no te ataque, pero te pierdas en el monte al querer atraparlo. No sólo no lograrás tenerlo en tus redes sino que al día siguiente tu perro o tu gato serán sólo un buen recuerdo (marca con ellos su venganza).

Origen de su nombre

Algunas versiones afirman que su nombre proviene de Pombeiro, nombre que recibía el que espía en el sur de Brasil. Igualmente, los aborígenes guaraníes afirman que podría ser otro aborigen que los desea atacar. En tanto, también podría derivar de “Po mberú” que significa “mano de mosca” por lo imperceptible y silencioso de su trabajo en la oscuridad nocturna; cuando todo parece un pozo de sombras.

Silencio, por favor.

 

 

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