LO “ATAMO” CON ALAMBRE…AVENTUREROS DEL AIRE

Notas

 

Por: José Naselli (Ex tribuno- vecino)

DE VACACIONES. Enero de 1982. Hacía varios años que mi familia cultivaba una estrecha y cálida amistad con la familia del Ingeniero Civil Ezio Mandrile, destacado profesional de Villa María, a quien hace un tiempo, Dios lo llamó a su lado. Ezio era padre de 4 hijas, y las dos mayores, en plena adolescencia, eran compañeras de mis dos hijas, en los primeros años del secundario. Fue para entonces que las dos familias, decidieron aprovechar las vacaciones, para conocer la Patagonia Argentina. Sin planes definidos, salimos hacia el sur, en automóvil. Primera etapa: Las Grutas, Provincia de Río Negro. Las dos familias congeniaban notablemente, y quienes quizás sacaban más provecho del paseo eran las seis entonces infantas. Todo alegría y felicidad. De allí continuamos hasta Puerto Madryn y las pobladas pingüineras de la Península de Valdés. Luego recalamos en Comodoro Rivadavia. Para entonces se había instalado la idea de continuar hasta el extremo sur, pero conmás de 1.500 kilómetros recorridos, y otros tantos por delante, decidimos explorar otra alternativa. Una agencia de viajes nos propuso un “tour” promocional: viajar por Aerolíneas hasta Río Gallegos. Allí abordar un avión turbo hélice Fokker 27 con capacidad para 28 pasajeros, que haría un recorrido triangular: Gallegos – Usuahia – Glaciar Perito Moreno y vuelta a Gallegos. LosFokker y sus pilotos eran operados por la Fuerza Aérea Argentina. (L.A.D.E.)

COLGADOS DE UN MOTOR. Partimos de Gallegos con las mejores expectativas. Ezio, ambas mujeres y las 6 niñas se ubicaron en la fila de la derecha. Yo sobre la izquierda. El tiempo era perfecto. Cielo azul, ni una nube. Promediando el vuelo, alguien que viajaba delante, se da vuelta y me dice en voz baja: -Se ha parado un motor-. Y así pude observar a través de las ventanillas delanteras algo que me congeló el alma. El motor de la derecha giraba normalmente. El de la izquierda mostraba tres aspas inmóviles. Traté de pensar rápidamente. Había leído por allí que un avión bimotor podía volar perfectamente con sólo uno de sus motores. Pero mi compañero de asiento, me destruyó la confianza cuando comenzó a repetir, como una letanía: “Ay Dios mío”. El mismo pasajero que había advertido la falla, nos recomienda: -No digan nada, para que la gente no se asuste-. Pero en lo que a mí respecta, ya había comenzado a rezar a todos los santos del cielo, y a prometer que, si salía de esa, me portaría bien para el resto de mis días. En un momento dado, se abre la puerta que daba a la cabina de pilotaje, y aparece un individuo ataviado como mecánico, que va recorriendo las ventanillas observando el motor apagado. Cuando pasa a mi lado, le susurro: – Se paró un motor-. A lo que me contesta: -No se paró. Lo paramos-.Luego de unos 20 minutos, y unas 100 avemarías y padrenuestros, el avión aterrizó en Usuahia suavemente, como una mariposa. Nadie más se había apercibido de nada. Pero al descender las escaleras, camiones de bomberos y ambulancias nos rodeaban. Es allí cuando decidí contarle a Ezio que habíamos llegado con un solo motor. Instantes después aparecen los dos pilotos vestidos con el uniforme de la FAA. Ezio detiene a uno de ellos, y en tono recriminatorio demanda explicaciones. El piloto, a su vez pregunta:¿Vd. no tiene auto? ¿Nunca se le paró el motor? Y con olímpico desprecio siguió su camino. Luego nos enteramos de que el avión había sido declarado “en emergencia”. Durante los 3 días de maravilla que pasamos en esa hermosa ciudad, fueron muchos los que nos preguntaban: ¿Ustedes venían en el avión en “emergencia”?

SOBRE LLOVIDO… El recorrido de Usuahia a Calafate fue normal. Los pilotos nos invitaron a pasar a la cabina donde disfrutamos por unos minutos de un paisaje excepcional. El ambiente era risueño y distendido y hasta nos convidaron con mate. Luego, el conmovedor espectáculo de los hielos desprendidos del majestuoso glaciar terminó por alejar los fantasmas de la pasada “emergencia” Al día siguiente muy temprano subimos nuevamente a uno de los Fokker para cerrar el periplo en Gallegos. Esta vez me había ubicado al lado de mi esposa. Rugen los motores, el avión comienza el carreteo, y cuando estábamos a cierta velocidad (quizás unos cien kilómetros por hora) se siente un ruido espantoso, mientras el aparato se sacude tanto en forma vertical como horizontal. En ese instante mi señora, alarmada, me pregunta – ¿Qué pasa? – Es cuando, con la sangre fría de un Rambo, le contesto -nada, nada, seguramente agarramos un bache- Mientras, el aparato se había detenido, y notaba que ya no estábamos nivelados, sino con la nariz del avión hacia abajo. Silencio total. Pasaban minutos que parecieron horas, Por las ventanillas de la izquierda veo un grupo de gente corriendo hacia nosotros a campo traviesa. Hasta que se abre la puerta que da a la cabina, aparece un oficial aviador con la gorra en la mano, empapado de sudor, con una gran sonrisa falsa pintada en su rostro, que nos anuncia. –Señores, un pequeño percance. Como les sucede a los autos, le sucede al avión. Hemos pinchado una goma- Al rato llegaron los que venían del hangar, abren la puerta trasera y descendemos. Entonces advierto que el tren de aterrizaje delantero ya no existía. La “panza” del avión estaba montada directamente sobre la tierra, y restos de hierro retorcido se veían por doquier. En ese momento atiné a sacar dos o tres fotos, que deben estar guardadas por allí.

Y ASÍ FUIMOS A MALVINAS.Dejo para otra oportunidad relatarles las penurias del retorno por tierra, ya que la pista había quedado bloqueada. Tres meses después, esos mismos aviones y esos mismos pilotos serían protagonistas de la batalla de Malvinas. A la luz de esta inimaginable experiencia, de dos familias coqueteando con la muerte misma, me he preguntado lo siguiente: ¿PUEDE SÓLO EL HEROÍSMO, COMPENSAR LA ESTUPIDEZ HUMANA?

 

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