La mejor receta: propinas & changas

Notas

No será un invierno fácil. A las gélidas temperaturas de rigor se suma un contexto nada favorable. Un dólar desbocado, una inflación descontrolada, los tarifazos en luz, naftas y gas y los salarios demacrados. Ni el Mundial ayudó a calefaccionar los ánimos. Menos, los desalentadores pronósticos y las lecciones de política económica de Carrió.

 

Ay, Lilita.

Socia vitalicia de los exabruptos de toda clase y reina consorte de los desbocados en épocas cuando el sillón de Rivadavia hospedaba las caderas de Cristina Fernández y algunos traspiés verbales se transmitían por cadena nacional.

Dos mujeres intensas y apasionadas, hasta en sus desatinos discursivos. Como cuando la expresidenta sugirió, divertida, comer carne de cerdo porque mejoraba “la actividad sexual”. O como la vez que Lilita Carrió pidió, algo risueña también,”Mátenlo a Durán Barba, tienen mi aval”.

Lilita, la que no cierra la jeta por nada, la que no le tiembla la voz para arrojar una ráfaga de flechas incendiarias contra el presidente de la Corte Suprema, el mismo presidente de la Nación o quien se le cante, es la misma que alguna vez aseguró que su límite moral, ético y político era Macri.

Pero, claro, algunos arrebatos verbales pueden resultar verdaderamente reveladores. Como hace unos días, autoproclamada vocera no oficial del gobierno y en un acto de honestidad brutal, desenmascaró la mejor receta de la gestión macrista para los pobres en tiempos de crisis.

Propinas y changas de la clase media y media-alta para pasar el invierno. “Hay más de dos o tres millones de personas que viven de esas changas”, argumentó en TV para seguir justificando el ajuste y los desaciertos de la errática política económica del gobierno nacional.

Y cuando quiso aclarar los nubarrones, tuvo otro acto fallido. “Es necesario mantener propinas y coimas”, descerrajó ante sus pares en el Congreso.

 

No sabe, no contesta

 

Sí, sí.Actos de caridad, limosnas y dádivas de la gente como todo recurso porque el gobierno no sabe, no puede o no quiere una mejor redistribución de la riqueza.

No sabe, porque la “lluvia de inversiones” nunca llegó a ser siquiera un chaparrón pasajero y la inflación nunca hizo la dieta de las pretensiones oficiales.

No puede, porque el mercado ya le demostró con las convulsiones del dólar quién manda yque no alcanza con los posgrados en Harvard o pasantías jerárquicas en Shell del círculo de Ceos ministeriales, que se suponían iban a ser buenos administradores. No unos profesionales en el arte de la improvisación.

No quiere, porque desde el comienzo de la gestión las señales siempre fueron para el otro lado. Un franeleo para grandes empresas agropecuarias, mineras y financierascon baja de impuestos y otras ventajas, pero un lonjazo por la espalda contra los sectores más desprotegidos.

Sin ir más lejos, mientras Lilitadaba lecciones de cómo reactivar la economía a golpe de changas y propinas, el presidente Macri reforzaba su alianza con las entidades del campo con la promesa de continuar sin problemas con la baja en las retenciones. Cuando todos saben que fue uno de los sectores más beneficiados con la megadevaluación del peso.

Mientras esto ocurre, el gobierno desempaca el artilugio de siempre: la culpa la tiene el otro. Los gobiernos anteriores, por la pesada herencia; el santo mercado, por la crisis financiera; los terribles consumidores que malgastan y no ahorran, por la crisis energética; los miserables que no dan trabajo ni propinas, por la crisis económica; los pobres, por ser más pobres; los ricos, por ser más ricos.

¿No debería ocuparse el gobierno de mejorar la situación de las millones de personas en esa condición? Claro que sí, pero…

En fin, el Rey y su corte están desnudos.

Lilita, tan bocona como siempre, aunque con un dejo cínico esta vez, no hizo más que recordárnoslo.

 

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