Será justicia: el femicidio de Brenda

Notas

 

Emanuel “Manuco” Retamar fue condenado a prisión perpetua por el abuso sexual y femicidio de Brenda Arnoletto. La crónica del dolor de un pueblo que aún permanece perplejo.

Escribe: Daniel Rodríguez

 “Se hizo justicia […] no va a tocar a nadie más” dice Mario Arnoletto tras haber escuchado la sentencia que lo enviaba Emanuel Heraclio Retamar (38) a la reclusión perpetua con declaración de reincidencia. Ahora, entre las sombras, “Manuco” como también lo llamaban, pasará gran parte del resto de sus días tras los gruesos muros de la cárcel de Bower.

Hace un poco más de un año la localidad de Pozo del Molle se encontraba sacudida por un caso que quedaría marcado a fuego en cada uno de los vecinos: la joven Brenda Arnoletto (24) era encontrada sin vida en el interior de una obra en construcción ubicada a pocos metros de la esquina de Belgrano y Tucumán.

Ella, que había salido a caminar, volvía sola y fue interceptada en el camino por el ahora condenado. Algunos afirman que el homicida salió de atrás de un árbol y, tras trabarse en lucha con la muchacha, la arrastró hasta una obra en construcción cercana para terminar cometiendo lo peor. Primero abusó sexualmente de ella y terminó asfixiándola.  Tan atroz como se lee.

El hombre era un trabajador “golondrina” que había llegado de la localidad de Calchaquí, en la provincia de Santa Fe y ya contaba con un frondoso sumario de antecedentes (un intento de hurto se sumaba a que  había cumplido hasta una pena por otro abuso sexual).

Los hechos

La noche del 28 de noviembre lo encontraba a él sentado en un Carribar que está en pleno centro de la ciudad; al lado del “veredón” que muchos ocupan para salir a caminar, tal como lo hacía Brenda. Él, según afirmaron algunos testigos, “miraba de arriba abajo a todas las mujeres” y algo parecido había hecho con la muchacha. Otros testigos afirmaron que lo vieron también bastante nervioso, deambulando por la terminal del pueblo y también por la zona ferroviaria.

Había sacado el boleto para un colectivo que lo llevara al campo dónde se encontraba haciendo sus labores de jornalero (ubicado sobre Ruta 158, entre Pozo del Molle y Las Varillas) pero se apresuró a pedirle a un camionero que lo aventara hasta esa zona; “Dijo que estaba apurado porque tenía que hacer el tambo” dijo otra voz asociada al hecho.

Finalmente, al día siguiente, el cuerpo de Brenda sería hallado ya sin vida durante las primeras horas de la mañana. Una mamá que llevaba a su hijo a la escuela General San Martín – ubicada en diagonal al fatídico lugar – se dio con el macabro hallazgo. Allí fue donde algunos cabos comenzaron a atarse y la oscuridad comenzaba a caer como un vidrio roto sobre la humanidad de “Manuco”. Los padres, en tanto, ya habían hecho la denuncia pidiendo su paradero.

El Fiscal René Bossio fue el encargado de tomarle declaración al hombre. Primero se planteó toda la situación como a un testigo o posible sospechoso, pero – a la postre – el santafesino terminaría confesando su culpabilidad. “Me mandé un cagadón…” dijo.

El pueblo era un hervidero: se llevaron adelante marchas. Una multitud se había agolpado frente a la comisaría dónde Retamar era trasladado ridículamente con un uniforme policial. Nadie podía creer que la joven ya no sería vista nuevamente. Ella, que profesaba la fe cristiana congregándose con los Testigos de Jehová (una rama del cristianismo identificada por los buenos modales, la ética, la moral y el sacrificado vivir) hoy no era más que un recuerdo a cada paso.  Un dolor inmenso que se replicó en cada medio nacional y en cada persona que tuviera sangre en las venas: sangre que no tuvo el autor culpable.

 

La sentencia

Finalmente, el pasado miércoles a las 10 de la mañana, la familia escuchó los alegatos del Fiscal Francisco Márquez y de la asesora letrada Silvina Muñoz, co-defensora de Retamar.

Un par de horas más tarde – casi a las 16- Gabriela Sanz leyó la sentencia: declarar por unanimidad a Emanuel Heraclio Retamar autor responsable de los delitos de “abuso sexual con acceso carnal” y “homicidio calificado” con violencia de género y criminis causa (cometer un delito para ocultar otro) imponiéndole la condena de prisión perpetua con declaración de reincidencia (no obtendrá el beneficio de libertad condicional).

Es que, a pesar de la negativa del acusado, las pruebas de ADN fueron determinantes para poder desenmascarar a la bestia escondida detrás de ese silencio de cordero.

Será justicia.

 

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