“Tito” y Ernestina un oculto y desesperado amor…

Notas

Tía y sobrino, los dueños del “Luna Park”

Él era un tipo alto (1,82), rostro bien parecido y una sonrisa de chico travieso. De hablar pausado y de amabilidad a flor de piel. Difícilmente las mujeres no se encantarán con Tito. Tuve la oportunidad de conocerlo por un encargue del Negro Alcides Rivera. Esa noche en Villa María peleaba Gustavo Ballas en el Anfi  después de haber ganado el título  mundial de los supermosca. Partimos a Córdoba con el “Colorado” Cesar  Hernández en un 125 que nos llevamos sin permiso. Era casi imposible llegar a Pajas Blancas. Una  interminable cortina de agua que rebotaba contra el parabrisas nos volvía ciegos. Extendió su enorme mano y con su particular voz sentenció… “Si esto sigue no va a ser fácil el viaje”. Nos tomó del hombro y partimos hacia el automóvil… (copete)

 

Escribe: Miguel Andreis

Tito Lectoure era uno de los personajes más conocidos del país. Más codiciado por el sexo opuesto.  Ingresar a laescrupulosa  narración que hace el periodista Cherquis Bialo,  uno de sus cuatro o cinco más amigos  íntimos, es como  recorrer el más visceral y hondo de los sentimientos que se pueden despertar dos personas. Fue Cherquis quien se atrevió a narrar ese extraño y recóndito amor que tuvo el promotor con su tía Ernestina Devecchi Lectoure.  Los dueños del emblemático Luna Park

Las descripciones  son  una telaraña atrapante. Biale entinta el papel contando la minuciosidad de los latidos silenciados. La bella dama había sido cuñada del padre de Tito…

En el velatorio de  Gardel

“Ese día de fines de junio de 1935, en que se velaba a Gardel, uno de los dueños del Luna Park, José “Pepe” Lectoure, fue a tomar algo y quedó seducido por la joven de facciones florentinas…La multitud desfila respetuosamente ante el féretro del zorzal. El pueblo se acerca para despedir al mito que acaba de nacer.En el número 11 de la Avenida Corrientes, como parte del estadio casi terminado, funciona el único negocito alquilado por 90 pesos mensuales. Allí un matrimonio italiano, inmigrantes de entre guerras, ofrece comidas a precios accesibles. Por ejemplo, crean el popular choripán, plato preferido por los obreros que construyen el Luna, de los empleados del Correo Central y de los automovilistas que por entonces –los años ’30- podían estacionar junto a la vereda.Una de las hijas de 17 años, alta, bella, de sonrisa austera y un paso lento, que hace más cadencioso el particular movimiento de sus armoniosas caderas, sirve las mesas. Pepe ya tenía 38 años. Había sido boxeador, empresario, director técnico y manager de boxeadores como Justo Suárez, el “gran ídolo de la afición”, entre otros. A él refiere Julio Cortázar en su célebre cuento “El Torito”, cuando habla del “Patrón”. Pepe Lectoure era socio de Ismael Pace.  Desde la calle Rivera se fueron a Corrientes 1065, entre Carlos Pellegrini y Cerrito. Más tarde  recalarían  en una zona marginal de la ciudad, llena de piringundines, marineros y malvivientes. Se trataba de la manzana comprendida por Corrientes, Madero, Lavalle y Bouchard. Terrenos del Ferrocarril.

Pepe pide la mano de Ernestina a Pace. Se casan. Más tarde una de las dueñas del Luna. El hombre luego de padecer enfermedades venéreas muere 10 años después, ciegos, en 1950  Su socio, Ismael Pace, falleció seis años más tarde  en un accidente automovilístico.

Quedan al frente del Estadio dos viudas Sofía Pace  y Ernestina de Lectoure…

Siempre en la narración de Cherquis Bialo, un sobrino  de Ernestina,  Tito,  fue convocado para  trabajar en el lugar. Amaba el boxeo y seguía entrenándose en el Club de Gimnasia y Esgrima.  Pasó por todos los lugares desde donde se moviliza el estadio. Absolutamente todos. Ernestina,  había revertido el control societario comprándole una parte a Sofía, lo puso como matchmaker”.

“Tito se convierte en  el promotor más joven del mundo. Tenía 22 años. El  Luna Park, una liturgia incorporada a la porteñidad. Por cierto, cada una de sus decisiones debía contar con la aprobación de  Ernestina”.

Tenía un poco menos de 40 y él un poco más de 22

 

“El romance entre la tía y su sobrino fue clandestino. Dulcemente secreto. Austeramente vivido. Mínimamente disfrutado. Nadie supo nunca cómo nació.  Sólo la familia y no más de cinco o seis amigos lo pudimos compartir, y después de algunos años. Cuando se enamoraron, ella era parecida a Ingrid Bergman, pero más bella aún. Tenía un poco menos de 40 y él un poco más de 22. Ernestina jamás dio un reportaje y trataba de no ser vista. Solo hablaba y muy poco, amablemente,   con los boxeadores como  Horacio Accavallo, Ringo Bonavena, Nicolino Locche y Carlos Monzón, y en su despacho. En cambio, sin periodistas ni fotógrafos, disfrutó mucho de largas charlas con Mikhail Baryshnikov, Julio Bocca, Maia Plissetskaia, Paloma Herrera, Frank Sinatra, Luciano Pavarotti, Eleonora Cassano, José Carreras…”

Amor que se dio entre los ’60 y finales de los ’80.

“Ernestina y Tito se veían todos los días en el Luna Park. Él llegaba en taxi bien temprano en la mañana y Ernestina en su Mercedes Benz, alrededor de las 14 horas. Y también los domingos. Cerca de las 18 horas se reunían en la amplia oficina de la señora, presidida por un Quinquela Martín legítimo y autografiado. Era uno de los pocos momentos de soledad absoluta. Obviamente la familia sospechaba o sabía.  Amor que se dio entre los ’60 y finales de los ’80.Ernestina, o “la Señora”,se ocupaba de los negocios. Inteligente, intuitiva, gran negociadora. No es exagerado calcular que llegó a tener más de cincuenta propiedades alquiladas en los mejores lugares de Buenos Aires”.

 

“Dueña de una quinta en Pilar. A Tito le permitía desarrollar su pasión, el boxeo. Esto lo obligaba a viajar con los boxeadores. Era el momento en que Ernestina desconfiaba de él. Y no le faltaba razón… En el resto del mundo, Tito era distinto, se distendía y se permitía vivir sin sentirse observado. Se sentía particularmente libre. Cenar, ir a tomar una copa, escuchar música en algún lugar, amanecer compartiendo otro idioma. Tito tenía demasiada pinta para evitar ser seducido. Y la verdad es que él no “oponía una gran resistencia”, como sí lo hacía en Buenos Aires.Después de esos viajes estaba  el infaltable y cotidiano llamado a Buenos Aires. Si alguno de nosotros se hallaba presente en la habitación del hotel, el código de comunicación era “y por allí como anda todo señora…?”. Si en cambio se hallaba solo, o creía estarlo, el saludo se modificaba sustancialmente: “¿cómo estás querida…?” .

Los invisibles

“Juntos compartieron muy pocas cosas públicamente: cines de Lavalle, algún sábado desde las 13 horas, un viaje a Montecarlo para la despedida de Monzón contra Valdez en el ’76 y otro a Sudáfrica en el ’79…  Nunca tomaron vacaciones juntos ni se lo permitieron, siquiera cuando Ernestina iba a visitar anualmente a su familia en la región de la Toscana de Italia. La única foto compartida, en la cual se los puede ver juntos y posando, fue en oportunidad de celebrarse los 50 años del show Holiday On Ice. Luego hay otra en la cual se los advierte emocionados, uno al lado del otro. Esto ocurrió en Abril de 1987 durante la visita del Papa Juan Pablo II a la Argentina, que los bendijo”.

Tito siempre habló con orgullo sobre su tía. Valoraba su inteligencia, su capacidad negociadora, su filantropía. Siempre en silencio las acciones solidarias. Ernestina hacia operar por lo menos a un niño ciego por año cuando estas cirugías eran costosas (década del 60). Muchas se realizaban en el exterior. Hacer operar a un niño ciego podría interpretarse como un homenaje a su esposo, Pepe  que murió ciego en julio del ’50”.

El deterioro

“La salud de Tito comenzó a deteriorarse a mitad de los ’90. Según lo conversamos varias veces con el doctor Roberto Paladino, otro de los cuatro seres vivos no pertenecientes a la familia que podemos contar la mayor parte de esta historia, se trataba de un organismo viejo y deteriorado en un cuerpo joven. Padecía de aterosclerosis. Arterias obstruidas y una insuficiencia en las coronarias”.

“En sus múltiples internaciones, Ernestina rompió el cerco de la discreción y permitió ser vista por quien lo fuera a visitar haciéndole compañía y cuidándolo con desvelo. Un inequívoco acto de amor”.

 

Arrastraba los pies al caminar y un corazón débil.  Tito vivió uno de sus días más felices al ser el primer promotor de boxeo en ingresar al Hall de la Fama en Canastota, estado de Nueva York. Llegar en ese estado de salud fue un verdadero esfuerzo.

“La enfermedad, su necesaria y rigurosa recuperación asistida por médicos, kinesiólogos y fisiatras, fue la razón más admitida familiar y socialmente para que Ernestina y Tito vivan juntos en el piso de la Avenida Del Libertador sin diatribas, ni culpas.Se acompañaron y estuvieron todo el tiempo juntos en el padecimiento y la decrepitud. Momento en que los sueños se alejan y la esperanza ya no es disfrutar si no vivir un poco más, apenas eso, vivir un poco más”.

La despedida

Cuando murió Tito, el 1 de marzo de 2002 a los 66 años, Ernestina comenzó a ver su propio eclipse. Todo lo que le quedaba a ella se iba con él, sin que el mundo supiera sobre cuánto se amaban y que universo debieron inventar para disfrutarlo.Ernestina, postrada, en silla de ruedas víctima del Alzheimer, se fue físicamente el 9 de Febrero de 2013 a los 95 años.Antes de morir había dejado en su testamento el 95 por ciento del Luna Park para la Sociedad Salesiana de San Juan Bosco y Cáritas Argentina, representada por el Arzobispado de Buenos Aires. Y el 5 por ciento restante para la familia de su sobrino Juan Carlos “Tito” Lectoure.Los duendes de ese amor oculto y reprimido deambulan por el espacio inmenso del majestuoso estadio. Están en cada rincón donde una dama que se llamó Ernestina y el “soltero más codiciado” de Buenos Aires no pudieron decir cuánto se amaban”

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