Rescates milagrosos: historias de fe, valentía y esperanza

Notas

Heroicos escapes: desde la tragedia de los Andes a las cuevas de Tailandia

 

Los 12 niños y su entrenador sepultados durante dos semanas en una extensa y amenazante cueva en la selva tailandesa. Los 16 sobrevivientes de la tragedia de los Andes que vivieron para contarla tras comer la carne de sus compañeros muertos. Los 33 mineros chilenos que salieron encapsulados a la superficie tras permanecer 72 días en las entrañas de la cordillera. Son tres casos paradigmáticos de rescates que tuvieron finales felices. Un epílogo donde se fusionan la fuerza de la fe, la resistencia humana y las bondades de la ciencia. Aunque la sensación de un milagro sobrevuele todo el tiempo en cada uno de estos sucesos que pudieron terminar en la peor tragedia.

 

Escribe: Germán Giacchero

“La esperanza es un arma poderosa incluso cuando todo lo demás está perdido”

(Nelson Mandela)

 

Un trozo de papel, algo de tinta o lo que hubiera a mano y unas pocas palabras. Con eso alcanzaba para el milagro. O, al menos para que no se apagara la esperanza. Ni de los que estaban hundidos en el lodo de la cueva de ThamLuang, ni de los que naufragaron en el océano de hielos eternos de los Andes, ni de los que se hallaban cerca de encontrar su tumba en la mina San José, tan cerca del cielo como del centro de la Tierra.

 

-¿Cuántos son?

-¡Trece!

-¡Están todos vivos!

Dos buzos ingleses hallaron por fin a los niños tailandeses el 6 de julio, tras varios días de búsqueda. El hallazgo de los Jabalíes Salvajes con vida conmocionó al mundo a través de un video grabado en medio de la oscuridad y difundido por internet.

Desde ese momento, los integrantes del equipo de fútbol infantil se comunicaron con sus papás a la usanza antigua: con cartas escritas de puño y letra. No solo les decían que los querían y que no se preocuparan, también les pedían lo que deseaban comer cuando salieran a la luz. El entrenador pidió disculpas y solo recibió muestras de cariño y agradecimiento. Nada de críticas.

Pero, aún restaba la tarea más ardua: sacarlos con vida de esa trampa mortal.

 

“Estamos bien en el refugio los 33”. El mensaje escrito con lápiz rojo sobre un pedazo de papel blanco, luego atado al tubo de una sonda, le devolvió la esperanza a Chile y al planeta entero. José Ojeda fue el autor de ese texto el 22 de agosto de 2010, 17 días después del colapso del yacimiento donde trabajaba.

José fue el séptimo minero en ser rescatado tras vivir una odisea en las profundidades de la montaña. Pero, desde ese día tuvo que pasar 53 jornadas más de angustia, incertidumbre y temor, antes del heroico escape y el reencuentro con sus familiares. Pero, nunca pudo recuperar su vida habitual. Su cabeza le juega una mala pasada desde entonces, tanto que tuvo que ser internado el año pasado para realizar un tratamiento psiquiátrico.

 

“Vengo de un avión que cayó en las montañas. Soy uruguayo. En el avión quedan 14 personas heridas.¿Cuándo nos van a buscar arriba?”. La letra titubeante de Fernando “Nando” Parrado, uno de los jóvenes rugbiers que sobrevivió 72 días entre la nieve perpetua y el frío lacerante de la cordillera de los Andes, llegó a manos de un arriero analfabeto.Con toda prisa recurrió a las autoridades, que incrédulas organizaron las tareas de rescate. Junto con Roberto Canessa, tras 10 días de extenuantes caminatas para buscar la salvación, desorientados en medio de la nada blanca, lograron cruzar por encima de un río el mensaje en un papel atado a una piedra. Fue el principio de una nueva vida. Se salvarían 16 de los 45 pasajeros del avión de la fuerza aérea, la mayoría miembros del  equipo de rugby del club de exalumnos del Colegio Stella Maris de Montevideo.

 

Casos emblemáticos

Junto con el rescate de los niños tailandeses por su cercanía en el tiempo y la magnitud del esfuerzo realizado, el Milagro de los Andes en 1972 y el rescate de los mineros en el norte chileno en 2010, ambos casi coincidentes en la cantidad de días que se prolongaron, forman parte de los sucesos más recordados por la humanidad.

Por supuesto, hay otros hechos semejantes, pero en estos se conjugan algunos ingredientes esenciales: la fuerza de la fe religiosa, la resistencia y valentía de los hombres, más el aporte de los avances de la ciencia para contribuir con el éxito del rescate. Todo eso, más una alta dosis de azar o buena fortuna para que el universo conspirara a favor del resultado final. Sin esos elementos, quizás no pueda explicarse de forma completa el “milagro” producido en todos esos casos, cuando se estuvo más cerca de la muerte o de un destino sombreado por la tragedia colectiva.

Además de tener a la montaña como epicentro de la tragedia en los tres casos, el impacto producido por estos acontecimientos en el globo entero desemboca en otra coincidencia: estas historias de supervivencia y heroísmo compartido llegan a la pantalla grande. Hollywood no descansa nunca. La película “Viven” retrató la tragedia de los Antes, mientras que “Los 33”, protagonizada por Antonio Banderas, hizo lo propio con el derrumbe de la mina. En este caso, los protagonistas verdaderos solo recibieron migajas de las fabulosas ganancias.

En Tailandia, el gobierno levantará un museo y ya se habla de un filme propuesto por una productora religiosa, que comenzó a contactara actores, guionistas y potenciales inversionistas.”Creemos que esta película puede inspirar a millones en todo el mundo”, sostuvo su ideólogo.

Y ganar millones en todo el mundo, claro.

 

Cueva mortal

Muchos de los miles de rescatistas que participaron en el salvataje de los niños tailandeses encerrados durante 18 días a 16 kilómetros de profundidad en una cueva atribuyeron el éxito del rescate a la buena suerte. Claro que no pudo ser solo eso.

El mundo estaba pendiente de ese rescate. En el operativo participaron diez mil personas, incluidos dos mil soldados, doscientos buzos y representantes de cien agencias gubernamentales. Los equipos tardaron tres días en sacarlos de la cueva: lo hicieron en tres tandas diferentes. El tiempo apremiaba. La temporada de lluvias intensas estaba cerca. Tras la evacuación del entrenador, el 10 de julio pasado, los niveles de agua comenzaron a crecer a razón de 30 centímetros por hora. Fue el mismo día que, según los lugareños, la cueva se inundaría por completo.

La hazaña igual se cobraría una vida, la de SamanGunan, un miembro retirado del equipo élite de la marina local, quien falleció en un pasaje subacuático.

 

Maldita cordillera

Las alturas y las profundidades de la columna vertebral de América del Sur fueron el escenario de los otros dos rescates emblemáticos. La cordillera de los Andes convertida en una trampa mortal para pasajeros de un avión uruguayo como para los trabajadores de una mina de oro y cobre chilena.

El 12 de octubre de 1972, el Fairchild Hiller FH-227 de la Fuerza Aérea Uruguaya partió del Aeropuerto Internacional de Carrasco rumbo a Chile. Nunca llegaría a destino. La nave se estrellaría contra la montaña helada. Algunos errores humanos y las malas condiciones climáticas atentaron para que así fuera.

De los 45 pasajeros, solo hubo 16 sobrevivientes que pudieron subsistir a duras penas gracias a actos de canibalismo: se alimentaron con la carne de los cadáveres de sus compañeros. Pero, más allá de eso, mantuvieron espíritu de equipo y la convicción de querer salvarse. Permanecieron 72 días en medio de las peores condiciones; su búsqueda se prolongó durante dos semanas y luego fueron dados por muertos.

“Piensan que nos salvamos porque nos comimos a los muertos. ¡Nos salvamos porque salimos caminando, porque tuvimos una suerte increíble, porque Dios nos dio una mano, porque éramos un equipo, porque hicimos las cosas que los hombres hacen cuando les va bien!”, diría muchos años después Canessa, convertido en un eminente cardiólogo con reconocimiento internacional. Nunca pudo desligarse de esa tragedia. Pero, fue la que lo ayudó a ser quién es. Y como orador motivacional lleva sus palabras de aliento por todo el mundo.

Ese de que nunca, pero nunca, más allá de toda adversidad, hay que perder la esperanza.

 

Oro en polvo

Esperanza que pareció flaquear y desaparecer en los 33 obreros de la mina San José que quedaron sepultados a más de 700 metros, durante 70 largos días. No se supo de ellos hasta que llegó el mensaje alentador. Estaban vivos los 33, pero aún no se sabía cómo sacarlos de las profundidades.

Tras varios inconvenientes políticos, sociales y tecnológicos, pudieron ser liberados de a uno en una cápsula de acero especial. El rescato se prolongó a lo largo de casi todo un día con un resultado victorioso. Más de 1.000 millones de personas siguieron en vivo el escape de los mineros, que entre sus vanos laureles ostentan el triste Récord Guinness de permanecer “el mayor tiempo atrapados bajo tierra”.

Ni toda la celebridad del universo que los bañó durante un tiempo alcanzó para que pudieran llevar una vida sin sobresaltos anímicos y económicos. Al contrario, hoy con problemas psicológicos a cuestas, sobreviven con trabajos temporales. Tampoco sirvió su caso para mejorar las condiciones de seguridad en las explotaciones mineras. La Justicia nunca imputó a nadie y la investigación penal fue cerrada en agosto de 2013. Hasta el año pasado, había un juicio pendiente de los obreros y sus familiares contra el gobierno chileno.

Con pena y sin gloria, así terminaron. “Si yo fuera rico, gastaría toda la plata en volver a ser como antes. Me cambió harto la vida, pero a puro sufrimiento”. Víctor Zamora, el minero que escribió docenas de poemas en su encierro forzoso, expresó como pocos el sentir de quienes estuvieron a punto de tener como féretro toneladas de oro y cobre en bruto.

Para algunos, lo peor de las tragedias vino después del rescate.

Pero, esa, esa es otra historia.

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