El mito de la “transparencia”

Notas

  Escribe: José Naselli (Ex-Tribuno – Vecino)

 

LAS ORGANIZACIONES MAFIOSAS.

Se entiende por MAFIA, a una asociación de personas que participan de actividades criminales, en un contexto organizado y sistemático. Nacida en el llamado “mezzogiorno” italiano, esta forma de actividad delictiva se ha irradiado a otras regiones y países. Se caracteriza por ejercer una especie de poder político autónomo, con reglas propias para decidir lo que se entiende por “justicia”, una reluctancia (repulsa) por la institucionalidad, y en manera especial, por el SECRETISMO de su organización y sus procederes. Se ramifica en diversos “CLANES” con particulares características según el territorio, llamados también FAMILIAS. Cada familia tiene un jefe indiscutido al que se le denomina “DON” o “PADRINO”, al que rodean, obedecen y también protegen otros mafiosos que ocupan ciertas jerarquías, como el SOTTOCAPO (subjefe). CONSIGLIERE (consejero, generalmente un hábil abogado), CAPOREGIME (jefe de un grupo de sicarios denominados SOLDATI). También existen los ASSOCIATI, que son simples aspirantes a soldados, aunque no están definitivamente admitidos en la familia.

 

LA “OMERTÀ”.

Los mafiosos se consideran a sí mismos como “hombres de honor” y su comportamiento se ajusta a diversos “códigos” (pautas de conducta), inviolables, so pena de gravísimos castigos (generalmente, la muerte). El código más conocido e importante es la OMERTÀ, traducida como LA LEY DEL SILENCIO, que prohíbe informar sobre actividades que se considera incumben sólo a las personas involucradas. No sólo los reos prefieren guardar silencio. Simples y honrados ciudadanos que por casualidad han escuchado algún rumor o comentario, o han estado en la vecindad de una escena de delito, se abstienen de llevar al conocimiento de las autoridades, cualquier dato que pudieran conocer. “iununsachiunenti” (yo no sé nada), es lo único que se atina a pronunciar.

 

LA LEY DEL SILENCIO.

Hace más de medio siglo que vivo en Villa María. Trato de estar informado, leo sus periódicos, escucho sus radios, converso con mis amigos y a pesar de los años que sobrellevo, procuro no desentenderme del día a día vecinal. Pero cuando –con el derecho que tengo como vecino- he querido saber la verdad sobre algunos asuntos, me he encontrado con la barrera de la OMERTÀ o LEY DEL SILENCIO, adoptada y practicada con porfiada constancia por aquellos que, por el lugar que ocupan en los poderes de gobierno, tienen la obligación de RENDIR CUENTAS DE SUS HECHOS Y DE SUS ACTOS. Son personas que se consideran a sí mismas honorables, que predican constantemente el evangelio de la decencia y la transparencia, que se auto proclaman como los supremos referentes de los pobres, los sufrientes, los oprimidos, los desvalidos, PERO OMITEN RENDIR CUENTAS DE LOS DINEROS PÚBLICOS CONFIADOS A SU ADMINISTRACIÓN Y DESTINADOS A MITIGAR LAS CARENCIAS DE LOS QUE MENOS TIENEN. Es el silencio de los que se niegan a que sus actos como funcionarios sean verificados, controlados o revisados. Es el silencio hipócrita de los que reclaman indignados, cuando consideran se han lesionados los derechos humanos de las personas que comparten sus propias ideologías, pero callan cuando quienes han visto menoscabados sus derechos, son los “vecinos de enfrente”. ES EL SILENCIO DE LOS QUE, GRACIAS A LA SANGRE DE LOS POBRES QUE ELLOS MISMOS FABRICARON, OSTENTAN LUJOS Y RIQUEZAS QUE NO PUEDEN JUSTIFICAR.

 

UNA VOZ QUE NUNCA CALLA.

La tiranía del espacio me obliga a limitar estas reflexiones, pero si alguno de estos “apóstoles de la transparencia” (que son varios) quiere que le aporte una lista de LA VILLA MARÍA DEL SILENCIO, la tengo a su disposición. Aunque a lo mejor, ni siquiera tienen que molestarse en pedirla. Está impresa en documentos que están “a la vuelta” de sus despachos. Y hasta es probable que en alguna oportunidad les llegó a sus manos, PERO LA IGNORARON DESPECTIVAMENTE, como tantos que se llaman a sí mismos “hombres de honor”, pero al honor lo cuelgan en la letrina de sus retorcidas mentes. Podrán callar al amparo de la IMPUNIDAD que les otorga una justicia SUMISA Y CLAUDICANTE, pero hay una voz que nunca podrán silenciar. ES LA VOZ DE SU PROPIA CONCIENCIA.

 

 

 

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