La aberración del “populismo”

Notas

Escribe: José Naselli (Ex tribuno | Vecino) 

 

LA NECESIDAD DEL “ENEMIGO”. Llamamos POPULISMO al aprovechamiento político que algunas personas o grupos, hacen de una pretendida (y generalmente fingida) lucha contra élites privilegiadas. El calificativo de “populista” no conlleva, necesariamente, una identificación ideológica, sino estratégica, y puede aplicarse a todo el espectro “izquierda – derecha”. Su finalidad es el LUCRO ELECTORAL derivado de una aparatosa acción contra grupos económicos concentrados, denominados genéricamente “enemigos del pueblo”. En Argentina, estos “enemigos” han resultado muy útiles, a la hora de descargar en ellos, las consecuencias de las malas acciones propias. Lamentablemente, esta táctica del “chivo expiatorio” muchas veces tiene consecuencias trágicas, y termina perjudicando a los sectores que se proclaman proteger. Estamos hablando de los excluidos, de los que menos tienen, de los pobres, de los miserables, de cuya sangre y lágrimas se nutren muchos de los que transitan, con mayor o menor éxito, los pasillos del poder.

EL “GRUPO BEMBERG” Otto Bemberg fue un empresario, financista e industrial alemán, fundador del imperio económico y dinastía de la “Casa Bemberg” argentina. Entre fines del siglo XIX y principios del XX se estableció con empresas de importación de tejidos y exportación de granos, extendiéndose luego a la industria cervecera (Cervecerías Quilmes), y sumando otros rubros agrícolas y forestales. Con el tiempo, el grupo de empresas (operando en forma de “cartel”) comenzó a tener problemas con el Fisco por evasión impositiva. Esta situación persistíaal acceder Perón al poder (1946) “La familia Bemberg en la Argentina es algo así como un inmenso pulpo venenoso que todo lo va emponzoñando y ocupando. La corrupción de funcionarios públicos fue su especialidad. La “coima” es una institución bembergiana. Penetró el Poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. No hubo rincón de la Administración Pública donde Bemberg no llegara con su corrupción.  (Sic. Juan Perón).

UNA GUERRA SIN CONCESIONES.  En 1948, por decreto, se retiró la personería jurídica del grupo. Luego siguieron medidas parlamentarias y judiciales que culminaron con la ley 14122 disponiendo la liquidación judicial de las empresas y el grupo, (1952). La idea (expuesta por el mismo Perón). era que el SINDICATO DE CERVECEROS Y AFINES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA, que agrupaba a los obreros y empleados de Bemberg, pudiera explotar las empresas, organizándose bajo el sistema cooperativo.

UN ÍCONO DEL BARRIO ALBERDI. La Plaza Colón, el Hospital de Clínicas, la “Cancha de Belgrano” y la CERVECERÍA CÓRDOBA fueron quizás los íconos distinguidos del viejo barrio cordobés. La fábrica de cerveza ocupaba más de dos hectáreas entre las márgenes del entonces Río Primero y la actual calle Arturo Orgaz. Su “sala de máquinas”, sus ciclópeas calderas, las instalaciones donde se cocinaban los mostos de cebada y lúpulo, sus enormes depósitos de madera o de metal en los que reposaban los líquidos que luego se transformarían en cervezas, sus playas de estacionamiento y talleres de una cincuentena de unidades de trasporte, carga y reparto, maquinarias y kilómetros de tuberías, la estratégica sección de botellería en la que se envasaba el producto que luego pasaba por gigantescas “pasteurizadoras”, sus amplias oficinas de administración, laboratorio e ingeniería, semejaban una gran colmena cuyas “abejas obreras” eran más de 200 empleados que cotidianamente prestaban allí sus servicios. Sus propietarios y directores, ya en los años 50, eran miembros de una familia descendiente del fundador, un emprendedor suizo de apellido Meyer. Mi padre, un cordobés nacido en 1903, que siendo todavía un veinteañero, ingresó como operario mecánico. se desempeñaba como capataz general.

EL PRINCIPIO DEL FIN: Precisamente para ese tiempo, comenzaron a correr rumores de que la Cervecería Córdoba había sido incluida dentro de las empresas a liquidar, por una supuesta (y discutida) pertenencia al “Grupo Bemberg”. En consonancia con esas noticias, el sindicato local de los cerveceros, y en especial los delegados gremiales internos, comenzaron una escalada de enfrentamientos con la patronal, que enrarecieron el clima laboral hasta una tensión jamás imaginada. Negativas de colaboración, asambleas, discusiones de elevado tono, en una especie de espiral de confrontación paroxística, parecían coincidir con las noticias de una inminente intervención gubernamental. Y una mañana de febrero de 1955, apareció un diputado nacional como apoderado de la Comisión Liquidadora, acompañado de efectivos policiales, que conminó a los señores Meyer a abandonar la fábrica en un plazo perentorio de una hora. Al mismo tiempo, TODOS LOS PUESTOS DIRECTIVOS FUERON OCUPADOS POR LAS AUTORIDADES GREMIALES INTERNAS. Por supuesto, para el resto de los 200 trabajadores, los horarios, las tareas, las responsabilidades, y los sueldos, absolutamente todo siguió igual.Y a los pocos días, sobre el frente del edificio que da a la calle Arturo Orgaz, un enorme cartel rectangular de más de 30 metros de largo, desplegaba, al lado de un colorido escudo del Partido Peronista, esta leyenda: EN LA NUEVA ARGENTINA DE PERÓN, ESTA FÁBRICA PERTENECE A LOS OBREROS. (continuará)

 

 

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