Murió Fabián, el hombre envenenado por los agrotóxicos

Notas, Notas digitales

La semana pasada dejó de existir Fabián Tomasi, hombre que dedicó a demostrar lo tóxico del gifolsato en la forma de tratar los alimentos. Pesaba menos de cincuenta kilos. Una prueba de que las cosas no pueden continuar de esta forma.

Escribe: Daniel Rodríguez

Fabián estaba esperando la muerte. No hay otra definición que pueda ilustrar mejor el inicio de ésta crónico. “Yo me estoy secando. Literalmente” había dicho el hombre en diálogo con la prensa hace un tiempo atrás. Finalmente, en las primeras horas del pasado viernes 7, tras estar internado, dejó de existir.  Uno puede desmenuzar, debatir y repensar muchas cuestiones pero ahí está la muerte evidenciando todo. La muerte y los agroquímicos.  Él, con su tarea incansable, fue un precursor y un deseoso de que todos se enteren el entramado que se mece en los campos con sus aviones asesinos.

Con la idea de mejorar sus cosechas, con la enorme ambición de hacer rendir aún más los campos, muchas empresas elaboran y diferentes dueños de tierras utilizan el glifosato como pesticida; matando la “maleza”, dejando lo deseado. No hay una certeza  o una prueba contundente que demuestre que dicho componente es directamente cancerígeno. Pero Fabián murió. Y la cifra de personas afectadas sigue creciendo. Hace poco tiempo hablábamos de Canals, localidad cordobesa dónde más de la mitad de las muertes tiene que ver con algún tipo de cáncer. Ahora, hablamos de  la provincia de Entre Ríos, y del pequeño pueblo de Basabilvaso, con menos de 10 mil habitantes. La localidad se encuentra  en el cruce de Ruta Provincial 20 con Ruta Provincial 39. A 200 kilómetros de Rosario y a 300 de Buenos Aires; allí, el hombre había empezado a desarrollar un trabajo de “banderillero”, fumigando campos para una empresa.   “Íbamos a un determinado campo donde había una pista; había 60 bidones que se dividían en 30 vuelos. Nosotros echábamos para que no sobre nada” afirmaba el hombre. La aplicación era “sin guantes, sin nada”. ¿Para qué protegerse tanto para cargarlo si después lo van a esparcir en el aire?” reflexionaba.

Un símbolo de lucha

Finalmente, Tomasi dejó de existir, pero dejó una huella grande que no debe perderse a pesar del paso de los tiempos. Su historia y su vida son pruebas fehacientes de lo nociva que es la avaricia y los nuevos métodos de cultivo.

En el libro Envenenados de Patricio Eleisegui, publicado en 2013, por editorial Wu Wei, el ahora fallecido, comentaba: “Yo organizaba el trabajo sin tener ya tanto contacto con los productos, aunque igual me tocaba convivir con las pilas de veneno en la oficina. Me tocó enfermarme en la segunda etapa. Como soy diabético, mi sistema inmunológico está de por sí deprimido, y haberle puesto encima la cantidad de productos químicos con los que tuve contacto en esos años me trajo las consecuencias con las que cargo ahora”.

 

Él decidió investigar. Decidió saber el porqué de su dolor insoportable: “Sólo ponerme debajo de agua caliente me calmaba el dolor” afirmaba.

Ahora, Junto a Estela Lemes, la docente de la escuela Bartolito Mitre que también sufre en su cuerpo las secuelas de las fumigaciones con agroquímicos, los dos se convirtieron en los ejemplos de lucha de aquellos que  reclaman un cambio en el modelo agroproductivo.

Panorama

“Hay gente que todavía llama agricultura a esto” afirmaba Tomasi. Como podía, él, salía a la calle, se dejaba filmar, daba entrevistas y se mostraba como la sombra del “éxito” de la producción sojera del país.

“Ahora estoy esperando. Esperando que se termine todo. Es una decisión que tomé. Mi hija ya está muy bien preparada. Tengo miles de problemas físicos, pero me siento mentalmente lógico y claro. Ya no tengo más fuerzas. No le veo sentido a seguir peleando para vivir”

Hay testimonios, muchos, que realmente nos hacen estremecer. “Yo salía de trabajar, me bajaba de la camioneta. Y con la ropa llena de veneno abrazaba a mi nena de 4 años” subrayaba. En cuanto a su situación, no anduvo con rodeos y a la vez advirtió: “Yo lo tengo lo adquirí por ignorante”. De igual manera, “la empresa dónde yo trabajo es un grano de arena” explicando entonces que son miles los productores que trabajan con estas cuestiones y lo que es peor: “Hay millones de casos que no lo supieron denunciar”.

“Mi señora lavaba la ropa mía con toda la ropa de la familia en el lavarropas. No sé si a mi nena no le afectó”. Esto es mucho más grave de lo que se plantea. Aún estamos a tiempo.

 “Todos callan, el gobierno, la justicia, la medicina” afirmaba Fabián. Por el momento, lamentablemente – desde dondequiera que esté – sigue teniendo razón.

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