“Rodrigo intuía que se iba a ir rápido de esta vida”

Notas

 

Beatriz Olave se retira de EL REGIONAL (por entonces en el Paseo de la Villa) cuando su hijo Ulises, el hermano menor de Rodrigo, le estampa un sonoro beso al grito de “¡Vamos Olave todavía!”. Ella, vestida completamente de negro, enfundada en un pantalón de tela vinílica y con un sombrero tipo capelina de color rosa no podía pasar desapercibida. Dibuja esa triste sonrisa que porta como una marca registrada y lo abraza bien fuerte. “¡Vamos vieja todavía!”, dice y se deja llevar, por un pibe que apenas se animaba a soñar con ser cantante.  Menos aún alcanzar a ser el más cotizado de todo Córdoba. Quien mayor cantidad de placas está vendiendo. Tímido por entonces. Escondía las palabras.

Hasta el año 2000, fecha de la muerte de Rodrigo, Beatriz Olave era simplemente la mamá de la estrella del cuarteto y la nieta canillita del primer diariero cordobés que se pudo jubilar. A partir de ese trágico momento, esta mujer fue una de las principales protagonistas de la compleja trama que envolvió la desaparición del cuartetero. El calificativo de “loca” no tardó en llegar de la mano de los medios y programas televisivos que se disputaban su presencia para subir las mediciones de audiencia. Beatriz extrañaba a su hijo más célebre y lo sentía a su modo: a ella no le importaba lo que dijeran los demás.

“La gente me ve como a un bicho raro”, afirma Beatriz, casi cuatro años después del fatal accidente, rodeada y contenida por su hijo Ulises y los músicos de la banda. “A mí me usaron como un bicho raro, por momentos me tildaron de loca y eso es lo que menos me preocupa, porque los grandes locos fueron grandes sabios y ojalá yo fuera sabia algún día. Simplemente procedo como una persona con sus soledades: no tengo padre ni madre, no tengo marido y he perdido un hijo…”.

Las fechas que Beatriz pincela de nostalgia, incluyen a un niño de verdes ojos tironeando el pecho son succiones casi rítmicas, de casas con olor a familias. Hay dos aniversarios de improntas con heridas de miel y salpicadas de muerte: la de su marido, que falleció en brazos de Rodrigo durante un recital, el 25 de julio de 1993; y la del “Potro cordobés”, ocurrida en la húmeda madrugada del 24 de junio del año 2000. “Son dos momentos claves en mi vida”, asegura esta dama que, a pesar de la adversidad, derrocha optimismo.

 

Ulises tiene 18 años. Cuando murió Rodrigo cumplía 5 años. Subió al escenario a la misma edad que Rodrigo. Son tres que han quedado en la familia, pero la gente es nuestra gran familia.

 

Alguna vez muchos me trataron de desquiciada porque me presenté en un escenario donde debía actuar Rodrigo, pero mi hijo nunca dejaba plantado a nadie, él siempre se presentaba a sus shows. Ese día debía presentarse a recibir las nominaciones y me dijo. “Mamá andá a cubrirme”, y yo lo hice porque por mis hijos no hay límites.

 

Yo soy muy valiente para muchas cosas y sensible para otras. Yo le di para adelante, a pesar de las adversidades, para que la gente no se olvidara de Rodrigo.

 

El público de Córdoba es muy exigente y era cuestión de gustos que Rodrigo tuviera vigencia en determinadas zonas de la provincia y no en otras cercanas a la capital. Nosotros pensábamos que iba a ser más rápido entrar a buenos Aires antes que a Córdoba, y así fue. A pesar de que en la Capital es muy difícil que acepten una nueva música, porque allá era todo cumbia.

 

Fue muy difícil, pero Rodrigo lo logró. Desde 1993 en adelante comenzó poco a poco a ganarse al público porteño. El 25 de julio de 1993 Rodrigo pierde a su padre.

 

 

Parecido físico no tenemos, puede ser que la gente compare un poco la voz de Rodrigo con la mía, pero no tenemos parecidos, gracias a Dios, aunque me gustaría haber sido como él, pero la verdad que sería muy duro tener un parecido con mi hermano, sería muy duro mirarme en el espejo y tener un parecido, por cómo se lo extraña.

 

Yo admire a mi hermano en todo y siempre me fijaba hasta el más mínimo detalle: cuando se afeitaba, por ejemplo, él siempre decía cuando yo no estaba. Qué pasa que no está el Ulises acá al lado. Cuando él se levantaba a las cuatro de la tarde y yo ya había comido, por su forma de comer a mí me agarraba hambre y comía nuevamente.

 

Él siempre me defendía en todo, yo siempre peleaba más con Flavio, el del medio.

Yo soy hincha de Belgrano de siempre.

 

Música, escuchamos de todo un poco porque mi mamá tiene una frase que dice: El saber no ocupa lugar. Por eso escuchamos de todo y tratamos de aprender de todos. No escucho mucho rock and roll: escucho mucho tango, latinos, de todo. Si quiero divertirme voy a ver a La Fiesta, si quiero pasar un buen rato con amigos y buscar chicas voy a ver a La Barra.

A Beatriz le gusta todo el cuarteto: desde Rolán hasta los más nuevos. Se fascina con Sabroso, por ejemplo. Le gusta la música villera y “cuando estoy sola prefiero los artistas románticos españoles: Perales, Dyango, Sabina”

 

Mi mamá siempre me cuida y por ahí me selecciona las chicas con las que estoy.

Mi abuelo fue el primer diariero jubilado, se llamaba Juan Fermín Olave. Mi abuelo tenía un recorrido de diarios que empezaba en la Casa Cuna y terminaba en Unquillo y lo hacía en bicicleta. Yo vendí diarios hasta el año 2000 y Ulises también vendía.

 

Me desenvuelvo en la vida con fe y con el amor de mis hijos.

 

Ulises tiene una voz más grave. Yo creo que Rodrigo lo hubiera presentado arriba de un escenario junto con él. Ya que no le permitieron hacerlo en el Luna Park con 14 años. Pero le dijo: Mirá bien a toda esta gente, cuando yo no esté, lo vas a tener que hacer vos.

 

El dolor y sus mil caras

 

“La gente me ve como una persona extraña, porque tengo algo que hace a lo que es el misterio humano. Esto es lo que tenía Rodrigo, por eso él comprendía las cosas que le iban a pasar. Él alguna vez dijo: no se hagan tanto problema por la vida total nadie sale vivo de ella.

Por eso el mejor regalo para el cumpleaños de Ulises es el aplauso de la gente. Hubo mucha gente que no nos dejó solos en este tiempo, y otra que nos apoyó, que nos quiere…”

Estamos arrancando con Ulises desde abajo, con sacrificio, como hicimos con Rodrigo: parece que nos gustara cargar con la cruz.

Rodrigo sabía que se tenía que ir rápido de esta vida, porque me lo había dicho antes. Él daba señales de que iba a partir. Él lo presentía. Me lo dijo una y otra vez”

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Ulises comenzó en los carnavales de Santiago del Estero… no imaginaba por entonces que el éxito se apoderaría de él. Era apenas un pibe que apenas si se atrevía a soñar.

Beatriz tiene una extraña calidez. Cordobesa inclaudicable. Tiene esa extraña definición de la existencia. Su otro orgullo es haber boceado desde pequeña “El Córdoba; Los principios; La voz…” Guardo silencio y los ojos se le volvieron uvas verdes de sal, ante la pregunta de qué sintió cuando en las tapas de lo que vendía apareció por primera en cuerpo entero la imagen de “El Potro” …

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