“Las muestras de gratitud son lo mejor de esta profesión”

Notas

Villa Nueva

 

Blanca, docente jubilada, y Sandra, maestra en actividad

“Educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las dificultades de la vida”.Ya lo decía Pitágoras y lo han plasmados millones de señoritas. El maestro no solo transmite conocimiento académico, sino que construye junto a la familia de los niños, los cimientos de su futuro. La Srta. Blanca lo hizo durante 30 años hasta que se jubiló y la Srta. Sandra lo hace desde hace 29.

 

Escribe: Carolina Durand

 

Blanca Silva tiene 72 años, 3 hijos varones y 3 nietos. Estudió magisterio en el Instituto Víctor Mercante, motivada por su madre y con vocación desde muy pequeña por enseñar; egresé con apenas 22 años. Se jubiló hace 17 años, en los primeros años del siglo 21, cuando el gobernador De la Sota puso en marcha un programa de Pasividad Anticipada Voluntaria.

“Con la solicitada que teniendo 25 años frente al grado podría jubilarme, lo hice porque estaba muy cansada, pero si tuviera que volver a elegir sería la misma profesión y el mismo camino andado”, expresó con emoción la seño Blanca.

 

Con algo de nostalgia, una sonrisa dibujada, y el brillo en los ojos que alumbra los recuerdos, la docente recordó: “Mis primeras clases fueron suplencias en zona rural. Mayormente, di clases de matemáticas y ciencias naturales. Me iba de lunes a viernes y el finde semana rogaba que alguien viniera a la ciudad y me trajera a dedo. Pedí traslado solo cuando me casé porque me iba a las 7 de la mañana y volvía a las 5 de la tarde y debía hacerme cargo de la casa, de 3 varones y el cansancio de tantos años empezó a pesar”.

 

La docente fue dejando semillitas en todos los pueblos de la zona, recorrió escuelas en Tío Pujio, James Craik, Ticino, Pasco, hasta que logró que la transfirieran a Villa María. “Mis primeras clases fueron como suplente en la escuela Nicolás Avellaneda durante 5 años y el cambio fue notorio: en las escuelas rurales, los niños guardan otro respeto por los docentes, al igual que los padres”.

Con los años le salió la titularidad en cercanías de Ausonia y también ocupó el cargo de directora. Llegado el momento logro la titularidad en la escuela Belgrano de Villa Nueva y ahí fue donde cerró su etapa de docente y se jubiló.

 

A clases sin importar en qué medio

 

Entre las tantas anécdotas que la Srta. Blanca rememoró, garabateó en el aire las idas a las escuelas rurales en bici. “En el galpón de una estancia, solía guardar una bici, con la que recorría 3 km. de ida y 3 de vuelta, al terminar de dar clases. Iba en sandalias temprano, me ponía las zapatillas para pedalear, llegaba a la escuela hacía el cambio y luego otra vez para salir a la ruta y hacer dedo. Y sin contar las innumerables veces que se pinchaba la goma y esos km. se hacían caminando con la bici acuestas. Pero el docente debía llegar y estar ahí para sus alumnos”.

 

Otra de los recuerdos tiene a Pedrito, “el llorón”, como protagonista. “Siempre me gustaron los grados más grandes, y en 4° me tocó una vez a Pedrito. Un niño que siempre lloraba desde jardín hasta la primaria, acostumbrado a que si no le salía algo lloraba y todos estaban a su alrededor. Una vez, llorando, me dijo que no le salía un ejercicio, entonces le pregunté: ‘¿Cuántas patas tiene el gato?’. ‘Cuatro’, me respondió.‘¿Y porquébuscás la quinta?’, le dije. Se sonrió y con el paso de los meses, aplicando mi estrategia, para junio ya no lloro más”.

 

Se define como una maestra recta, pero con un toque de amor, con lo que supo ganarse el respeto y el cariño de alumnos que hasta el día de hoy la llaman Srta. Blanca. Además de ser maestra, Blanca tenía 3 hijos varones que atender. “Para ellos debió ser pesado, pero yo no podía dejar la Srta. en casa también. Yo los ayudaba y los ponía a estudiar”, culminó la docente en su día.

 

Docente y algo más…

 

Sandra Molinero, tiene 50 años, un hijo de 14 años y lleva en ejercicio 29 años. Cursó magisterio en las Rosarinas, egresó en 1989 y aún no se jubiló por no contar con la edad requerida (57). Al igual que Blanca, sus primeras suplencias fueron en escuelas rurales (Monte de los Lazos) y desde hace 25 años, es maestra de grado (1°,2°,3°) en la Escuela Primaria Arturo M. Bas.

 

Eligió la docencia de pequeña y fue estimulada por sus padres. “En nuestra institución analizamos lo que es favorable para el niño en estrategias de aprendizaje y respetamos el tiempo que tiene cada uno”, remarcó.

“El aula es flexible para todos y por eso en la semana damos talleres y los agrupamos según la etapa en la que se encuentren en la escritura y lectura.Somos suscimientos junto con los padres.La educación, más allá de ser una escuela urbano-marginal, debe ser de calidad, no de cantidad”, aseveró la pedagoga.

 

Entre el tintero de sus anécdotas, con las palabras entrecortadas por la emoción, Sandra contó: “Tuve una alumna desde primer grado que siempre me dijo mamá; aún permanece en la institución en sexto grado y me sigue diciendo así”.

“Estos gestos y muestras de gratitud, trascienden los sentimientos; es lo mejor que nos llevamos de esta profesión, y eso se consigue si le has dado amor, los has hecho sentir un ser valioso, y para ese alumno, ese niño, eres un referente de vida importante”, acotó.

 

Antes de concluir, la Seño afirmó que le llega al corazón tener alumnos que son hijos de sus alumnos. “Pienso todo lo que viví, en cuando eduqué a su mamá o papá, y que me reconozcan a través de sus hijos, no tiene precio”.

Deja un comentario


*