Cara y Cruz | Una grieta ancestral

Notas

 

Escribe: José Naselli – Ex Tribuno | Vecino

 

UN DIVERTIMENTO COSMOPOLITA. El juego de arrojar una moneda al aire, y acertar cual es la cara o faz que queda a la vista, se remonta a los albores de la historia. Las monedas españolas de la época colonial, llevaban impresas la cara del emperador, y en su anverso, generalmente, una cruz. De allí, el nombre del juego que hoy todavía perdura. En cuanto a figura literaria, “cara” y “cruz” se utiliza metafóricamente para expresar los aspectos similares y a la vez contradictorios, de una cosa, acto o hecho de la vida. Es lo que intentaremos en esta nota, que trasluce dramáticamente el “cara” y “cruz” de los comportamientos humanos, especialmente los referidos a nuestras adhesiones políticas y sociales.

LA “PAMPA GRINGA” DE NUESTROS ABUELOS.Luego de las guerras intestinas que siguieron a la declaración de la independencia, se fueron configurando y consolidando las diversas estructuras sociales y económicas que ya son parte de nuestra historia. Las enormes extensiones de tierra cultivable, que geográficamente se conoce como “región pampeana”, forman un gigantesco semicírculo con eje en el puerto de Buenos Aires, de unos 1.200.000 kilómetros cuadrados, de los cuales, buena parte, pertenecen al sur y el este de la Provincia de Córdoba. Y todas las poblaciones plantadas a lo largo de la llamada “Ruta 9” desde Córdoba a Villa María son un “MUESTRARIO” de la citada región. Con el arribo de las olas inmigratorias de fines del S. XIX y comienzos del XX, se fue conformando la llamada “pampa gringa” por el aporte europeo, mayoritariamente italiano. Y de esa manera quedó conformada una trama social que giraba alrededor de los DUEÑOS DE LA TIERRA, especialmente aquellos que poseían grandes extensiones, cuya explotación, les permitía erigirse en una especie de SEÑORES FEUDALES, y de alguna manera, AMOS de sus convecinos menos afortunados.

UN FEUDALISMO “A LA CRIOLLA”. El feudalismo pos medieval se caracterizaba por la existencia de campesinos y labradores llamados “SIERVOS” que ocupaban las tierras del dueño (el SEÑOR). Y que recibían a cambio una humilde vivienda, un pequeño terreno adyacente, algunos animales de granja y protección ante los forajidos o demás señores. Ese sistema, (por supuesto, con matices más modernos), también regía en nuestra pampa. Este escenario se repetía por la existencia de “SEÑORES”, propietarios de vastas superficies, que vivían en lujosas viviendas, tenían acceso al bienestar y la cultura, y su deporte favorito era acrecentar sus dominios y su fortuna. Generalmente, también eran los propietarios de los negocios conocidos como “RAMOS GENERALES”, que, al par de abastecer las colonias, se manejaban con un “fiado” usurario. Las historias de los propietarios más pequeños, que perdían su campo, porque luego de una fallida cosecha, no podían pagar la “corta y trilla” que habían adquirido a crédito; o aquellos poco advertidos a los que le sumaban en la “libreta” hasta los números del día, del mes y del año, son bastante conocidas.

EL CÓNCLAVE DE LOS “PADRINOS”. En este marco social, vamos a contar algo que sucedió a mediados de los “años 40”, en medio de históricas convulsiones políticas y sociales que jalonaron desde siempre la historia patria. En la, entonces, “localidad” de Oncativo, un simple empleado de uno de los “amos” del pueblo, comprobó con asombro que, en torno al edificio del negocio del mismo, se habían estacionado una docena de autos con patentes de pueblos vecinos. En aquel tiempo, “éramos pocos y nos conocíamos mucho”, y un acontecimiento así no podía pasar desapercibido. Todos sabían “quién era quién”. E incluso las patentes de los autos llevaban grabadas la localidad de origen de su dueño. Y autos había pocos, y solo los “señores” podían darse el lujo de comprarlos.

UN FANTASMA LLAMADO “PERÓN”. Este empleado, fue embargado por la curiosidad. ¿Qué podía estar pasando para que todos los “señores” convergieran en una especie de cenáculo de poderosos”? Quizás había una forma de averiguarlo. Se encaramó al techo del edificio, y a través de una abertura, pudo oír buena parte de la conversación.Todo giraba en torno a una honda preocupación de los presentes. Se hablaba de un Coronel llamado Juan Domingo Perón, que se presentaría a comicios presidenciales, con firmes posibilidades de triunfo. El tal Perón, designado como Secretario de Trabajo y Previsión en el gobierno “de facto” de la llamada “revolución del 43”, había favorecido a los sectores obreros, impulsando los convenios colectivos, el Estatuto del peón de campo, los Tribunales del Trabajo y el derecho a jubilarse a los empleados del comercio, medidas que al par que le ganaban el decidido apoyo del movimiento obrero, le granjeaban el repudio de los sectores empresariales de altos ingresos. Y había que hacer algo, para ahuyentar el fantasma “peronista” que ya estaba tomando cuerpo, y amenazaba con instalarse nada menos que en la presidencia de la Nación. Es entonces que el agazapado oyente, escucha claramente una consigna: Todo aquel que manifestara públicamente su adhesión a quien ya se insinuaba como líder de ideas tan nefastas, DEBÍA SER ERRADICADO COMO EMPLEADO, POR CONSTITUIR UN ELEMENTO SOCIAL PELIGROSO, PERJUDICIAL PARA LOS INTERESES DE LOS “SEÑORES”.

(esta historia continuará),

One thought on “Cara y Cruz | Una grieta ancestral

  • JOSÉ LO DICES MUY BIEN
    LOS ENGAÑARON ….
    Muchos vinieron ANTES DEL 1845. :MIS BISABUELOS Y ABUELOS FUERON MANO DE OBRA BARATA
    PARA LOS TERRATENIENTES LOS CAUDILLOS POPULISTAS LOS CAPATACES LA ARQUIDIOCESIS LOS ARISTOCRÁTICOS DEL PAÍS DE LAS ESTANCIAS etc etc etc….

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