¿Cómo debe llamarse el puente nuevo?

Notas

Escribe Héctor Cavagliato

 

Como ciudadano que soy nacido en las dos villas (mis padres vivían en Villa Nueva y la cigüeña me depositó en el Hospital Pasteur allá por el 1936) creo interpretar el sentir de tantos habitantes de aquí y de allá para buscar un nombre que haga justicia a algún pesonaje cabal, meritorio de las dos ciudades y que sea el homenaje que, a veces, tributamos a ilustres desconocidos o ajenos a nuestra historia, cuando no apelando a oportunismos políticos no siempre reflejo de meritoria identidad, trayectoria y justificación.

En mi función periodística, alguna vez -cuando el personaje al que me refiero estaba en plena actividad- calculé que los 15 kilómetros diarios que transitaba sobre las calles de su Villa Nueva natal y la Villa María adoptiva, más las competencias de casi todos los domingos en todo el territorio nacional y también de países vecinos, representaban no menos de cinco veces la vuelta al mundo por la línea del Ecuador.

Si a ello le sumamos los años siguientes que vivió, con ejemplar conducta personal y deportiva como nadie en ningún deporte, que fue presidente de la Asociación Villamariense de Atletismo, distinguido como deportista supremo por el entonces existente Círculo de Periodistas Deportivos y que con su dinámica tendió puentes permanentes de unión cruzando los ya existentes y mirando siempre al frente, al horizonte,  como avisorando el futuro de una juventud sana, sin vicios ni maldades, me hace pensar esta iniciativa que hace tiempo ya la vengo proclamando. Entiendo que los dos intendentes, Martín Gill y Natalio Graglia, como así los respectivos Concejos Deliberantes, debieran hacer suya la iniciativa que, con seguridad, encontrará miles de vecinos que la compartirán y no predicaremos en soledad en el desierto.

Como decía aquel viejo periodista: “No me dejen solo”.

Entonces, la propuesta es de que al nuevo puente, que algún día será terminado e inaugurado, se le imponga el nombre de GUILLERMO ROLDÁN. Su nombre cívico era, en verdad, Ramón Servando Torres y cuando joven jugaba de arquero al fútbol y lo llamaban “El Negro Zamora”, por su parecido con un arquero de San Lorenzo de Almagro, pero para todos fue, es y será, el querido e inolvidable NEGRO ROLDÁN.

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