La Iglesia que no suma: curas desbocados y pecados ajenos

Nota de Tapa, Notas

Ortodoxia católica: De negar misas al combate a la educación sexual

En pocas semanas, representantes de la Iglesia Católica se vieron envueltos en polémicas por sus declaraciones públicas o por las acciones que tomaron. Desde negar el responso a un fallecido hasta el combativo discurso contra la educación sexual en las escuelas y la ideología de género. Mientras señala el pecado ajeno, la institución se suele olvidar de los propios.

Escribe: Germán Giacchero

 

Escena 1

El sacerdote Pablo Alfonso, de la parroquia de La Playosa, se negó a darle la despedida final a un vecino que acababa de fallecer y le negó la entrada al templo a familiares y amigos. Se ofreció a hacerlo en otro lugar y horario, pero nunca atendió los ruegos de los allegados al difunto. Otro cura de una localidad cercana, procedió de igual manera. Al igual que Alfonso, manifestó que “no estaba disponible”, según los dichos de la familia. Un manto de indignación cubrió el territorio playosense y el escándalo llegó a las redes y los medios.

Aunque no hubo un comunicado oficial del Obispado, familiares del extinto Miguel Ángel Lione dijeron que el presbítero Alberto Bustamante les pidió disculpas cuando acudieron a la Diócesis. El representante eclesiástico, sorprendido según los parientes, aseguró que era la primera vez que ocurría algo así.

 

Escena 2

El cura Iván Bersano pronunció un áspero discurso en la movilización contra los cambios en la Educación Sexual Integral (ESI) que se imparte en las escuelas. Amparado bajo el lema “Con mis hijos no te metas”, el párroco calificó la ideología de género como “perversa y satánica”. “Hace15 años, esto no pasaba en Villa María. Ahora quieren hacer de los hijos un perverso, un sodomita”, redobló.

Hablando en “nombre de Dios” según sus palabras, Bersano condenó el uso en soledad de las nuevas tecnologías por parte de los niños. “Eso es veneno, es dormir con una serpiente. Lo que hay en WhatsApp es porquería y eso que le muestran en el colegio lo está viendo en tu casa. Un chico con un celular en la cama es pecado, no despierta en gracia de Dios”, fustigó.

 

Escena 3.

Monseñor Samuel Jofré Giraudo, máxima autoridad religiosa en Villa María y buena parte del sur cordobés, participó en septiembre pasado en la inauguración del centro de ayuda a víctimas de violencia de género. El obispo descerrajó allí frases desafortunadas. “El pecado es más grave que el SIDA”, disparó ante los presentes, entre ellas autoridades municipales. Y fue más allá. “Dios creó solo al hombre y a la mujer, no hay grises”, y “los trans son hombres vestidos de mujer”, fueron otras declaraciones incendiarias que merecieron el repudio de varios presentes.Solo unos pocos ciudadanos reclamaron el día después. “Discurso de odio y discriminatorio” lo calificaron asociaciones trans. No hubo una palabra de arrepentimiento.

Exabruptos y poder

Más allá de sus particularidades, estas tres situaciones que tienen como protagonistas a integrantes del clero de la Diócesis villamariense no son casos aislados. Los exabruptos, no solo verbales, forman parte del ejercicio cotidiano de una parte de los miembros de la milenaria institución eclesiástica que reproduce discursos y acciones de antaño.

Pero, el tenor de estos dichos,al menos cuestionables desde el sentido común que tanto dicen defender sus autores, no nos debería resultar extraño. Provienen de integrantes de una entidad a la que muchos de sus propios fieles le reclaman sin resultados un poco más de apertura, flexibilidad y someterse a un baño de realidad sin abandonar los principios que la sustentan. Y estos dardos místicos incendiarios forman parte de la habitual actitud de señalar con celeridad el pecado ajeno. Mientras se olvida, evita o niega los propios.

Solo por citar un ejemplo. Casi al mismo tiempo queun sacerdote en Villa María decía que Whatsapp era poco menos que el infierno y que la ideología de género contaminante de la educación sexual pretende que nuestros hijos se conviertan en “pervertidos o sodomitas”, un colega suyo en San Juan era denunciado y apartado de su rol por intentar seducir a un joven por la misma red social criticada, a través de la cual el cura envió palabras indignas de su cargo y fotos impúdicas. Si en algo no se equivocaba el clérigo de la marcha del “No te metas” era que “lo que hay en WhatsApp es porquería”.

El cura sanjuanino infiel,José “Pepe” Ortega, se sumó así al largo listado de eclesiásticos acusados por intentos de abuso o abusadores consumados, que en general no resultan castigados ni por la Iglesia divina ni la justicia terrenal, que suele equivocarse más que la celestial.

Por otro lado, reducir la educación sexual integral a la enseñanza de la genitalidad o a la cuestión biológica, con foco en el rechazo que les genera la existencia de otros géneros, es un grosero error. La educación sexual va mucho más allá. Abarca temas trascendentales como derechos humanos, ambiente, familia, valores y problemáticas sociales como discriminación. Cuestión esta última que aún muchos de los representantes religiosos deberían sentarse a resolver.

“Los hijos no son del Estado”, es cierto. Pero tampoco de la Iglesia, deberían saberlo.

Una Iglesia con pinceladas medievales, retoños revanchistas y con la vidriera de la realidad hecha añicos no puede conducir a un buen camino, seguro.

Combatir otros supuestos fundamentalismos con más fundamentalismo y posiciones ultras no hará más que avivar el fuego con mayores dosis de combustible nada espiritual. Y ahí sí, arderemos todos.

Pero no precisamente en los fuegos del infierno tan temido.

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