G20: una cumbre que puede dejar sabor a nada

Notas

Trump, Putin, Merkel & Cía. en un nuevo y tenso round

El 30 de noviembre será la cumbre de líderes mundiales del G20 en una blindada Buenos Aires. Se trata de un encuentro histórico para el país. Pero, más allá del conjunto de buenas intenciones de la agenda que pretende imponer Macri como presidente del foro, la decisión final correrá de la mano de los caprichos de Trump, el contrapeso europeo y la embestida china.

 

Escribe: Germán Giacchero

 

La delantera política más poderosa y temible a escala planetaria pisará suelo argentino a finales de este mes. Capitaneados por un líder caprichoso e imprevisible como el presidente estadounidense Donald Trump, que viene custodiado por mil guardaespaldas y un portaaviones, aparecen por detrás las sombras del ruso Vladimir Putin, la alemana Angela Merkel y el chino Xi Jinping. Les pisan los talones los mandatarios del resto de las naciones más fuertes y un coro de países cortesanos con economías emergentes, invitados hace algunos años a formar parte del selecto Grupo de los 20.

El G20, cuya presidencia es ostentada por Mauricio Macri hasta dentro de unas semanas, representa el 85% del producto bruto global, dos tercios de la población mundial, el 75% del comercio internacional y el 80% de las inversiones en el planeta. Parido al calor de la crisis financiera internacional de 2008, tras el desplome de LehmanBrothers, está formado por Estados Unidos, Alemania, Canadá, Francia, Reino Unido, Japón, Italia, Rusia, Australia, China, Brasil, más ocho países recientemente industrializados, entre ellos Argentina, y la Unión Europea como bloque económico. España, por separado, es un invitado permanente.

La cumbre de líderes será el 30 de noviembre y el 1 de diciembre, con Macri como anfitrión, tras las más de 50 reuniones previas mantenidas por distintos funcionarios durante este año. Más allá del encuentro general, habrá reuniones bilaterales: el presidente argentino mantendrá así conversaciones con Trump, Putin y Xi Jinping, entre otros mandatarios.

 

Agenda tensa

 

Cuando se desarrolle el encuentro, se habrá cumplido 13 años de la recordada Cumbre de las Américas celebrada en Mar del Plata. Entonces, los presidentes del Mercosur más el mandatario de Venezuela le torcieron el brazo a su par norteamericano, George W. Bush, en su intento por imponer el ALCA. “ALCArajo” fue el lema que tronó en aquella ocasión.

Hoy soplan otros vientos. Aunque habrá una “contracumbre” impulsada por los expresidentes Cristina Kirchner, Dilma Rousseff y Pepe Mujica, en clara disidencia por el rumbo económico elegido por sus países, la atención estará centrada en las decisiones tomadas en el plenario de líderes. Sobre todo en las ocurrencias de Trump.

Así como pasó en Hamburgo, Alemania, cuando el platinado mandamás estadounidense desairó a la canciller Merkel, hizo rancho aparte en materia de lucha contra el cambio climático y no firmó el documento final suscripto por los otros 19 miembros. Macri tiene en carpeta temas prioritarios como la influencia de las nuevas tecnologías en el trabajo y el papel de la educación, la potenciación de la inversión en infraestructura y el impulso de un futuro alimentario sustentable. Además, se suma el empoderamiento a las mujeres y su inclusión laboral, digital y financiera.

A partir de estos puntos, desde la presidencia argentina se pretende sacar una declaración no demasiado extensa con un toque más autóctono. Pero, la agenda oficial puede ser saboteada por otros temas más urticantes para Estados Unidos y el resto de las potencias: la guerra comercial y la lucha contra el cambio climático que lo tiene a Trump en el centro de la escena.

Las paradojas envuelven el G20. Mientras el foro impulsa el libre comercio, sin regulaciones estatales, Trump ha abierto la llave de un proteccionismo extremo con aranceles faraónicos a productos como el acero, entre tantos otros, que llevó al resto del mundo a chillar como nunca antes. China se erige en un gran oponente para el gigante norteamericano. Pero, su enojo no se siente en soledad. Las medidas antipáticas unilaterales de Trump despiertan resentimiento entre muchos aliados y no tanto.

El cuidado del medio ambiente es otro de los temas calientes de la agenda real. Pero, a Trump lo tiene sin cuidado.  No solo se retiró del Acuerdo de París, que busca reducir las emisiones de gases contaminantes, en la cumbre de 2017 se cortó solo con una declaración aparte en relación al cambio climático. De antemano, no se esperan grandes cambios en esta postura que crispa sobre todo a Europa.

Estados Unidos no solo tiene la llave de casa, también es el principal accionista del mundo moderno. Por lo tanto, es de esperar que el éxito o el fracaso de esta nueva cumbre dependan de su antojo y humor, más que de los deseos de la presidencia ocasional argentina. Otro espejismo que nos hace codear con los ricos y famosos, con la falsa ilusión de pertenecer, solo para garantizar el orden que a ellos les conviene.

Es un hecho histórico para el país, claro. Pero, como vienen las cosas, seguramente dejará sabor a nada.

Y no solo en la Casa Rosada.

 

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Antecedentes(recuadro si entra)

 

La agenda del G20 concluye con la Cumbre de Líderes, donde se firma una declaración final por la que se comprometen a abordar y colaborar en los temas tratados.

Por ejemplo, en la Cumbre de Hamburgo, en 2017, los líderes acordaron limitar el proteccionismo, comprometerse con un sistema de comercio internacional regulado y favorecer políticas que repartan los beneficios de la globalización.

En tanto, en la Cumbre de Hangzhou, un año antes, acordaron establecer una mayor cooperación global en la lucha contra la evasión de impuestos y promover la colaboración internacional para facilitar inversiones en bonos verdes.

 

 

 

 

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