La gran vergüenza argentina: 48% de niños pobres

Notas

Detrás de los eslóganes elegantes como “Pobreza Cero” y las estadísticas asombrosas hay algo mucho más sorprendente y descarnado: la realidad social. Según las cifras de Unicef, casi la mitad de los chicos argentinos no tienen oportunidades de nada: ni educación, ni vivienda ni salud adecuadas. Y nosotros tenemos la culpa.

 

Escribe: Germán Giacchero

 

“La pobreza sigue teniendo rostro de niñez”, dice un representante de Unicef. Y no es para menos. Una bofetada a la cara. El 48%, casi la mitadde los niños y jóvenes de nuestro país, son pobres según el más reciente informe del organismo para la infancia que depende de la ONU.  El 10% más que la pobreza entre la población general.

Debería darnos vergüenza.

Esta barbaridad estadística esconde detrás de un porcentaje a 6,3 millones de almas. Niños, adolescentes y jóvenes con un presente desalentador y un futuro con sabor a poco y nada. Sin acceso seguro al menos a algunos servicios y derechos como  como educación, protección social, vivienda adecuada, saneamiento básico, acceso al agua segura y un hábitat seguro.

Los números causan pánico. Pero, las conclusiones están basadas en estadísticas oficiales. Unicef ha tomado en cuenta cuestiones esenciales que van más allá de los ingresos monetarios. Realizó una medición multidimensional, con el abordaje de distintas categorías, entre las que faltan salud y nutrición, porque no son registradas por el INDEC.

Para peor, el 20%, casi la mitad de ese total, se enfrenta a “privaciones severas”, como vivir en una zona inundable y cerca de un basural, o no haber ido nunca a la escuela entre los 7 y los 17 años, o no contar con acceso a agua segura para beber.

Los valores son más adversos en hogares con jefes de hogar con bajos niveles educativos, empleos informales o desempleados. Y la pobreza infantil se eleva en los hogares monoparentales, donde hay una sola proveedora de ingresos, que además se hace cargo de las tareas domésticas y de cuidado.

 

¿Pobreza cero?

 

Las mediciones del Indec no dicen algo muy diferente: los porcentajes son levemente menores, pero vienen en subida. El último registro fue la del primer semestre de este año: 27,3% de la población es pobre. Y continuará en esa condición. Con un agravante: más masas de compatriotas se sumarán a la pobreza e indigencia. Se espera que este mes, supere con holgura el 30%.

No le dice Unicef, ni el Barómetro Social de la Universidad Católica, ni la oposición política. Lo advirtió el propio mentor del cliché electoral “pobreza cero”. Sí, el presidente Mauricio Macri. Aunque, una vez más echó la culpa a factores externos, antes que a los resultados de su errática política económica.

En definitiva, un argentino de cada tres no se alimenta bien, se educa a medias o no lo hace, es explotado laboralmente o está desempleado, y carece de servicios elementales y derechos vulnerados. Pero, entre los más chicos, las cantidades se agigantan: uno de cada dos pibes y pibas es sometido por la pobreza.

Lejos, muy lejos, de los edulcorados dígitos del kirchnerismo cuando ventilaban menos de un 5% de pobres y los voceros oficiales de la desgracia ajena nos querían emparentar con las grandes capitales de la vida plena y sin sobresaltos económicos, como Alemania y otros estados europeos.

Con tanta prueba estadística en contra, muchos medios extranjeros hasta se interrogaron durante la realización de la cumbre del G20 cómo era posible que Argentina estuviera entre los países con las economías más pujantes del planeta. Es una gran pregunta, porque sobran argumentos para dar respuestas. En contra, claro.

 

Diciembre negro

 

Diciembre es tenso. Este mes se entremezclan sinsabores sociales y paladares festivos, se conjugan la tristeza por la tragedia reciente, la alegría navideña y la esperanza por lo que vendrá. Pero, este diciembre no debería estar presente para nosotros por los fantasmas del pasado, como la hecatombe social y económica del 2001, o la ola de saqueos que asoló Córdoba hace cinco años, entre tantos sucesos para lamentar.

Este presente no tiene nada de fantasmagórico y es bien real. La mitad de los chicos y chicas menores de 18 años son pobres. Ese 48% no es casualidad. No están ahí porque sí. Sigue siendo la gran deuda argentina y una de las peores tragedias que nos toca padecer. Por culpa de quienes gobiernan, que pifian con sus políticas o les importa un carajo la pobreza, sí. Pero, también por nuestra culpa. La de cada uno de nosotros que ve una cifra y se espanta por un rato.

Eso debería bastar para este diciembre. Para reflexionar, para mirar un poco más a nuestro alrededor, para ser más solidarios, más tolerantes, sensibles y asumir las responsabilidades que nos compete como sociedad.

Si no, habrá más diciembres el resto de cada año que vivamos.

 

Foto: Perfíl.com

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