Maratón de candidatos para ser el “Bolsonaro argentino”

Entre Café y Café, Nota de Tapa

Nuevo Protocolo en el uso de armas de las Policías

 

Era sabido.  Apenas terminase el G20, de nada serviría el éxito organizativo del gobierno nacional en el rol de anfitriones de una de las cumbres más resonantes del planeta, los agazapados esperaban. La dicotomía que se ha hecho cuna a través de la “maldita grieta” tendría que ponerse en marcha a minutos de que tomaran vuelos los aviones que pernoctaron por tres días en Argentina. El hambre de confrontación política que es demencial e insaciable, debía soltar el veneno. Por lo que significó el encuentro o porque aquellos que esperaron el fracaso, les fracasó.  Siempre el poder como objetivo. Los que están ylos que quieren estar no se diferencian.

Escribe: Miguel Andreis

En este caso, el nuevo “Protocolo para la Policía”provino del gobierno. Quizás si la economía anduviese por los rieles de la satisfacción colectiva, esta nueva normativa de las armas no se habría lanzado al barro de la chicana; quizás no.

Si el duro trance que atraviesa el país, fuere solo una suave brisa, quizás tampoco estaríamos hablando del protocolo de las armas. Los “quizás” o el “tal vez” son definiciones de suposiciones de lo que pudo o puede haber sido o no.  Lo cierto es que no sabemos vivir sin una constante controversia. Tal vez este singular protocolo seguiría su danza de sangre a lo que ya estamos acostumbrados. La inseguridad es tan parte de nuestro desandar cotidiano que se nos adhirió a las aterradoras improntas que nos atrapan.

Lo cierto es que el debate que incluye a la policía y a los delincuentes se derramó con más propensión ideológica que con la lectura de las preocupaciones que impone la realidad con su inseguridad creciente hasta el hartazgo.

La temática del accionar de las fuerzas de seguridad y el estigma del “gatillo fácil”, acentuado en los años setenta donde su servilismo y funcionalidad para los uniformados de botas, más aún, siendoarietes esenciales de la estrategia del terrorismo de Estado que se fue prolongando mientras las urnas se llenaban de telas de arañas.

Con la democracia llegaron las purgas en los “servidores de la ley”; miles de integrantes de las distintas fuerzas fueron dados de baja. Raúl Alfonsín desplegó una nueva concepción en lo que hacía a las facultades de los mismos. No alcanzó. Diríamos que perdió la batalla.

Desde la otra vertiente, la de delincuencia,  el crecimiento se sustantivaba. Se expandía como flagelo angurriento. La mimetizaron con la pobreza. Un estigma que aún persiste. Entonces el país, cada ciudadano, se transformó en una potencial víctima. No había semáforos para la muerte. No los hay. La espuma de espinas se conformó en un océano enfurecido con la masificación del narcotráfico, la industria que no sabe de desocupados.

Oficiaban de disparadores al enajenamiento

No solo creció el índice del delito sino los volvió más violentos. Lijaron todos los códigos. Cualquier cacatúa puede alquilar una 45 mm o una 22; o unos caños recortados. Muchos de esos “fierros” entregados por la misma policía, fueron herramientas con las que apagaron la vida de propios compañeros. La doctrina del juez Eugenio Zaffaroni les garantizaba impunidad y blindaje jurídico. Jueces que tomaron sus escritos como palabras santas no faltaban. Como nunca en la historia del país, un 12%  más deciviles y policías fueron ultimados más  que maleantes.

Analizar la Policía desde los 70

Claro que no pocos de los que todavía quieren analizar la realidad actual tomando las luchas de los setenta no dejan de señalar a los uniformados como retoños de genocidas que hasta decidieron identificarsecon aquellas dictaduras. Un sector minoritario pero movilizador, continúa con la premisa: Todo tipo con gorra es tu enemigo.

Muy posiblemente algunos  de los servidores del orden tengan en su concepción la vieja desviación psicológica del gatillo fácil, no se los podrá negar, sin embargo, tampoco se puede disimular que antes las cifras expuestas, quienes tienen los dedos más aceitados son aquellos que bajo la justificación de la pobreza comenten los crímenes más aberrantes. Solamente los “motochorros”, conuna modalidad que cobró notoriedad penetrada por integrantes de las “camorras”, mafias de Centro América, comenzaron sus cacerías humanas en Colombia y México. Poco tiempo después coparon Argentina.

En una reciente encuestarealizadapor Management&Fit (M&F) en el orden nacional y publicada por Clarín, da cuenta que el 60% de la población aprueba el nuevo protocolo de seguridad elaborado por el Gobierno.

No faltan lo que infieren que se trata de una medida pensada por el gobierno para las próximas elecciones. A falta de guita lo arreglamos con balas. Le apuntan a la ministraPatricia Bullrich quien lanzó la propuesta que, de hecho, rige  desde el 2006.

El 83% leyó o escuchó hablar sobre el nuevo protocolo de acción de las fuerzas de seguridad federal, que les permiten usar armas letales frente al delito, sin necesidad de dar la voz de alto y sin agresión directa previa. La Resolución 956/18, firmada el 27 de noviembre por Bullrich, dispone que en cumplimiento de su deber se utilizarán armas de fuego “cuando resulten ineficaces otros medios no violentos”. Así, los agentes podrán disparar sin dar la voz de alto o sin agresión previa.

Posiblemente lo que se esconda detrás deestas  declaraciones con argumentaciones válidas pero que se pierden en la trama de las confrontaciones intestinales, como la de Lilita Carrió, lo que se ha puesto en marcha es la “bolsonarización” de Argentina. Comienzan a mimetizarse con el electo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro.

Que hay que poner límites a los desmadrados sociales violentos, hay que ponerlos; que es preciso dar lucha frontal la inseguridad, no se puede negar.

No obstante, en pocas semanas más veremos una interminable maratón de los que creen quecautivarán al ciudadano con este tipo de proposiciones. La inseguridad es mucho más compleja que un grito de “alto” antes de que el dedo presione el gatillo… Extrapolar a Bolsonaro ya forma parte de otra dimensión… que con anteojos sin cristales no la alcanzamos a apreciar todavía.

Deja un comentario


*