Malvinas, Erik Langer y la increíble historia de las fotos

Notas

 

El villamariense Erik Langer (47) es uno de los soldados que por el ´82 debió pisar suelo malvinense y supo de la muerte picoteándole las manos. Otros tuvieron menos suerte. El veterano de la guerra le cuenta a EL REGIONAL una vivencia tan conmovedora como poco explicable desde lo estrictamente racional. ¿Casualidad? ¿Causalidad? Lo cierto es que después de más de 27 años decide regresar a esas islas del Atlántico Sur. El viaje tuvo lugar en el curso del pasado mes, y lo realizó en la compañía de otros veteranos. En su estadía en Las Malvinas, un inglés del lugar lo observó tan atentamente como nervioso. Un día antes de volver a trepar al avión, el isleño se acerca y comienza a temblar y llorar. En su escritorio había varias fotos de soldados argentinos… Ni Erik ni quienes lo acompañaron podían creer lo que estaban vivenciando… la realidad superaba la ficción. En casi todas estaba Erik… El habitante de las islas lo había conocido.

Escribe: Miguel Andreis

Las cartas con las huellas del barro y las pisadas de las botas

Erik narra cómo en el 2002, año en que inauguraron el monumento a los Veteranos de Malvinas, recibiera (25 años después) cartas que les habían sido enviadas durante la gesta. En su caso eran tres. Un periodista inglés que vive en Buenos Aires, en un viaje a las islas llevó varias que habían sido recuperadas por soldados de la Gran Bretaña. Se trataba de documentos de profundos afectos. Jamás pensé que podría recuperarlas;

“El hecho fue que estábamos en Ganso Verde, y en la noche del 27 de mayo nos dicen ‘tomen todas las municiones y la bolsa del rancho que nos vamos al frente’. Y entre las cosas que dejé en el lugar, estaban los escritos. Ignorábamos que nunca más volveríamos al lugar. Posteriormente nos trasladan a la batalla de Darwin, contienda del 28 de mayo a la madrugada donde mueren los chicos de Hernando, Fabricio Carrascull y Horacio Giraudo; también el teniente Roberto Estévez; Arnaldo Zabala que era de Sampacho y los cabos Castro y Godoy. Darwin fue el primer punto de luchas entre tropas. Hasta ese momento todo eran bombardeos de un lado y de otro…”.

14 de marzo de 2009. Más de treinta ex combatientes se embarcan hacia las islas

“El sábado 14 de marzo pasado viajamos a Las Malvinas, con mi esposa, dos veteranos: Walter Balcés y Guillermo Gutiérrez; 9 compañeros de La Plata y 21 de Luján. Nunca más había llegado una delegación tan numerosa a esa geografía. Vía la empresa LAN Chile cubrimos Buenos Aires – Río Gallego, y desde ese aeropuerto a Las Malvinas. Arribamos y nos alojamos en un hostal. Era encontrarse con una porción de la historia de cada uno, extremadamente dura emocionalmente. Demasiadas muertes para dejar que te ganara la indiferencia…”.

¿Situación chocante?

“Pensaba qué iba a sentir cuando llegara.  Sabía que no sería fácil.  La verdad es que descendí tranquilo.

Comenzamos a recorrer a pie puntos claves como el Puerto Argentino, el aeropuerto, el cuartel de los Royal Marine… A cada paso se reflejaba una situación extraña. El lunes salimos a alquilar un vehículo para visitar otras zonas más alejadas. No fue simple encontrar quien nos arrendara. Todo parecía enredarse, a complicarse…”.

 

 

“El martes fuimos a Ganso Verde. Al llegar al cementerio lloré mucho. Eso te parte al medio. Todavía quedan 110 campos minados en las que no se puede ingresar. Están todos marcados. A cada instante aparece algún resto de lo que fue aquello…”.

 

El isleño que faltó…

 

“Teóricamente nos íbamos a encontrar con un isleño inglés que nos serviría de conexión y por problemas de trabajo no pudo concurrir. Se supone que alquilar un rodado no es nada complicado, sólo que allí no es fácil manejar porque el volante está a la derecha y se circula por la izquierda.  Por motivos diversos no dábamos con quienes alquilaban.  Recorrimos las oficinas de información. El trato para con nosotros era amable. Al menos no hostil.  Nos indican que fuéramos a la Falkland Company. Estaba cerrada. Por lo que decidimos llegarnos caminando hasta el museo; pasando por el hospital vemos que un muchacho joven se baja de un Jeep. Walter y Guillermo le preguntan dónde podíamos rentar una unidad y él nos responde en castellano, era chileno, de nombre Robert. Y como si eso fuera poco en el factor suerte, nos dice que donde trabajaba, alquilaban. Le indicamos que habíamos estado allí. Nos replica sobre el horario y cuenta que había cierta reticencia porque anteriormente unos argentinos les tumbaron dos unidades de Orland Rover. Muy atenta, esta persona nos acerca hasta la citada compañía. En ese lugar había un isleño de 37 años que atendía, el chileno le explica lo que buscábamos. Es entonces cuando el nativo le indica al chileno que nos pregunte dónde estuvimos en el ´82. Le explicamos que Guillermo en el Aeropuerto; Walter en el centro de comunicaciones, y yo en Ganso Verde (Green Goose). Y él cuenta que también estuvo allí, por entonces tenía 12 años y había sido tomado prisionero junto a su familia por las fuerzas argentinas. Llamó la atención su actitud después de nombrarle Ganso Verde. Es como que no pudo ocultar su nerviosismo. Nos pide que volviéramos a las 3 de la tarde que acondicionaría la unidad. Así fue.

Lo usamos durante cuatro días. Dos días antes de regresar al territorio argentino, lo vamos a devolver. Walter es quien ingresa primero y yo me quedo con mi señora retratando imágenes. Al entrar a la oficina veo que Walter estaba con el isleño inglés que le mostraba unas cosas depositadas sobre el escritorio. Me llama mi amigo, cuando me acerco veo varias fotografías de soldados, pero la sorpresa crece al momento de verme que estoy en casi todas las fotografías. No podía creer lo que estaba pasando. Después lo supimos, increíblemente, quizás por la cantidad de veces que las repasó, el isleño (John) cuando me vio por primera vez descubrió que yo era el de las fotos. Por eso lo de sus nervios. Sorprendido y señalándole las imágenes le digo ‘soy yo’, y me responde que sí. Llama a una chica que nos había oficiado de intérprete con la que ya habíamos tenido contacto antes. Cuando llega ella, el joven empieza a temblar y rompe en llanto. Y ahí lloramos todos.

Ya un poco más tranquilo nos cuenta que dos años antes llegaron dos veteranos ingleses al cumplirse los 25 años de la recuperación de la isla. Uno de ellos, que estuvo en Ganso Verde, trajo esas fotografías, (en realidad fotocopias de las mismas) y se las entregó. El tema es que esas fotos las había tomado Mauricio Carrascull, el compañero de Hernando, que antes de embarcarnos, estando en territorio argentino, su padre nos sacó varias, y le dejó la máquina con dos rollos. Y él ´gatillaba´ la máquina a todos los compañeros, al pelotón, varias a mí. Siempre andaba con la cámara encima. El día del enfrentamiento (28 de mayo en Darwin), cuando lo matan, llevaba la máquina con los rollos en su bombacha de combate. Se ve que posteriormente algún soldado inglés al revisarle sus pertenencias se llevó los negativos…”.

 

No podía dormirme…

“Desde que regresamos, siempre me daba vuelta entre los pensamientos que algún día esas fotos tendrían que aparecer. Yo sabía que existían. Frecuentemente entraba a los sitios de Internet con la esperanza de encontrarme con ellas.  Jamás imaginé que muchos años después, los enemigos de aquel momento, decidieron llevar las fotocopias a la isla y dejarlas por si aparecía alguien que tuviera relación con las mismas. Pasaron 25 años y una suma de casualidades o causalidades, ya no sé cómo explicarlo, pero lo cierto es que rescatamos parte de ellas. Le pregunté al isleño si conocía algo sobre el inglés que las trajo. No, ni el más mínimo dato. Nos fuimos al hotel, me acosté, pero no podía estar en la cama. Menos dormir.  Mi señora nos dice que salgamos a dar una vuelta. Allí no se ve a nadie en las calles. El frío y el viento son terribles. Íbamos caminando y sí, quien estaba parado en una puerta, era el inglés. Volvimos a charlar, pero tenía como miedo de que lo vieran conmigo. Me dijo algo sobre el hotel donde parábamos, pero no le entendí.  La conmoción no se desvanecía. Esa noche estábamos con el grupo de veteranos jugando al pool y llega él con un sobre. Traía más fotos.  Llegó la traductora y comenzamos a hablar con mayor tranquilidad. Le pedí perdón por todo lo que había pasado y me respondió que no tenían nada que perdonarnos, que no era culpa nuestra, que nos había enviado el Gobierno…Y contó que, por entonces él, siendo un chico, se movilizaba con su padre y cuando entraron en Ganso Verde, desembarcaron las tropas argentinas. Que se demoró en atarse los cordones de los zapatos y alguien le pegó un culatazo, además gente del Ejército le simularon un fusilamiento; que los tuvieron encerrados durante un mes con muy mala y poca comida, siempre con la misma ropa. Mal agua. Con diarrea. Pienso que siempre hablamos de lo que nos pasó a nosotros, pero no lo que les pasó a ellos” remarca Erik.

Cuesta creer que todo se trate del producto de la casualidad. No me lo sé explicar.

“Ahora estoy seguro de que algún día me voy a encontrar con el soldado inglés que envió las fotos. Tiene que tener las restantes. En total serían 48. Me encantaría agradecerle el gesto personalmente.  Por el momento, no tenemos ni el más mínimo hilo conductor, pero después de esto, sé que todo lo imposible puede hacerse posible”.

Un 2 de abril diferente

Erik muestra las fotos. No les que quita la vista de encima. Allí están los rostros sonrientes de varios compañeros que llegaron a un suelo inhóspito acunados bajo el sueño de un delirante que más tarde se convirtió en pesadilla. En esas heladas aguas quedaron más de quinientas vidas de jóvenes; casi seiscientas se apagaron después en suicidios de argentinos que allí estuvieron; mientras que cerca de trescientos corrieron igual suerte entre los ingleses.

El objetivo ahora es encontrar aquel inglés que tiraba desde el otro lado de la trinchera… Erik y algunas familias más, después de muchos años tuvieron un 2 de abril diferente.

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