Argentina: ¿¡Un país sofista!?

Notas

Vale preguntarse si Argentina no es un país de “sofistas”.  De lo que no hay duda es que el actual y el pasado gobierno si lo fueron. A lo largo de nuestra existencia son infinidad los términos que no sabemos su real significado, que los escuchamos, leemos, pero seguimos vacío del conocimiento de su esencia. El sofismo es el culto al engaño…

Escribe: Miguel Andreis

El sofismo generó no pocas controversias entre los filósofos de los diferentes siglos.  Su origenes griego. Rápidamente se extendió por el mundo. Era eficaz. Es eficaz.  Se trataba de personas con algunos conocimientos y poseedores de dialéctica y retórica sobresaliente que vivían de la enseñanza de las palabras. Buen currito, digamos. Claro que con el paso de los siglos la visión sobre éstos fue variando. Los pensadores debatían sobre los sofistas. Tiempos en que se los consideraban sabios porque podían “educar a la gente”. Se conformaron en lo que hoy serían los “asesores” de los pretendientes a políticos o de los que ya alcanzaron un pedazo de poder. Su función, siempre bien pagos, era darle una estructuración dialéctica sobre la manera de manipular a la “Polis” (el pueblo). Hasta hubo escuelas de sofistas. En cordobés básico diríamos que se preparaban para proyectar a garcadores seriales. Los escrúpulos, la moral y la ética no necesariamente deberían ser virtudes de un buen político. Lo trascendente era alcanzar el poder y desde allí todo lo demás era manejable. Sería interminable citar tan solo una parte de los enrolados en este marco. Desde Hitler; Stalin; Mussolini hasta  jefes comunales de pequeñas poblaciones.  Algunos de ellos figuran desde hace años en los cartelitos de las esquinas (nomenclatura) como prohombres de la libertad y de la lucha de los pueblos. Y nos las creímos. A mayor retórica más superlativo reconocimiento social.  La fluidez de la oratoria era más importante que lo conceptual. La veracidad, legitimidad, autenticidad quedaban en el infame plano de la subjetividad.

Los argentinos debemos tener en nuestro ADN algo especial.

Algo así como sofistas inconscientes. Nos deslumbran los “verseadores”. Los falaces. Nos seducen  quienes pueden hablarnos horas, apelando a objetivos no realizados, mintiéndonos las cifras y convenciéndonos que tienen todos los elementos para transformarse en estadistas.

CFK debe ser una de las sofistas con mayor seducción de los últimos años. Un sector de la ciudadanía le cree incondicionalmente. Los convierten en fundamentalismo en cuyos intestinos habita el que ha digerido el sofisma.Las dos gestiones de CFK sacaron de circulación el valor de dos PBI y sus acólitos aún lo niegan. Su trabajo como sofista fue tan efectivo que hasta le creyeron una de las falacias dichas en EE.UU  más evidentes de las carencias  de contenido: “Tengo dinero porque soy una abogada exitosa”. Nunca llevó un juicio adelante y hasta se duda que en realidad sea una jurista. Lo peor es que lo saben y se lo niega.

CFK, sus aportes a la falacia

Claro que quedarnos solamente en ella como una referencial del sofisma, es una gran equivocación. A los argentinos nos gustan los sofistas.  Nuestra historia política en los diferentes planos, Nacional, Provincial o local precisarían de la más simple revisión y comprenderíamos de la capacidad de daño de un sofista.

Con el más ínfimo repaso de Carlos Menem, nos atiborraríamos de ejemplos irrefutables. Contarle a la gente que en la lucha de la ciencia nacional por ganar el “espacio” nos permitiría en dos horas estar  en la estratósfera, no se precisa mucho más. O aquel “Si les decía la verdad no nos iban a votar”. Un sincericidio que no generó reacción alguna. Solo argumentos para el humor. Y éste sofista, enorme dañino para el país, atravesó toda su existencia de muertes y estafas, escapándole a la Justicia, para eso fue imprescindible que los hombres de toga le fueran funcionales para su libertad, un enorme manto de impunidad. Es que el sofista o mentiroso en el poder, tiene como objetivo la corrupción y como resguardo la impunidad. ¿Se podría explicar el enriquecimiento infinito de tantos poderosos sin que nadie investigue nada? Décadas bajo este estigma. Seguimos.

Macri, un extraño sofista

Por último entre los sofistas no se puede dejar afuera al actual Presidente Mauricio Macri. Nada o nimiedades de lo que prometió lo cumplió, pero en la columna de lo que dejó de ejecutar, se ensancha con lo no concluido. No cumplido. No consumado.  Seguramente no es su oratoria el principal factor de seducción. Prometió no solo la “pobreza cero” frase que puede deslizar, con un mínimo conocimiento de lo que acontece en nuestro país, tal solo un sofista o undelirante.

Las opciones

Como se observa  hasta el momento, para el 2019 todo nos puede llevar a suponer que arribaremos  a las urnas a optar entre dos sofistas y otros que están en el banco de posibles, no demasiado creíbles.  Ella y él que tienen detrás de sí, al –aproximadamente- 60% de los ciudadanos. El resto intenta con cierta impotencia resistirse a esa realidad quizás porque lo saben o intuyen que un sofisma es una engaño, que se lo presenta como válido, como factible y no deja de ser una falsedad con la que se condena a la exclusión cada vez a mayor cantidad de personas. Platón, Sócrates y otros grandes pensadores definían al sofismo como unairrealidad que debía multiplicarse en el seno del pueblo en función de réditos propios. Quizás que este apego que tenemos la sociedad argentina para que nos falseen… sea uno de los flagelos más difíciles de combatir…

¡¡Nos gusta que nos mientan!! ¡¡Admitámoslo!!

2 comments

Deja un comentario


*