El Chocolate “Perón” es el mejor chocolate

Notas

Este Perón no tiene nada que ver con el que fue varias veces presidente de los argentinos. Solamente es una coincidencia con un artículo debido a la pluma de Eduardo Wilde en épocas en que nuestro ex presidente era casi totalmente desconocido. Wilde fue un escritor, médico y político, que desempeñó altos cargos, entre ellos el de ministro de Instrucción Pública de Julio Argentino Roca en su primera presidencia y ministro del Interior de Miguel Juárez Celman; y en la segunda etapa de Roca representó a nuestro país en diversas naciones de Europa. Murió en Bruselas en 1913.

Escribe. Dr. Juan María Olcese

Eduardo Wilde fue fino humorista. Cultivó con éxito la narración. El más importante de sus trabajos es su autobiografía y se titula Aguas abajo. Su obra se encuentra principalmente en los volúmenes titulados Prometeo y Cía. y Tiempo perdido, y en algunos libros de viajes.

El artículo lo he leído en un viejo tomo de la antes muy conocida editorial Jackson  y mi tarea ha consistido solamente en traerlo a conocimiento público, respetándolo a la letra,  porque, fuera de sus valores innegables, se da esa coincidencia que despierta por lo menos una sonrisa, aunque tal vez el propio General no lo hubiera recibido así, pues se debe recordar que, en un programa de televisión cómico de esa época, solía aparecer un actor que muy bien lo representaba físicamente pero sin implicar ni el más mínimo agravio ni burla a su personalidad: empero –según decires— no le gustaba a Perón, al punto que el actor habría querido saludarlo personalmente, pero sin resultado.

Hecho esta aclaración cumplo en transcribir a la letra, las palabras de Wilde que he respetado escrupulosamente.

Todos los habitantes de París primero, los de Francia después y los lectores de los diarios franceses de todo el mundo, leyeron durante años, el magistral anuncio y como los hombres tienen mucho de monos, verdad que se ha reconocido aun antes que Darwin demostrara nuestro parentesco con esos animales, todos a una leían y repetían: el chocolate Perón es el mejor chocolate.

Sea que fuera la costumbre de oír y repetir la mencionada afirmación, sea que alguien la tomara como verdad admitida, desde el primer momento, lo cierto es que por esa especialidad del género humano que consisten en hacer verdad de lo que no es a fuerza de repetirlo, llegó un día en que todos se convencieron de que, en efecto, el chocolate Perón era el mejor chocolate.

El anuncio sin contradicción había hecho su efecto; la casa de Perón era un verdadero jubileo y el mencionado Perón, expedía por precios fabulosos, una infame mercancía.

Hubo más, desde Madrid, que es la ciudad en que indudablemente se toma más chocolate, se solicitó facturas del señor Perón y una sucursal fue establecida en aquella corte y la reina no tomaba otro chocolate que el de Perón; comenzó la falsificación y hasta los mismos chocolateros que confeccionaban chocolate mejor que el de Perón, se vieron obligados a poner el rótulo francés a su chocolate, pues no tomando nadie sino chocolate de Perón, se exponían a quebrar si se obstinaban en vender otro chocolate.

El Papa, que también por aquella época tomaba chocolate Perón, viendo el éxito fabuloso obtenido por aquel anuncio lacónico y que importaba una sentencia, decidió usar el mismo método para afirmar su gobierno y ordenó a todos los papistas de la tierra, que no se cansaran de escribir y repetir esta frase plagiada del anuncio del chocolate: “el gobierno del Papa es el mejor gobierno”.

Pero los plagios suelen hacer una triste carrera, comparada con la que hacen las ideas primitivas y así, aunque durante muchos años, todos los periódicos ultramontanos decían: “el gobierno del Papa es el mejor de los gobiernos” y todos los devotos de la tierra repetían lo que esos diarios afirmaron, el gobierno del Papa no ganó muchos nuevos prosélitos.

En Buenos Aires, durante la lucha electoral que ha concluido, felizmente, por más que no lo confiesen los opositores de la prensa, hemos tenido la repetición del anuncio de Perón, aplicado con un éxito lamentable, a la política de la época.

Eduardo Wilde, agosto de 1874 (págs. 180 a 182, de su libro “Tiempo Perdido, Ediciones Jackson, circa 1900).

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