Vivir con miedo

Notas

¿Cómo vive y actúa una víctima? ¿Con que se enfrentó y a que se enfrentará?

Escribe: Daniel Rodríguez

Si de patologías hablamos, en las personas violentas podemos encontrar varias que son básicamente tóxicas para todo su entorno. Ahora ¿Qué sucede cuando esa persona pasa a formar parte de nuestra vida y volver cada día un calvario?

Hombres y mujeres, aunque ellos son más, son cotidianamente expuestos y denunciados por graves hechos de violencia; y no solamente eso, en lo que va del año ya se anunciaron 22femicidios, aproximadamente ante los ojos del estado (una cifra por demás alarmante).

Todos hemos conocido a víctimas de violencia y ya va siendo hora de dejar de mirar para otro lado. Y cuando hablamos de ésta definición no solamente nos referimos a la cuestión física; hay también una verbal y psicológica que vuelve a ese árbol un bosque impenetrable del cual es fácil entrar, pero difícil emerger.

El aislamiento con respecto a las amistades y los seres queridos, el control de horario, de ropa y hasta de billetera; síntomas que van desembocando en un final anunciado: a ninguna víctima jamás se le puede criticar por ello: es tan espiralada la violencia que termina invadiendo hasta el lugar más recóndito.

Un problema que año a año es arrastrado por muchos hasta un que en un determinado momento la cuestión se vuelve insoportable.

El falso final

Ahora, siempre llega el momento en que una persona decide dejar a otra. Pero, lo que parece el fin de la problemática, realmente revela otra trama aún más feroz: el de un ser posesivo capaz de perseguir hasta el rincón más recóndito a su ex pareja, ya que comienza a mirarla como algo de su pertenencia.

Cuarenta llamadas perdidas por noche, mensajes de texto, cuentas de Facebook falsas que de repente un día te agregan y cruces “casuales” que no son más que cuestiones intencionadas para generar la incomodidad.

En medio de todo ello surge un problema: hacer cotidiano el hecho de sentir temor. Achicar la cantidad de salidas a la calle, no querer conocer a nadie, resignarse a pensar que toda la gente es igual o terminar sometiéndose a las peores humillaciones con la vaga alucinación de que hay un merecimiento respecto a esto. Obviamente, esto antes nombrado, no es más que una artimaña enquistada por la malévola intención del monstruo que un día fue algo de lo más dulce para finalmente convertirse en un lobo.

Si sos víctima de violencia de género llama al 114.

Foto: Clarín

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