El festival, a pesar de todo, sigue brillando

Notas

Tras la edición número 52 del Festival, la organización se mostró conforme con su desarrollo. Aunque no mostró el nivel de artistas de otros años sobre el escenario, el Anfi sigue brillando. Los pros y contras del evento.

Se sabía. No iba a ser fácil para la organización mantener la programación de elite que se había forjado en los últimos años. La trascendencia de los artistas extranjeros convocados, salvo contadas excepciones, no se comparó con la dimensión y trascendencia de los que pisaron el escenario del anfi en los pasados febreros. Pero, así y todo, con una satisfactoria respuesta del público, el evento máximo de Villa María, volvió a brillar. Con algunas debilidades de por medio y en un contexto con viento en contra, lo hizo de nuevo.

Es que, repetimos, no existe en el país un evento popular de características similares a las del Festival de Peñas de Villa María, ni con su calidad en la producción y puesta en escena ni con la diversidad de su propuesta artística. Eso sí, de la liturgia folclórica poco y nada queda.

Sorpresas y no tanto

La grilla no contenía la misma seducción que en otros años. Pero hubo aciertos. Las mayores comuniones entre artistas internacionales y público se logró con Ricardo Montaner el viernes y Sebastián Yatra el sábado. Junto con la noche del cuarteto, un acierto total en cada edición, la del sábado fue la jornada más explosiva. La noche final tuvo en Luciano Pereyra su punto más elevado. Además, el cantante aportó esa frescura que se perdió sin el arribo de Axel, que había sido anunciado en la previa.

El cuarteto tuvo protagonismo en otras noches además del lunes: las canciones de Rodrigo “Qué ironía” y “840” fueron reversionadas por Fabricio Rodríguez y el español Pablo Alborán, respectivamente, para delicia de los asistentes.

Con artistas locales y también nacionales, el clásico evento tuvo respuesta del público.De igual manera, se trajeron glorias que parecían haber quedado atrás, tal como Pimpinela o el polémico show de Cacho Castaña. Es que el cantante, en un estado bastante crítico (estuvo con respirador)  dispuso de la orquesta sinfónica villamariense para ejecutar sus canciones. Un reducido grupo de mujeres que protestaron en la tribuna por su presencia recibieron la reprobación del resto del público.

Entre los aciertos, figuran los espacios exteriores dispuestos para que los que no ingresaron al coloso de cemento pudieran disfrutar de algunos atractivos y de lo que ocurría sobre el escenario mayor.

Puntos flojos

Como en otras ocasiones, el Festival fue usado como caja de resonancia política, quizás para marcar el terreno en cuestiones partidarias internas. Menos en una época preelectoral. Las presencias de funcionarios y dirigentes de todo calibre estuvieron a la orden del día. Entre ellos, el precandidato presidencial Sergio Massa, que compartió butacas con el intendente Martín Gill y el delegado del gobierno provincial, el ministro Carlos Massei. En tanto, diferentes intendentes visitaron la carpa de prensa para promocionar sus festividades.  

A diferencia de lo que ocurrió en ediciones anteriores, esta vez no se pudo colocar el cartel de localidades agotadas, salvo en la noche más popular de todas. Varias jornadas tuvieron claros en medio de la platea. Algunas versiones afirman que hubo mucha gente que logró ingresar sin pagar su ticket, con entradas de cortesía.

Los artistas desfilaron para ofrecer conferencias, en general breves, mixturadas con anuncios políticos y presencias de funcionarios de otras provincias. El contacto con los periodistas de Ricardo Montaner fue inversamente proporcional a la entrega con el público. El artista decidió no hablar, aunque sí lo hizo con el medio nacional Infobae.

Medios de toda la provincia y distintos puntos del país se acreditaron para esta edición. Pero, algunos pocos reciben un trato preferencial con acceso a sectores que están vedados para la mayoría. En la carpa, algunos periodistas se quejaron por las condiciones de la carpa, sobre todo en las noches de lluvia y viento.

Por otro lado, por enésima vez, haciendo uso de las leyes del mercado, el fernet en la noche del cuarteto aumentó repentinamente: de 200 pasó a 250 pesos. Una costumbre no tan grata para alguien que repite en las noches o en los adolescentes que juntan peso por peso para no faltar a la fiesta grande.

Pero, más allá de todo, el evento magno de Villa María, sigue brillando. Será momento luego de sentarse a hacer números con la obligación de hacerlos conocidos para el gran público y perfilar en medio de las turbulencias de un movido año electoral la próxima edición del Festival de Festivales.

Deja un comentario


*