Le decían Chuchana

Notas

Escribe: Miguel andreis

Mirtha Susana Ríos, 70 años. Tal vez este nombre por sí mismo nonos referenciedemasiado, en realidad su identificación entre la ciudadanía pasaba por “la Chuchana”, emblemático personaje de nuestra villa. Se nos fue el pasado jueves 14. Una larga enfermedad la fue deglutiendo su anatomía: Diabetes.  Soñaba con los bizcochos y las masas dulces. No se privaba demasiado.  Padecía de sueños libres.

Quedará en cualquier mesa de un bar del centro el aura de su imagen, sentada con la mirada perdida tratando de manotear la nada.  Rastrear su pasado es sumergirse en una sucesión de dolores para los que no hay analgésicos. Muchas inequidades para una sola existencia.  Chuchana tenía la virtud de recordar los nombres de cada uno de los seres que ella quería y sentía que la querían. Le robaron la “S” cuando nació y la suplió por la “CH”.  Su dificultad en el habla no permitía que ni los nombres ni apellidos tuvieran la fonética adecuada. Eso no importaba.  El paso del tiempo le fue entregando el afecto de la gente. No sé si de todos. Pero sí de la absoluta mayoría. Aquel “dos pechos” (dos pesos) pasó al archivo con la inflación. Había que aumentar la cifra.Subió achinco y luego a 10.

La solidaridad de los villamarienses no se extraviaba. Por años almorzó en un comedor de la primera calle de la Gral Paz. Allí estaba el plato de comida. Hubo muchas manos extendidas. Muchas.

Nunca sabremos si fueron 7, 9 u once los hijos que tuvo.  Con ella se llevó el dolor de sus retoños que se fueron antes.  Podía inventar un insulto con la velocidad de un refucilo o generar anécdotas memorables.  Los negros ojos se quedaban por horas petrificados en la nada mientras algún mozo le servía algo… Miraba sin ver. Contestaba sin ver.

Casi ya no quedan personajes en la villa. El tiempo y la modernidad los fue espantando a estos patrimonios que la vida los pintó con otra paleta.  Adiós a la “Chuchi”. A la frescura de sus ocurrencias. Muchas de ellas como un factor de defensa. Pocos como ellas supieron de los alfileres de la marginación. Los últimos años los pasó bajo el techo del hogar de Ancianos.

Entre ese cúmulo de hechos imborrables en la imaginación popular, se puede citar uno que ella fue actriz principal y la pinta de cuerpo entero. Verano del 2000. Sentados en las mesas ubicadas en la calle Buenos Aires, en la vereda del “Argentino”, se encontraba el querido Toto Storani, tipo generoso si los hubo, “cliente firme del pechazo” de la Chu; el Negro Campodónico y una barra que vaya a saber dónde se juntarán ahora para discurrir las discusiones políticasy las risas que cotizaban en bolsa.  La Chu se acerca al Toto y le dice que necesitaba unos “pechos” para comprar pastillas para la diabetes. El Toto manotea la billetera y mientras sacaba un billete de los grandes, le recrimina, “bueno tomá, pero andá a comprar las pastillas, que no te vea comiendo medialunas o tomando Coca”. La advertencia no buscaba otra cosa que -sabiendo que no la cumpliría-, cuidarle su deteriorada salud. Los dulces la perdían.  Ella cariñosamente respondió: “Sí Totito, si Totito”. Minutos después se cruza al otro bar (ahora de la Música) y pidió exactamente una Coca con medialunas. El Toto le hacía señas con la mano “ya voy a dar a vos”. Termina la gaseosa y volviendo hacia el Argentino detiene un remise… Tenía dinero,  se sube, baja el vidrio y haciéndole  señas con ambas manos, un círculo con los dedos  y un dedo que se metía en el mismo, y le grita…. “Te culi… che Totito..”.

Ella sabía que al otro día todo volvería a ser igual con los muchachos. Por allí quedará flotando junto con ella la carcajada que brotó de las mesas.

Esa era la Chuchana. 

Hasta que las estrellas nos señalen en cual de ellas te vas a sentar , sin apuros, ni llagas incurables del alma, sin esa bolsa que nunca dejó de acompañarte, allí te quedearás con los labios de rojo carmesí a ver pasar la eternidad…

El irreversible Adiós Mirta Susana… chau querida Chu… 

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