Cambiar para que poco cambie

Notas

Córdoba está que arde. Mientras Cambiemos muestra sus fisuras tras el despedazamiento interno entre Mestre y Negri, el gobernador Schiaretti lanzó la nueva fuerza que reemplaza a Unión por Córdoba y agrupa a espacios progresistas antes distanciados del peronismo. Gill y Graglia, en primera fila.

Escribe: Germán Giacchero

No haría falta ni usar el DeLorean, el auto de “Volver al Futuro”. Si hace unos pocos años atrás, unas dos décadas o menos, a un cordobés le hubieran dicho que en un mañana no tan lejano estarían a punto de batirse a duelo electoral dos encumbrados dirigentes del radicalismo y que esa fractura interna facilitaría la extensión de la hegemonía peronista en el gobierno por un total de 24 años, no lo hubiera creído. Es más, respondería que se trataba de un delirio.

Pero, en política todo es posible.

Con Cambiemos convertido en un polvorín como telón de fondo preelectoral, el mismo día que los secesionistas Mario Negri y Héctor Baldassi anunciaron la creación de una nueva alianza, “Córdoba Cambia”, el gobernador Juan Schiaretti lanzó una maquillada versión de “Unión por Córdoba”.

Córdoba en los logos, Córdoba en las pantallas y en los carteles, Córdoba en el medio del ring para ver quién se queda con la codiciada presa.

“Hacemos por Córdoba”en apariencia visual no se diferencia en casi nada de su antecesora, al igual que “Córdoba Cambia” de “Cambiemos” en el polo opuesto. Pero, al peronismo sumó la fuerza de partidos más chicos, como el Socialista y el GEN, entre otros.

Así las cosas, Schiaretti no solo celebra la implosión de la mayor fuerza opositora; también se muestra exultante por la incorporación de dirigentes y fuerzas que antes mostraban cierta distancia o reticencia al oficialismo provincial.

La presentación en sociedad permitió conocer que entre los antiguamente díscolos ahora figuran como aliados el exintendente cordobés Daniel Giacomino, hombre de Concertación Forja cercana al kirchnerismo, y el jefe comunal de Carlos Paz, Esteban Avilés, de origen radical pero representante de una alianza múltiple. También se sumaron los delegados mediterráneos de Margarita Stolbizery del socialismo que supo entretejer pactos con el radicalismo no hace mucho tiempo. “Macri lo hizo posible”, descerrajó el hombre del GEN Miguel Ortiz Pellegrini para dar cuenta de esta situación.

“La realidad debe nutrirse de otras expresiones políticas. Para quienes somos pluralistas, federales y creemos en el progresismo, es fundamental saber que hay otros que, pensando distinto, tienen mucho que aportar”, remarcó el mandatario al cerrar su discurso.

Así como hoy suma a sectores del espectro ideológico progresista, en su génesis, Unión por Córdoba supo aglutinar a agrupaciones partidarias más ortodoxas, como la Ucedé.

¿Y el vice está?

Rodeado por sus espadachines más leales, Carlos Caserio, Alejandra Vigo, Carlos Massei, entre otros, Schiaretti anticipó que los partidos anexados tendrán una participación más allá del protocolo de campaña. No solo dijo que sus delegados tendrán lugar en el armado de listas para legisladores y otros cargos, también anunció que la conformación de su eventual gabinete tendrá en cuenta los nombres de esas fuerzas minoritarias. En este sentido, trascendió que Avilés tendría asegurada una posición con cierto privilegio entre los candidatos a la Unicameral. Pero, se sabe, Schiaretti no resignará como su escudo humano a los hombres de su palo.

Entre los intendentes que no pegaron el faltazo estuvieron el villamariense Martín Gill y su par de Villa Nueva Natalio Graglia. Ambos ocuparon espacios de privilegio, próximos al centro de la escena principal.

Más cerquita, estuvo el legislador riocuartense Carlos Gutiérrez, quien supo ocupar un cargo ejecutivo en la Provincia. Es uno de los dirigentes de fierro para Schiaretti y es uno de los nombres que suenan para acompañarlo como vice en la fórmula central. Aunque, otras versiones apuntan a otro funcionario fiel al Jefe, el titular del Ministerio de Obras Públicas y Financiamento, Ricardo Sosa.

Gutiérrez, incluso, figuró como segundo del gobernador en una encuesta que desde la Casa Rosada encargaron a la consultora Poliarquía para evaluar el potencial desempeño de Negri y Mestre, juntos o por separado, en una virtual pelea electoral. Todos los escenarios del relevamiento encargado por Cambiemos dieron por vencedora a la fuerza política que ocupa las oficinas del Panal.

Puñaladas radicales

No hubo consenso ni interna. Por lo menos no hay acuerdo, por ahora. El plazo vence el 23 de marzo y este sábado Ramón Mestreesperaba que la UCR lo consagrara como el candidato por la histórica lista 3. Antes, el miércoles último, Negri, Baldassi y Luis Juez inscribieron la alianza que contiene al PRO, el Frente Cívico y a la Coalición Cívica-ARI.  Una coalición que, por esas cosas curiosas de la política, lleva como principal postulante a un viejo conocido del radicalismo, como es Negri.

Al igual que con el nuevo ensayo schiarettista, el diseñador gráfico no tuvo demasiado trabajo en el rediseño de la imagen: prácticamente es igual a la de Cambiemos. Y están casi todos los mismos de antes.

Intereses personales y asuntos de ego aparte, la grieta entre ambos correligionarios no hace más que allanarle el camino a Schiaretti para lo que asoma como un seguro triunfo el 12 de mayo. Igual, más allá de las heridas que puedan dejar las esquirlas de esta contienda interna, varios sectores de la UCR sonrieron cuando se oficializó la ruptura. Que se rompa, pero que no se doble, añoraron algunos nostálgicos.

La política seguirá dando sorpresas. Pero, un lavaje de rostros, algo de maquillaje, un poco de brillo artificial y algunas caras nuevas en el palco central no significan necesariamente un cambio en serio en las principales fuerzas adversarias.

Es poco menos que cambiar algo, para que cambie poco. O casi nada.

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