Un hermoso niño rubio

Notas

En medio de la siesta del litoral, un pequeñín parece muy amigable pero es el portador de grandes maldiciones.

Escribe: Daniel Rodríguez

El viento jugando va /En medio del guayabal /Cruje de pronto el yerbal /Saludando al parecer /Porque ha pasado silbando /El Yasy-Yateré (Alcibíades Alarcón)

Allí va ese hermoso niño rubio. Es pequeño y está completamente desnudo. Sus cabellos ondulados se mueven por el viento y el sonido de su bastón sobre el suelo muestra su presencia.

Portador también de un silbato (con el que imita el canto de un pájaro) el Yasí Yateré vive en los bosques misioneros y tiene debilidad por los niños: es que le encanta reunirse a jugar con ellos.

Su bastón es la varita mágica con la que atrae a sus compañeros de juego para luego “devolverlos” totalmente distintos.  Es que tras entablar amistad, Yasí se los lleva pero ellos retornan sordomudos “o tontos”.

La luna en su ser

Él no es más ni menos que el mito que encarna al astro blanco que nos ilumina en cada noche. Su nombre, Yasy (luna, en guaraní), lo está indicando, aunque Yateré parece más una deformación del original. Pues se entiende que bien pudo haber sido Yaveté (al mismo tiempo), o algo así como su representación.

Este cupido (o Eros) travieso suele andar dando vueltas durante la siesta, sobretodo en la época de cosecha de maíz, ya que ama comer sus semillas bien tiernas.

Por esta misma cuestión las madres les piden siempre a sus hijos que no salgan a andar “cabeceando”  en la tarde. Ya que Yasí, buscando divertirse, también caza y se baña en cuanto charco de agua encuentre en su recorrido.

Hábitat

Aseguran que lo han visto viviendo en los huecos de los troncos de los árboles y que duerme en las alturas de las ramas con el fin de no ser atrapado.

Se dice también que es ventrílocuo y con eso puede atraer a los más pequeños con el fin de raptarlos. (Aunque el sonido de aves que él emana con su silbato es realmente seductor).

Llevándolos a su refugio, en el bosque tupido, allí los retiene durante algún tiempo mientras los alimenta con miel silvestre y frutas. También juega con ellos y al fin los suelta o los deja enredados en una liana (ysypo), pero los niños ya no son los mismos: se han vuelto tontos o idiotas (tavy: akã tavy), mudos (ñe’ engu) o sordomudos.  

Si bien algunas versiones afirman que después de un cierto tiempo hay recuperación, hay ocasiones en que, al cumplirse un aniversario, se manifiestan convulsiones.

El problema es el beso sobre los labios.

 Los que saben manifiestan que cuando Yasy Yateré, como muestra de afecto besa al chico en la boca, es cuando éste tiene un viraje en sus actitudes; ahí, al aburrirse, el niño rubio finalmente los libera.

Para mayor seguridad, los que quieren ganar su amistad tiran tabaco alrededor de sus casas o en las entradas de los bosques; pero no siempre eso lo detiene.

El ser mitológico también tiene su punto débil: cuando  pierde su bastoncillo y su silbato se vuelve inofensivo, porque perdió su poder mágico. Se cree, también, que una manera de apoderarse de esos símbolos de su poder, es embriagándolo, pues gusta de beber.

Aún así, nadie está tranquilo entre las 13 y las 17, porque entre el sonido de las ramas, también se oye el de sus pasos. Y ojo con ellos, porque tiene los pies al revés; algún desprevenido, al ver sus pisadas piensa que se está marchando pero no, está allí, tal como siempre.

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