Villa María: la feria de las vanidades

Notas

Escribe: JOSÉ NASELLI  (ex Tribuno – Vecino)

SOBERBIA

Hace unos 20 años, tuve la oportunidad de solazarme con la película “El Maestro de Música”, dirigida por Gérard Corbiau y protagonizada por un tenor belga llamado José Van Damm, un magnífico trabajo cinematográfico que combina paisajes, coloridos escenarios, pincelazos musicales de gran calidad, y, sobre todo, desarrolla una trama argumental simple, pero suficiente para intrigar al espectador. Narra la historia de un cantante lírico (Joaquim Dallayrac) que en su juventud venció a otro trovador del “bel canto” (Príncipe Scotti), en un memorable duelo de voces. En el esfuerzo, Scotti arruinó sus cuerdas vocales, quedando marginado para siempre de lo que parecía una promisoria carrera artística. A partir de allí, el encono y el resentimiento fue la tónica en la relación entre ambos. Rememorando tal particular duelo, un alumno de Dallayrac, le expresa a su maestro su convicción de que éste había vencido a Scotti “…porque tú eras el mejor…”. La respuesta del maestro me impresionó por su profundidad psicológica: “…NO, EL QUEBRÓ SU VOZ PORQUE SE CREYÓ QUE ERA EL MEJOR”.

VANIDAD Y ORGULLO

La ruina artística de Scotti fue consecuencia de su soberbia, esto es, una sobrevalorización de uno mismo, por encima de los demás. La “soberbia” se distingue del “orgullo” en razón de que éste puede llegar a ser considerado como positivo, cuando se trata de causas honrosas o edificantes. Mientras, la soberbia, es fruto de la vanidad, del ego, del amor a sí mismo. Es una especie de debilidad humana, de necesidad imperiosa de sentirse halagado, admirado, por los demás. Y conforme está plenamente demostrado, la soberbia engendra a su vez un amor patológico al dinero (CODICIA) y al poder (FILARGÍA).

VILLA MARÍA – FERIA DE VANIDADES

A mediados del Siglo XIXvio la luz una novela denominada La Feria de las Vanidades (Vanity Fair) que satirizaba la sociedad inglesa. Allí se alude a una gran feria que funcionaba en una ciudad llamada “Vanidad”, que exhibía la atracción pecaminosa del hombre por las cosas mundanas. Como simple observador de la realidad política de la Ciudad de la cual soy vecino, la misma se me representa como una interminable exposición o feria, en la cual se exhiben, de manera más o menos visible, las vanidades de un sinfín de personajes, dominados por una soberbia imposible de disimular, una irrefrenable ambición por el poder, y una codicia que no conoce barreras. Es la misma sensación que me comunica Discépolo, que luego de afirmar que “CUALQUIERA ES UN SEÑOR, CUALQUIERA ES UN LADRÓN” compara esa realidad sociológica con “LA VIDRIERA IRRESPETUOSA DE LOS CAMBALACHES”.

LA SOBERBIA Y EL PODER En estos tiempos, el desfile de los soberbios. parece interminable.  Y muchos de ellos, se exhiben, sin pudor, EN LA VIDRIERA CAMBALACHESCA DE LAS CANDIDATURAS. La tergiversación, la escapatoria y el subterfugio son el pan cotidiano de declaraciones periodísticas que buscan justificar lo injustificable. Y cuando digo esto, me estoy refiriendo TANTO A OFICIALISTAS COMO OPOSITORES. Aunque los primeros tienen la enorme responsabilidad de haber utilizados los recursos del estado en situaciones NUNCA ACLARADAS. Hasta leemos por allí, que un candidato se ufana admitiendo que, habiendo sido objeto de varias denuncias, JAMÁS FUE CITADO A DECLARAR POR NINGUN JUEZ Y POR NINGUN FISCAL. Como se dice en la jerga leguleya: A CONFESIÓN DE PARTE, RELEVO DE PRUEBA. La claudicación de la magistratura villamariense, cuando se trató de investigar a algún personaje público, me revuelve las entrañas, tanto en mi condición de abogado, como de simple ciudadano. Jueces y Fiscales que, con su actitud omisiva, han expedido un falso SALVOCONDUCTO DE HONESTIDAD a varios personajes, que hoy pasean sus sonrisas prefabricadas, por la vidriera irrespetuosa de una sociedad tan pasiva, indiferente y distante, que me recuerda a los MUERTOS QUE CAMINAN. Y al resguardo de ese virtual “permiso para delinquir”, que algunos llaman “impunidad”, exhiben una VANIDAD sin límites, propia de los que se creen LOS MEJORES. A todos ellos les recuerdo una frase de José de San Martín.  “LA SOBERBIA ES UNA DISCAPACIDAD, QUE SUELE AFECTAR A POBRES INFELICES MORTALES, QUE SE ENCUENTRAN, DE GOLPE, CON UNA MISERABLE CUOTA DE PODER”.

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