A la memoria de Luis Alberto Spinetta (1950-2012) Alma de diamante

Notas

Por: Iván Wielikosielek

Si a “Muchacha ojos de papel” la hubiera compuesto Paul Mc Cartney, hoy sería una balada de amor universal como “Yesterday”. Si “Pescado Rabioso” hubiese sido un grupo inglés de proyección en vez de un cuarteto porteño underground, hoy compartiría cartel junto a Led Zeppelin y Dee Purple entre las mejores bandas heavys de los setenta. Si al disco “Artaud” lo hubiese grabado cualquier folk-singer en un estudio de Nueva York, hoy se diría que ese folk-singer es, junto a Bob Dylan y Leonard Cohen, el poeta más grande del rock mundial. Pero a esta constelación de fabulosos discos y canciones las realizó un muchacho de Bajo Belgrano en un país donde el rock era un fenómeno aún naciente. Pero el muchacho aquel no se contentó con plantar algunas de las semillas más fuertes de un árbol inmenso (ese que hoy sigue ramificándose en todas las direcciones) sino que además se ocupó de producir muchos de sus mejores frutos: las doradas manzanas del sol y humanos duraznos sangrando. Y se volvió canción, barro tal vez, músico singular y orgullosamente intraducible a otras culturas, aunque con un alcance universal tremendo; un compositor e intérprete comparable en importancia y proyección a Carlos Gardel, Atahualpa Yupanqui o Charly García, para nombrar los grandes cantautores argentinos. A eso lo sabemos recién hoy, porque acaba de morir o de volverse inmortal. Se llamaba Luis Alberto Spinetta, pero en el jardín de los presentes será por siempre “El Flaco”.

Mañana es mejor

No cualquier país tiene la suerte de contar con un Luis Alberto Spinetta entre su rock. Diríase que un movimiento así no puede tener excusas para no ser de alta calidad musical y poética. Y de hecho, el primer disco de “Almendra” ya contaba con perlas casi inconcebibles grabadas por un chico de 19 años: “Muchacha ojos de papel”, “Fermín”, “Plegaria para un niño dormido”, “A esos hombres tristes”, “Ana no duerme”, “Laura va”, “Tema de Pototo”… Pero sólo dos años y dos discos habría de durar el grupo. Para 1972, las dulces baladas dejaban paso a “Pescado Rabioso”, una formación power que marcaría un antes y un después en el rock argentino, un manual fabulosamente vigente a la hora de mixturar el grito con el susurro, la distorsión con lo acústico, la rabia con la poesía. David Lebón en bajo, Black Amaya en batería, Carlos Cutaia en teclados y Luis Alberto en guitarra, como una delantera de todos los tiempos. “Desatormentándonos” y “Pescado Dos” están, sin dudas, entre los mejores discos del rock en español: “Pos crucifixión”, “Nena boba”, “Poseído del alba”, “Como el viento voy a ver”…
En 1973 llegará la que es considerada por muchos, la obra cumbre de Luis Alberto Spinetta: “Artaud”. Grabado como “Pescado Rabioso” por un acuerdo con el sello discográfico, este es en realidad el segundo disco solista del Flaco; una fabulosa posibilidad poética en formato long-play, un experimento sensitivo y cromático en clave sonora, y sobre todo un homenaje al poeta francés Antonin Artaud y al pintor holandés Vincent Van Gogh, unidos en el verde y el amarillo de la tapa. “Aquellas sombras del camino azul, ¿donde están?/ yo las comparo con cipreses que vi sólo en sueños/ y las muñecas tan sangrantes están de llorar./ Yo te amo tanto que no puedo despertarme sin amar.”, decía su “Cantata de puentes amarillos”, un tema acústico de nueve minutos que podría ser definido como un fabuloso manifiesto surrealista rioplatense apostando por el futuro: “aunque me fuercen yo nunca voy a decir/ que todo tiempo por pasado fue mejor/ mañana es mejor/ mañana es mejor”, gritaba el Flaco desde su estribillo.

Blues de un cantautor inclasificable

Los fans de “Almendra” no se acababan de acomodar a “Pescado” que el grupo se disolvía. Y a mediados de los setenta, cuando sus seguidores empezaban a entender el mensaje de “Artaud”, Spinetta se embarcaba en una nueva aventura musical como si nunca estuviera cómodo en ninguna casilla. El proyecto se llamaba “Invisible”, un trío de fusión que durará también dos años pero legará un puñado de magníficas canciones: “Los libros de la buena memoria”, “Que ves el cielo”, “Niño condenado” y el fabuloso “Durazno sangrando”. Sin embargo, en 1977 Spinetta volverá a ser solista: “A 18 minutos del sol” es el disco que anuncia esa etapa y la fabulosa “Canción para los días de la vida” un hito en su carrera. En 1980 vendrá el Spinetta más pop de todos: “Jade”. “Los niños que escriben en el cielo”, “Madre en años luz” y “Bajo Belgrano” serán algunos discos de la década, junto a “La la la” (placa doble grabada junto a Fito Páez) y sus solistas “Kamikaze”, “Alma de diamante” y “Privée”, donde aparecerá el único tema coescrito con Charly García; “Rezo por vos”. En los ´90, el Flaco grabará más discos de fabulosas: “Don Lucero”, “Téster de violencia” y “Pelusón of Milk”; mientras que volverá al trío-power con “Los socios del desierto”. Los 12 años del nuevo milenio lo verán experimentando una vez más: “Para los árboles” (un disco ecológico) “Pan” (un disco minimalista) y lo que hoy podría ser considerada su despedida: el megaconcierto de 5 horas que realizó en el estadio de Vélez en 2009 repasando su carrera.
Al llegar a este punto, me doy cuenta que a lo largo de esta reseña spinetteana, en ningún momento he mencionado escándalos públicos, declaraciones polémicas o autobombos, acaso porque a lo largo de su vida sólo se ocupó de la creación, haciendo la música que quería y no la que pedían los mercados. Apenas si la fugaz compañía der una modelo pueden poner la nota “cholula” a su vida o a la vida de la chica. Sin embargo lo recuerdo por esas épocas en la tapa de una “Gente” con un cartelito colgado que decía “No lea basura, lea libros”.
Tras su muerte el pasado 8 de febrero, no recuerdo una sola persona menor de 50 años que no reconociera deberle algo al Flaco; ya sea la guitarra que estaba tocando, los poemas que estaba escribiendo, los proyectos artísticos que alguna vez iluminaron sus tardes o el recuerdo de tantas canciones para los días de su vida. Tras su muerte el pasado 8 de febrero hace una semana y una eternidad, muchos lo invocan al Flaco, le piden su bendición o una dosis de inspiración como a una musa o un santo. Y se lo piden, casi palabra por palabra, con la letra de una de sus fabulosas canciones: “Ven a mí/ con tu dulce luz/ alma de diamante/ Y aunque el sol/ se nuble después/ sos alma de diamante/”. Y como a lo largo de todos sus discos y toda su vida, Luis Alberto Spinetta viene con su dulce luz.

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