Olimpíadas: El día que los militares nos prohibieron al “Diego de oro”

Notas

La Argentina bi campeón, se queda afuera

Al fútbol, esta vez, se lo mirará por TV. Tras haber perdido en Lima el pasaporte a Londres 2012, nuestra selección será “la gran ausente” del certamen. Los ojos estarán puestos en nuestros vecinos: Uruguay, que no compite desde hace 84 años, y Brasil, que busca por primera vez su medalla.
Este es un repaso por las 7 participaciones albicelestes, y la triste historia del día que los militares nos negaron la única posibilidad de ver al 10… disputar por el oro olímpico.

Escribe: Iván Wielikosielek

El fútbol como disciplina olímpica se disputó por primera vez, precisamente, en Londres. Fue durante los juegos del 1908, y si bien la mayoría de los países europeos contaban con selecciones, el deporte era tan novedoso como desparejo. Aquel campeonato, como no podía ser de otra manera, quedó en manos de sus inventores, los locales.
Será recién en 1924 y en París, cuando una selección sudamericana participe por primera vez de un juego olímpico. No sólo eso sino que los uruguayos, que eran sorpresa absoluta, se alzarán además con la medalla de oro al vencer por 3 a 0 a Suiza en la final. Fue tal la admiración que generaron los “charrúas” que de todos los costados de la cancha los aplaudían y les tiraban flores. Los jugadores, para agradecer a los europeos, dieron la vuelta a toda la cancha saludando con las manos: nacía la famosa “vuelta olímpica”.

Ámsterdam ´28: nuestra primera vez

Cuatro años después en la ciudad de Ámsterdam, tendrá lugar la primera participación Argentina en una Olimpíada; casi una premonición de lo que pasará dos años después en el primer Mundial de Fútbol: tres primeros partidos brillantes y una final perdida (por cierto) contra los uruguayos.
Esto fue lo que arrojaron los números albicelestes: 11-2 a Estados Unidos en el debut, 6-3 a Bélgica y 6-0 a Egipto. Y la final contra los uruguayos que finaliza empate: 1 a 1. El partido vuelve a jugarse 3 días después y “la celeste” obtiene el bicampeonato al vencernos 2 a 1. Como en el ´30 pasó con Guillermo Stábile, el goleador de los juegos también será argentino: Domingo Tarasconi, delantero de Boca. 11 goles en 5 partidos; sólo superado en la competición por el húngaro Ferenc Bene, quien en Tokio ´64 convirtió 12.
Pasarán 32 años hasta la segunda participación de la selección. En Roma ´60 quedaremos afuera en la primera fase y lo mismo nos pasará en Tokio ´64. Volvemos a clasificar para los Juegos de Moscú de 1980. Pero los militares argentinos, que por ese entonces habían tomado el poder, se pliegan al boicot anti soviético. Y así nos perderemos la única oportunidad de verlo a Maradona disputar esa competencia por el resto de la eternidad.
Nuestra próxima participación vuelve a suceder en el lejano oriente: Seúl ´88. Con Pachamé como director técnico, Islas en el arco, Monzón y Fabbri en la defensa y Comas en el ataque. Tras vencer al local y a la Unión Soviética, accedemos a cuartos de final y perdemos con Brasil por la mínima. A casa y a esperar hasta Atlanta ´96. Allí, bajo la dirección técnica de Passarella, llegamos a la segunda final olímpica de nuestra historia. Los rivales eran los peligrosos nigerianos. Ganábamos 2-0 con goles de Claudio “Piojo” López y Hernán Crespo (goleador del certámen con 6), parecía que esta vez no se nos escapaba, pero los nigerianos nos empatan. En el último minuto, la mal marcación de un corner, nos deja con las manos vacías: gol de Nigeria de cabeza y al fútbol argentino que le sigue faltando un solo título: un juego olímpico.

Fin de una sequía de 76 años

Habrá que esperar hasta Atenas 2004. Y entonces, sí, bajo la supervisión de Marcelo Bielsa, obtenemos la primera presea dorada: 6-0 a Serbia y Montenegro, 2-0 a Túnez y 1-0 a Australia, será la brillante primera fase. En cuartos venceremos 4-0 a Costa Rica, en semis golearemos 3-0 a Italia y en la final, por la mínima, a los paraguayos: gol de Carlos Tévez, máximo anotador del torneo con 9. Argentina terminó campeona invicta y sin recibir goles en contra. El portero Germán Lux se transformó en el único jugador en detentar ese récord olímpico. Cuatro años después y bajo la dirección de Sergio Batista, la magia de Messi, el talento de Riquelme, la habilidad de Agüero y el gol final de Di María, la selección volverá a obtener el oro. Esta vez en Beijing 2008. El 2-1 a Costa de Marfil, el 1-0 a Australia y el 2-0 a Serbia serán los números de la primera fase. En cuartos le ganaremos 2-1 a Holanda con dos tantos de Messi; en semis, 3-0 a Brasil con dos de Agüero y un penal de Riquelme, y en la final 1-0 a Nigeria con gol de Angel Di María tras una habilitación exquisita de Messi, fotocopia del pase de Diego a Burruchaga en el ´86; “copyright” de la mejor industria nacional. Argentina se convertía así en el tercer equipo de toda la historia en consagrarse bicampeón olímpico, igual que Uruguay (24´y 28´) y Hungría (64´y 68´).

Londres 2012

Hoy, a pesar de ser el gran ausente, Argentina es, junto a Uruguay y la extinta Unión Soviética, el segundo país en obtener más medallas de oro olímpicas (2) detrás de Hungría e Inglaterra (3). Y, junto con la ex Yugoslavia y Hungría, el país que más veces disputó una final (4).
Estos Juegos verán por tercera vez en la historia a los sorprendentes uruguayos, que desde Ámsterdam ´28 no volvieron a participar. Sus dos Olimpíadas fueron ganadas y está invicto en esta competencia. No sólo eso. A excepción de la primera final empatada con Argentina en 1928, hasta ahora ganó todo lo que jugó. Para Inglaterra, será la oportunidad histórica de alzarse con la cuarta medalla de oro en fútbol y estar arriba del podio, mientras que los brasileros buscarán la primera presea dorada olímpica, la única que les falta en sus vitrinas.
Esta vez los argentinos miraremos el certamen por TV. Y es que el Destino, ese Dios que a veces nos habla, nos hizo un guiño. Y nos prometió, a cambio de estos juegos sin casacas albicelestes, una recompensa demasiado grande: la copa del mundo en Brasil 2014 si no levantábamos la perdiz. Y todos hemos dicho que sí. Todos hemos gritado que sí en el más absoluto de los silencios.
Amén.

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