Evita, Perón, Rotundo y el misterio de una fortuna depositada en Suiza

Written by Eugenia. Posted in Nota de Tapa

Published on julio 08, 2011 with No hay comentarios

Mario Rotundo, un allegado Juan D. Perón y López Rega, a Isabel, a Kadafi  y a Menem (en su momento) cuenta los detalles de una fortuna de casi 25 mil millones de dólares depositados por Evita en Suiza. El Periodista Miguel Prenz, publicó en el Diario Perfil (19-06-11) una denuncia realmente conmovedora. Lo llamativo es que ninguno de los antiguos peronistas salió a desmentir tal versión. Si estos datos respondieran a la verdad ¿Cuál debería ser la reacción del gobierno nacional? Los interrogantes están planteados. Las dudas también ¿La amputación de las manos de Perón, también serán parte de este relato?

 

Escribe: Miguel Andreis

 

La pasada semana cuando llegó a nuestra ciudad de visita el candidato a Gobernador Luis Juez, un vecino le preguntó si conocía la nota publicada en el Diario Perfil el día 19 de junio pasado. La respuesta fue no. Muchos de los presentes lo observaron como cierta ironía. Recelo que se acrecentó cuando el portador explicó lo escrito que lleva la firma del periodista e investigador Miguel Prenz. En realidad se trata de una de las denuncias más conmocionantes de los últimos tiempos. Y hablar de denuncias conmocionantes en Argentina, no es poco ya que una exploración mediática supera y tapa a la anterior. Es que lo dicho por Prenz encierra un laberinto con algunos de los nombres más importantes del país en los últimos 70 años, pero además hace alusión a un monto de dinero que no guarda antecedentes. Todo habría tenido sus orígenes cuando en 1947, en una gira que Evita realizó por Europa, siete de las familias más adineradas del continente, especialmente de España, le entregaron en agradecimiento por la colaboración de Argentina –miles de toneladas de trigo- que salvó una masificada hambruna en esas naciones involucradas en la Segunda Guerra Mundial, el valor de 25.000 millones de dólares, entre dinero, joyas, oro, piedras preciosas, etcétera. Evita que pretendía fortalecer su fundación los puso en el banco suizo Unión de Banques Suisses, el célebre UBS. Según Prenz, el autor de la investigación, indica que el dinero sigue estando allí.

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Hace pocos días Mario Rotundo, un hombre allegado a López Rega y a Juan Domingo Perón, expone situaciones atroces. Es de esperar que las autoridades argentinas investiguen sobre lo denunciado, que además está refrendado en un libro del mismo autor (Prenz). Ese sería el primer paso… Rotundo un personaje casi siniestro que movilizó plata en forma exuberante, sigue subastando objetos, supuestamente del ex tres veces Presidente. Luego esta historia tan atrapante como preocupante…:

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“Lo abrocharon a Liotta”

“Marco Felt conoció a Rotundo a fines de los 80, a través de un amigo. Compró de inmediato la imagen del empresario exitoso: “Ropas caras, autos lujosos, cenas en restaurantes cinco tenedores… Hasta que me enteré de un problema que había tenido con el doctor Domingo Santo Liotta y quedó en evidencia”, dice. El cardiocirujano, que había atendido a Perón y participado de su último gobierno como secretario de Salud Pública, dice Felt, tenía los ahorros de toda su vida, unos doscientos mil dólares, depositados en un banco de los Estados Unidos, adonde viajaba regularmente para operar y participar de congresos. “Rotundo al saber que Liotta tenía ese dinero en el exterior, un día fue a verlo y le preguntó con qué interés anual lo beneficiaba el banco americano. Cuando Liotta le respondió, Rotundo lo convenció de invertir sus ahorros a través de la Fundación por la Paz y la Amistad de los Pueblos porque le iban a rendir el doble. Nunca más le devolvió nada. Liotta lo demandó por defraudación y administración infiel, y Rotundo fue condenado a un año y medio de prisión, en suspenso.  Rotundo tiene adicción por el juego, la ruleta. Usaba la fundación como una mesa de dinero”. El dinero de Liotta, según Felt, fue a parar a una operación diseñada por Rotundo: la creación de Pre-Cor, una empresa de medicina prepaga especializada en la prevención y la atención de enfermedades cardiovasculares, a la que también estaba asociada la Congregación de los Padres Oblatos de la Virgen María. A poco de inaugurarse, dice Felt, Pre-Cor quedó envuelta en un escándalo que no trascendió a los medios: vendía y cobraba a sus clientes prótesis de arterias fabricadas en Canadá, pero les entregaba otras hechas en Haedo. Pre-Cor desapareció, y con ella los ahorros de Liotta, quien años después sería secretario de Ciencia y Tecnología de Menem. En otra maniobra de Rotundo, cuenta Felt, se perdieron fondos de otra orden religiosa: Hijos de la Sagrada Familia.
—Una vuelta me vino a ver un contador muy honesto que trabajaba con Rotundo. Me contó que había un cura que estaba como loco porque había decidido hacer inversiones a través de la fundación y ahora no podía recuperar el dinero. El contador estaba conmovido porque no podía creer que Rotundo, un empresario al que consideraba serio y honesto, estuviera metido en algo raro. La plata de los Hijos de la Sagrada Familia había terminado en el fondo de campaña de Menem.

Felt asegura que en esa época Rotundo se mostraba con orgullo como uno de los recaudadores menemistas. —Ellos tenían una relación de mucha confianza. El hablaba de Menem como si fuera su hermano. Pero, al final, se terminaron peleando por plata.
Cree haberse ido de boca esta vez.

“Armar una mesa de dinero era la mejor manera de conseguir fondos para la campaña. Y lo hice, aprovechando mis conocimientos, mis contactos.

 

Así conseguí los aportes de una gran cantidad de particulares y de tres congregaciones religiosas cercanas a mí: Hijos de la Sagrada Familia, Hermanas de Santa Dorotea y Hermanas de los Pobres de Santa Catalina de Siena. A través mío también se canalizaría la donación de cuatro millones de dólares hecha por Muammar al Kadafi. Menem me encargó que siguiera ese asunto con Nemen Nader, un empresario de República Dominicana.  Nader vino en agosto del 88 a la Argentina porque, según él, podía ayudar a Menem a llegar a la presidencia con su Organización Iberoamericana de Descendientes Arabes. El objetivo de ese grupo, contaba el dominicano, era aglutinar a todas las personalidades políticas del continente que tuvieran ese origen para fortalecer los lazos con los gobiernos árabes. Era raro Nader. Pero como había sido una orden, Nora Alí y yo lo atendimos con todos los honores. Le pagué la estadía en una suite del hotel Waldorf y hasta los

pasajes aéreos para viajar a La Rioja. En la residencia del gobernador, Menem se reunió con Nader y conmigo, y me dijo que yo iba a representarlo ante las autoridades libias, deseosas de apoyarlo económicamente. El primero de mis viajes a Libia lo hice con Nader, porque él debía presentarme formalmente a los delegados de Kadafi, de quien se decía amigo. Reunidos en Trípoli, coincidimos en la conveniencia de programar un encuentro personal entre ellos y Menem para oficializar las condiciones. Quedamos en concretarlo en octubre, en el hotel Excelsior de Roma, ya que para esa fecha íbamos a estar de gira por Europa. En el cónclave romano se estableció que los sucesivos depósitos hasta comp

letar los cuatro millones iban a realizarse en una cuenta que yo tenía en el Lloyds Bank de Ginebra. La Operación Libia, que fue un éxito, se mantuvo en secreto. Hasta que prendí el ventilador una vez que me alejé de Menem, porque se negaba a devolverme los casi siete millones de dólares que le había prestado de mi bolsillo para la campaña. El tampoco quería reintegrarles la plata a quienes habían invertido en la mesa de dinero.

Terminé en la quiebra por pagarle a esa gente. Perdí todo

No conforme con haberme dejado en la ruina, Menem me atacaba públicamente porque yo (Rotundo) le seguía reclamando lo mío. En las conferencias de prensa, cuando le preguntaban sobre los fondos libios, él decía que yo era un delincuente, un chantajista, un extorsionador y un

mentiroso, porque su campaña se había financiado sólo con dinero de argentinos. Agarrándose de mi buen trato con Seineldín, llegó a acusarme de haber colaborado con el coronel para organizar el levantamiento carapin

tada de diciembre del 90. Una barbaridad. Tuvo que bajar una directiva del Vaticano para que Menem aceptara una instancia de negociación: la Iglesia no quería que el conflicto pasara a mayores. En la Nunciatura, se reunieron en reiteradas ocasiones el representante menemista, Esteban Caselli, subsecretario de Acción de Gobierno y el nuestro, el padre Antonio González Recuero, asesor espiritual de la fundación e integrante de los Hijos de la Sagrada Familia, orden religiosa que quería recuperar su inversión. Con Calabresi como mediador, el funcionario y el cura llegaron a un acuerdo: Menem pagaría, en principio, un millón de dólares en dos cuotas en e

fectivo de 200 mil cada una, y una tercera de 600 mil que se haría bajo la forma de un subsidio estatal otorgado a la congregación de González Recuero. Ese fue el primer pago… y el último. Como yo insistía para cobrar lo que faltaba, Menem me condenó a la muerte civil. Vivía acosado por operaciones: amenazas de bomba en mi edificio, inspecciones de la DGI para investigar los fondos de campaña, el rechazo de la Justicia a mi demanda contra Carlos por los casi siete millones. Soporté todo. Cuando no pude más, fui hasta Comodoro Py y, en el bulevar frente a los tribunales, armé una carpita y colgué de dos árboles un cartel que decía: ‘Porque el hombre de v

alor no roba jamás un cobre, pues no es vergüenza ser pobre y es vergüenza ser ladrón’. A la tercera noche apareció la infantería de la Policía Federal. Ligué una paliza de aquéllas. Sentía el cuerpo hecho polvo, a pesar de no tener ni una marca: la policía sabe pegar sin dejar evidencias. Me tuvieron algunas horas incomunicado en una comisaría con la excusa de que yo, en mi car

pita, tenía explosivos. Lo único que tenía era un mate, yerba, una máquina de escribir y papel para redactar cartas de queja a distintos juzgados.

Pero no fue ése el peor ataque que sufrí de parte de Menem, sino su intento de sacarme la herencia de Perón.

Su cómplice fue Isabel, quien, estando yo en España, me pedía una y otra vez que pactara la paz con él. Empecé a sospechar que detrás de su insistencia se escondía algún cheque. ‘Si vos llegás a aceptar dinero de Carlos, v

as a quedar automáticamente condicionada –le advertí a Isabel–. Yo lo único que te pido es que, en el caso de que llegues a arreglar algo con él, inmediatamente renuncies a la presidencia de la fundación’. Isabel renunció porque Menem le había prometido que, si se aliaban, haría todo lo posible para que pudiera cobrar los veinte millones de dólares que Perón había dejado depositados en distintos bancos de la Argentina. El cumplió: le pagó unos ocho millones en blanco y lo demás, con fondos reservados de la SIDE. Por cómo iban a desarrollarse los acontecimientos era obvio que Menem quería aislarme para quedarse con los bienes del General. Le ordenó a su ministro del Interior, José Luis Manzano, que se encargara de iniciar

una demanda de nulidad de la donación que Isabel me había hecho… a la fundación. Manzano envió a España a un abogado de Cancillería con la demanda ya escrita. Allá se sumó a la maniobra un abogado, Carlos Bettini Francese, que luego sería funcionario de Menem y, más tarde, embajador de los Kirchner en Madrid; un tipo hábil para acomodarse. Bettini apareció en los medios como el nuevo apoderado de la viuda con la única misión de desprestigiarme. Salió a decir que, mientras yo había sido el apoderado de Isabel, le había robado los cuatro mil dólares mensuales de su jubilación como presidenta y de la pensión de Perón. La batalla fue dura, pero salí victorioso. Bettini fue condenado por los daños y perjuicios que me había causado con su acusación falsa. Isabel fue demandada por la fundación para que le entregara los casi ocho millones de dólares limpios –no los sucios de la SIDE– que había cobrado en concepto de depósitos bancarios d

e Perón, debido a que entraban en el encuadramiento de los bienes donados. Y yo fui confirmado por la Justicia como el legítimo titular de los bienes del General… la fundación, quiero decir (…)”.

Con Perón lejos de los micrófonos de los “servicios”

“El General me llamó una tarde por teléfono a la oficina de Termun, como tantas otras tardes, para que fuera a la mañana siguiente a Puerta de Hierro a hacer algunas cosas, como tantas otras mañanas: lo de siempre… en principio. Llegué temprano a la quinta ese día de agosto de 1970. Isabel estaba de viaje. En cuanto el Viejo me dijo de salir a tomar mate al parque, me di cuenta de que quería hablar un tema delicado, fuera del alca

n

 

ce de los micrófonos que los servicios de inteligencia habían puesto dentro de la casa. En el parque me contó que Evita, durante su gira europea de mediados de 1947, había recibido una donación muy importante. En agradecimiento por la ayuda en alimentos que la Argentina había enviado a varios países europeos durante y después de la Segunda Guerra Mundial, siete de las familias más ricas de Europa le entregaron una fortuna en joyas, dinero, antigüedades valiosísimas, piedras preciosas, obras de arte y oro,

para que ella ampliara los programas sociales de su fundación. Esa fortuna y los documentos de la donación, donde están los apellidos de las familias donantes, quedaron guardados en dos bóvedas del banco suizo Union de Banques Suisses, el célebre UBS. Y allí siguen guardados.

La fortuna depositada

”El Viejo me dijo que había mantenido en secreto la historia después de la muerte de Evita porque no confiaba en nadie, ni siquiera en Isabel. Sabía que ella, ávida de lo material, había realizado viajes a Suiza en busca de la isla del tesoro. Lo único que a él le importaba era que se respetara la última voluntad d

e Eva. Ella había pedido que con sus bienes, incluso con aquellos que no estaban mencionados en su testamento, se creara un fondo permanente de ayuda social, se les dieran becas a todos los niños del país, se otorgaran créditos hipotecarios a todos los trabajadores. Y eso sólo podía hacerse con la fortuna depositada en Suiza.
”Me dijo el Viejo: ‘Esto va a estar en condiciones de ser reclamado a partir del año 2000, que yo ya no voy a estar’. Hablamos toda la mañana, mientras yo pasaba a máquina el inventario de los bienes y las claves bancarias que él tenía anotadas en código secreto en diferentes agendas. Me fu

i de la quinta después de almorzar, sin entender muy bien lo que había escuchado. Cuando llegué a mi habitación del hotel Magerit, guardé los papeles en un sobre lacrado y lo escondí. Lo saqué del hotel en diciembre del 70 para llevármelo conmigo a la Argentina. El sobre durmió en una escribanía de Buenos Aires hasta el año 2000. Cuando lo tuve de nuevo en mis manos, treinta años después de aquella charla, comprendí el porqué de la fecha que me había dicho el General. En 1990 recibimos los bienes de parte de Isabel. En 1999 la Justicia falló definitivamente a favor nuestro, confirmándonos como legítimos herederos de los bienes muebles de Perón. Para el año

2000 estábamos en condiciones de abrir el sobre para reclamar legalmente la fortuna, cuyo monto supera los 25 mil millones de dólares. El General había pensado en todo. Yo también había pensado en todo y me había preparado para encarar ésa, la madre de todas las batallas. A fines de los 80 había creado una fundación en Suiza, Association International pour la Paix et l’Amité des Peuples, Aipax, con la idea de que me sirviera como herramienta institucional para reclamar los bienes. Con el curso de los años me di cuenta de que lo más conveniente no era reclamarles a los suizos desde Suiza, sino desde el exterior, y creé las fundaciones autónomas de España e Italia. Para 2003 estaba en condiciones de dar el primer paso. Llamé desde Roma a Jérôme Joliat, un amigo suizo que ocupaba el cargo de secretario de Aipax, para que pidiera una reunión con algún directivo del UBS. Jérôme, economista de profesión, conocía a la perfección los vericuet

os del mundo financiero y, lo principal, era de confianza: durante la campaña de Menem, me había ayudado desde Suiza a levantar la imagen del candidato, junto con su cuñado periodista, Juan José Etchegoyen, hermano del brigadier Rodolfo Etchegoyen, socio de Yabrán que apareció suicidado en diciembre del 90, al mes de haber renunciado a la dirección de la Aduana. ‘¿Y qué respondo cuando me consulten el motivo de la reunión?’, me preguntó Jérôme.

‘Deciles que es para hablar de los bienes de Juan Domingo Perón. Ellos van a entender de qué les hablás. Saben q

ue tarde o temprano alguien va a reclamar esa fortuna’.

Jérôme quedó mudo. Cuando recuperó el habla, me dijo que los banqueros iban a tomarse, por lo menos, un mes para confirmarnos la reunión por semejante tema. Se equivocó. A las pocas horas me llamó para avisarme que debía viajar ya mismo a Ginebra porque un directivo del UBS nos recibiría al día siguiente en el edificio donde se administraban las grandes fortunas. Me tomé el primer vuelo Roma-Ginebra. La sucursal del UBS era de película: las puertas se abrían con claves electrónicas, los despachos eran enormes, todo el lugar parecía una gran bóveda. Con Jérôme estábamos maravillados. ‘Han pasado casi sesenta años, monsieur Rotundo –dijo el banque

ro–. En los bancos ha habido fusiones, reestructuraciones. Yo no puedo decirle ahora si estos bienes de los cuales usted me habla están o no en nuestra institución’. Después de un rato largo de charla, el suizo se fue a fotocopiar los documentos que yo había llevado para validar mi reclamo. Al volver, me dijo: ‘Monsieur Rotundo, usted quédese tranquilo que, en caso de que estos bienes estén en el UBS, le serán entregados’. Cuando salimos de la reunión, que había durado más de dos horas, Jérôme me dijo que estaba sorprendido, que nunca había visto que un banco actuara con tanta celeridad en un tema delicado, que si se habían movido tan rápido era

porque algo había. Obvio que algo había… y hay. Durante un año me pidieron una cantidad enorme de documentos. El departamento legal del banco me respondió en 2004 que, según la ley suiza de entidades financieras, si no había un testamento en el cual hubiera una indicación clara y explícita de que yo debía ser informado sobre la existencia de la fortuna, no iban a poder darme ninguna información. Y el testamento de Perón no está, desapareció.”

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El 30 de junio de 1987, un sobrino del ex Presidente encontraba el cadáver de Juan Domingo Perón con sus manos cortadas ¿Habrá alguna relación entre aquel hecho y este que indica que una de las mayores fortunas del país, están depositadas en esas bóvedas cargadas de secretos en el conocido banco suizo?

 

 

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