Breve anecdotario de la Villa

Written by Eugenia. Posted in Notas

Published on septiembre 26, 2011 with No hay comentarios

Escribe: Rubén Rüedi

 

En 1900,  todavía una toldería indígena

Estaba ubicada al Sud-Este de la ciudad, aproximadamente a tres cuadras del bulevar Sarmiento. El jefe de la comunidad aborigen era el cacique Liberato Valgorria, nombre con el que lo bautizó el cura párroco Bernardino Maciel. Liberato y su gente se dedicaban a la producción de adobe y tenían un chiquero de cerdos criollos, producto de una raza trompuda cruzada con jabalí, animal que abundaba en los montes circundantes.

En nuestra zona  era común que las familias aborígenes que sobrevivieron a la conquista, se dedicaran a la cría de estos animales. Por eso, hasta antes de la primera mitad del siglo XIX, el Paso de Ferreira también se conocía  con el nombre de Cuchi Corral.

 

Las cuadreras

A principios del siglo XX en el actual bulevar España estaba la cancha de carreras cuadreras.

 

Cuando se convocaba a las competencias acudía todo el pueblo, ya que en la villa no había  más diversiones que los reñideros de gallos, las peleas de perros y las romerías españolas que se realizaban sólo una vez al año.

Entre estas distracciones, las peleas de perros eran las que más entusiasmo despertaban. A los animales se les aplicaba una colmillera de bronce con puntas agudas como alfileres, y cuando dos perros se trenzaban en lucha, uno de ellos estaba indefectiblemente condenado a la muerte.

 

Las cuadreras, entonces, se realizaban en la mencionada cancha, que tenía dos carriles separados por un terraplén de tierra y a los costados de la misma se disponían improvisadas pulperías en las que se vendía todo tipo de bebidas, empanadas y otras comidas típicas; algunas de las cuales eran atendidas por las pupilas de una casa de tolerancia que estaba en Villa Cuenca, el primer barrio de la villa.

Era común que los criollos que allí se apersonaban, después de una larga tarde de tragos, apuestas a los caballos y galanteo a las damas, terminaran, cuando el alcohol hacía de las suyas, batiéndose a duelo y tiñendo de sangre lo que pretendía ser una jornada de esparcimiento.

 

Independencia, la primera plaza

 

Fue la primera plaza del pueblo que tuvo aspecto de tal. En 1875 se le hicieron los primeros arreglos, cuando sólo era un descampado con  algunos pocos árboles. Lo mismo ya se la conocía como plaza, porque así figuraba en el plano fundacional. Frente a la plaza del Este o Libertad, tenían terreno los vecinos más interesados en la evolución urbana de la villa y justamente uno de ellos, Alejandro Voglino, fue quien plantó los primeros eucaliptos apenas se niveló lo que sería el espacio público más concurrido de aquella época.

 

No obstante, al poco tiempo hubo que cercar la plaza con cadenas para evitar que las carretas y otros vehículos pesados que provenían del Paso de Ferreira, por donde se vadeaba el río antes de la construcción del puente, se introdujeran en la misma con la intención de acortar distancias camino a la estación ferroviaria.

 

Frente a la plaza del Este se ubicó la escuela, capilla y primera sede municipal. Sobre calle Paraguay -actual Bartolomé Mitre- el periódico El Sol, la oficina de correos y posteriormente el club Progreso.

 

Fue en 1896 cuando se le impuso el nombre de Independencia, juntamente con la nueva denominación de las restantes que pasaron a    llamarse, respectivamente, General San Martín la del Sur -frente a la catedral-, General Manuel Belgrano la del Oeste -actual estadio Manuel Anselmo Ocampo- y Colón la del Norte -en 1910 pasaría a llamarse  Centenario-.

 

La primera llamada  telefónica del país

Llegó de Italia con todos sus sueños a cuesta, dispuesto a iniciar en la Argentina una nueva vida. Su patria ya no ofrecía posibilidades para una existencia digna y menos para quienes tenían inquietudes creativas.

 

Por esas cosas del destino, recaló en una aldea perdida en la inmensidad de la llanura cordobesa que apenas contaba con unos doscientos habitantes.

En Villa María, Alejandro Voglino comenzó a brindar su generosidad para que la comarca que lo acogía fuera próspera. Así fue como donó uno de sus terrenos, frente a la plaza del Este, para que se construyera el edificio que albergaría a la primera escuela.

 

El hombre también impulsó la fundación de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos en 1887, de la cual fue su primer presidente. Pero Alejandro Voglino era un personaje con vuelo propio y su mayor desvelo eran los adelantos tecnológicos, principalmente en el ámbito de las comunicaciones. En 1878, el italiano se desempeñaba como jefe de la sección argentina del telégrafo transandino que unía a este país con Chile cuando decidió poner en práctica lo que venía estudiando minuciosamente desde hacía algún tiempo. El 11 de abril de aquel año, ante la gran expectativa de los vecinos de la villa, Voglino trató, desde Córdoba, entablar una comunicación telefónica con este pueblo utilizando los cables del telégrafo. Al primer intentó de “trasladar la voz humana” asistió el gobernador de la provincia Antonio del Viso y su ministro del interior, Miguel Juárez Célman. Pero el resultado de este ensayo no fue muy feliz dadas las innumerable interferencias que dispersaban las voces. Alejandro Voglino no se dio por vencido y, según cuenta Bernardo Fernández en sus memorias, volvió a intentarlo pocos días después, pero en esta oportunidad desde Villa María hacia Córdoba.

 

Así fue como el 14 de abril de 1878 se produjo en Villa María un hecho histórico poco conocido en el ámbito nacional, como fue la primera comunicación telefónica del país, aún antes que en los Estados Unidos se habilitara la primera línea de este tipo de comunicaciones. Posteriormente Voglino instaló el primer servicio telefónico de la villa, siendo los dos primeros domicilios comunicados por este medio el suyo propio con el de Bernardo Fernández, distantes a no más de doscientos metros el uno del otro.

 

Lo que se comía en la villa

 

Antes que se impusiera el menú de los inmigrantes, el alimento básico de los criollos de aquel tiempo lo constituían principalmente la carne y el maíz, no así el pescado que era despreciado, principalmente por las mujeres.

 

La comida diaria en los hogares de entonces era el caldo con puchero, el asado, la mazamorra, algo de leche y pan casero -aún no se conocía el pan “francés”, sin grasa-.

 

En ocasiones especiales, domingos o días de fiesta, el menú cotidiano del caldo y la mazamorra se reforzaba con algún guiso, locro, carbonada o chanfaina.

 

Para las frituras y salsas no se usaba el aceite sino la grasa  vacuna, extraída de la pella con caldo de chicharrón.

Existía una inclinación hacia lo agridulce, y en algunas salsas se agregaba azúcar, pasas de uva, pelones o duraznos frescos, además de la sal, la pimienta, el ají, la hojita de laurel; acompañando al ajo, la cebolla y, pocas veces, algún tomate.

 

El zapallo fresco no faltaba nunca en el caldo, el locro y  algunas otras comidas; por eso se preparaba charqui de zapallo para cuando este faltara por estar fuera de época. También se comía casi a diario, cocido al rescoldo o al horno.

 

El choclo y la batata se consumían mucho. Esta última era la delicia de los más pequeños, cocida en agua o asada en el fogón y acompañada con leche de vaca o de cabra.

Además, tenían buena aceptación las carnes adobadas con vinagre común, ajo picado y ají de campo; principalmente el matambre, que se asaba poniéndolo sobre la parrilla o directamente sobre las brasas.

Uno de los platos más populares era la “chanfaina”. Se preparaba con una fritura de grasa de vacuno, cebolla picada, algo de tomate, ají picante, pimienta, dientes de ajo y menudos de cabrito o cordero -hígado, bifes, riñones, corazón, intestinos- sancochados y cortados en trocitos. Luego se le agregaba sangre -también sancochada- de cabrito o cordero, agua, sal, comino y harina de trigo o arroz, para evitar que se hiciera chirle. Se cocinaba a fuego lento y se comía caliente.

 

El tranvía… ¡a caballo!

 

Al despuntar el alba comenzaban los aprestos. Ataba los caballos al  vagón, limpiaba uno a uno los asientos y mientras esperaba la llegada del mayoral controlaba la numeración de los boletos.

Cuando el reloj marcaba las siete, el conductor del tranvía a caballos ponía en marcha la cotidiana aventura de conducir un verdadero adelanto del progreso.

 

Partía desde la esquina de Buenos Aires y Córdoba(x), al llegar a Entre Ríos giraba para cruzar las vías y alcanzar la calle Paraguay(xx), doblando nuevamente a la derecha para tan sólo hacer una cuadra y tomar rumbo por Corrientes hacia el puente que conduce a Villa Nueva.

 

El traquetear sobre los rieles alcanzaba forma  de andar continuo cuando el mamotreto pasaba frente al lazareto(***) que el municipio habilitara para las víctimas de la epidemia de cólera que desde el año anterior tenía en vilo a la población.

 

Una vez cruzado el puente, giraba hacia la izquierda y retomaba la marcha sin pausas hasta llegar a la zona urbanizada de la señorial Villa Nueva.

 

Algunas comadres maldecían el paso del tranvía porque la pesadez de su andar hacía temblar las casas, o porque la parada estaba frente a sus domicilios y allí se apostaba la gente a esperar el transporte que preanunciaba su llegada con la estridente corneta que el mayoral(****) hacía sonar en las esquinas.

 

El Tranway Olmos, llamado así en honor al gobernador de entonces, circuló por primera vez el martes 30 de agosto de 1887 y transportaba tanto personas como cargas generales.  Por aquellos días Villa María contaba con 1.000 habitantes y Villa Nueva con el doble de esa población.

 

(*) Actual Hipólito Yrigoyen.

(**) Actual Bartolomé Mitre.

(***) El Lazareto se encontraba en la actual avenida Dante Aligheri al 281.

(****) El mayoral hacía las veces de asistente del conductor, siendo, además, el encargado de cobrarle a los pasajeros.

 

Desde entonces… Villa María vs. Villa Nueva

En reunión celebrada el 6 de enero de 1885 en el Club Progreso, quedó constituida la “Sociedad Anónima Tranway Irigoyen”, presidida por el intendente Pedro Viñas, secundado por Bernardo Fernández como secretario y como vocales Luis Caminos, Antonio Villasuso y el doctor Vaz y Elena.

 

La sociedad se conformaba a los efectos de poner en marcha el proyecto del tranvía a caballos que uniría las dos villas. La municipalidad de Villa Nueva no estuvo representada en la reunión por desacuerdos con las autoridades de Villa María en cuanto a detalles de la obra.

Un mes después, en el atardecer del  miércoles 4 de febrero, un tren esperado con ansiedad por casi toda la población de las dos villas se detiene en la estación ferroviaria. A los pocos minutos, por la puerta del vagón principal se asoma nada más ni nada menos que el presidente de la nación, General Julio Argentino Roca, el segundo primer mandatario que visita el pueblo.

 

La multitud comienza a vivarlo y aplaude enfervorizada, mientras un hombre barbado se acerca  hacia el recién llegado y con un marcado acento español le da la bienvenida en nombre del pueblo de Villa María.

 

Es el intendente municipal Pedro Viñas, quien, además, le agradece al presidente la donación de los rieles para el tranvía a caballos que hiciera el gobierno nacional.

 

Roca desciende al andén, se mezcla con la muchedumbre y después de pronunciar su discurso de agradecimiento tiene que escuchar un áspero debate entre vecinos de ambas orillas que se disputaban los futuros beneficios empresariales que generaría el servicio del tranvía. Sobre todo la protesta de los villamarienses acusando a sus vecinos de Villa Nueva de no colaborar activamente en el proyecto y haber boicoteado la constitución de la sociedad encargada de impulsar la puesta en marcha del novedoso medio de transporte.

 

El presidente trata de calmar los ánimos llamando a la reflexión y luego de exhortar a los vecinos de los dos pueblos a que prive la cordura para alcanzar un feliz acuerdo, emprende las partida ante las renovadas muestras de afecto y los vivas que se funden con el ruido de la locomotora.

 

La capital federal

 

Ya estaban radicados en la comarca quienes serían vecinos prominentes e impulsores de  etapas fundamentales en su evolución social y urbana, como Joaquín Pereira y Domínguez, Marcelino Arregui, Alejandro Voglino y Bernardo Fernández.

 

Fue el  año en que la punta de rieles del ramal Rosario-Córdoba llegó a destino; cuando con el aporte de los vecinos se construyó frente a la plaza del Este el edificio destinado para la escuela, que luego también albergaría al primer templo y trascendería en el tiempo como la sede histórica del municipio. Año en que llegó Abraham Juárez y su esposa Mercedes Peralta, los primeros maestros de la comarca.

 

La noticia sacudió la calma pueblerina. Los habitantes de la aldea recorrieron las calles polvorientas saltando y bailando, festejando  la buena nueva que a través del telégrafo llegaba desde Buenos Aires. Entre bordalesas de vino, pirotecnia, acordeones y guitarras, el jolgorio siguió hasta la madrugada.

 

No era para menos. Ellos, abnegados pioneros de un ignoto pueblo perdido en el profundo corazón de la patria, pasaban a ser los primeros ciudadanos de la capital del país.

 

Una ley nacional, sancionada el 19 de setiembre de 1871, emplazaba a la capital de la República Argentina en el territorio donde se encontraban los pueblos de Villa María y Villa Nueva.

 

En sus primeros tres artículos la ley decía lo siguiente:

1- “Declárase capital permanente de la república la ciudad que ha de formarse dentro del territorio que se federaliza por esta ley”.

2- “Queda federalizado el punto denominado Villa María, con un área cuadrada de veintiséis kilómetros por costado”.

3- “La capital será erigida en el centro del territorio federalizado”.

 

Si bien el segundo artículo mencionaba a Villa María como el punto de referencia desde el que se extenderían los veintiséis kilómetros por costado, esta extensión incluía a Villa Nueva y ambas localidades pasarían a conformar la nueva ciudad, capital federal, denominada Rivadavia.

 

Pero el sueño duró pocos días y los proyectos de los vecinos se derrumbaron como la ley que nunca entró en vigencia.

 

El 27 de setiembre el presidente Domingo Faustino Sarmiento vetó la ley que creaba Ciudad Rivadavia.  Las arcas del estado estaban devastadas por la guerra contra Paraguay y la nueva ciudad exigía una gran erogación dedinero para constituirse como tal.

 

Sarmiento… la bienvenida

 

Después de la desazón por el veto presidencial a la ley que establecía en el corazón del país la capital federal y que seguramente le cambiaría la vida a los primeros villamarienses, otra noticia volvió a sacudir la calma pueblerina: el presidente de la nación llegaría en pocos días.

 

Así fue como en la primaveral mañana del miércoles 11 de octubre de 1871, el tren que transportaba a Sarmiento rumbo a Córdoba se detuvo en la estación y para sorpresa del sanjuanino el recibimiento que le tributó la aldea a la que le frustrara sus sueños capitalinos fue el más cálido y festivo de todo su recorrido despejando aquellos rumores que preanunciaban actitudes hostiles hacia el presidente.

 

Las viviendas lucían embanderadas y todo el pueblo aguardaba en la estación. Hasta se había dispuesto un florido arco del triunfo sobre los rieles.

 

Cuando Sarmiento se asomó desde el vagón presidencial una salva de cohetes, música y gritos de entusiasmo le dieron la bienvenida. Es que los pobladores de la villa aún mantenían viva la esperanza de que más temprano que tarde se dieran las condiciones para que este punto del mapa fuera el centro gravitacional del país y nada mejor paraabonar esa posibilidad que una demostración de afecto y civismo.

 

 

Fuentes:

Archivo Histórico Municipal de  Villa María

Historia de Villa María -José A. Pedernera-

El primer estafetero del Paso de Ferreira -José A. Pedernera-

Historia de Villa María y sus barrios -Bernardino S. Calvo-

Villa María del recuerdo -Bernardino S. Calvo-

Apuntes históricos de Villa María -Juan Pereira- (En revista de la Sociedad Española -1932-)

Memorias de Bernardo Fernández (En revista Nevers -1949-)

Villa Nueva, un pueblo con historia -Pablo Granado-

Córdoba y Bell Ville en la historia de la patria -Agustín Villarroel-

Historia de Río Cuarto -Carlos Mayol Laferrére-

Historia de Córdoba -Efraín Bischoff-

Paso de Ferreira -Luis Roberto Altamira-

Luminarias del ocaso -Cayetano Gaspar Orioli-

Luminarias y florilegios -Cayetano Gaspar Orioli-

Comidas cordobesas de antes -Azor Grimaut-

Historia de la alimentación en Argentina -Aníbal Arcondo-

Villa María y la cuestión capital -Adalberto Musso-

Revista de la Sociedad Españla (1932)

Revista Nevers (1949)

Revista de la Sociedad Italiana (1987)

Reproducción facsimilar del periódico El Sol (Editado por la Biblioteca Bernardino Rivadavia y sus anexos -1967-)

Anuario  diario Momento (1968-1969)

Suplemento de “Noticias” (1973)

 

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