Dr. Eugenio Zaffaroni, en su nombre y en su figura, me apestan sus convicciones

Entre Café y Café, Nota de Tapa

Por: Miguel Andreis                                                                  Eugenio-Zaffaroni

 

Aludir a la paciencia es aludir a algo abstracto. No se conocen sus límites. Ni las reacciones que  puedan generar. En algo se asimilan con la inseguridad que no es abstracto pero también se desconocen sus consecuencias.

Durante años el ex juez federal Raúl Eugenio Zaffaroni intentó convencernos que la exclusión y la pobreza, principales disparadores  sociales  y vertiente inagotable para el delito, es una responsabilidad de la sociedad. Discurso tomado por el gobierno que se fue y repetido, hasta con convicción de sectas, por no pocos adscriptos al kirchnerismo. Otros jueces se subyugaron don dicha teoría y así actuaron. Cuestionar esa concepción era saber que desde la vereda del poder te pondrían el sello de “facho”…  Bajo ese paraguas  se negó la influencia del narcotráfico que crecía en forma exponencial. Argentina era un país de paso y la inseguridad una sensación, afirmaban.  Y hasta se llegó a producir drogas para pobres. Que era negada.  El Paco, braza para el cerebro, iba quemando a un pibe detrás de otro. Los actos delictivos como robos y asaltos se duplicaron en menos de 10 años. Pero además algo similar acontecía con la violencia mortal en estos casos.  La conducta delincuencial se trastocó  en códigos. Ya no alcanzaba con lograr el motín. Poco importaba la vida de la víctima. Enajenados el dedo se incrustaba en el gatillo.

Patéticamente nos fuimos acostumbrando a la muerte. La exclusión era una excusa que justificaba aún el más aberrante de los hechos, si estos provenían de marginados. Todos éramos o somos culpables de ese 30% de la población sumergida en la pobreza… Si lo decía Zaffaroni, quién éramos para discutirlo. Con ese criterio se multiplicaban Jueces y Fiscales. Solo 2 casos sobre 100 acciones delictivas  iban y no por demasiado tiempo entre las rejas. Las fuerzas de seguridad como la misma Justicia se multiplicaban casi proporcionalmente a su ineficacia e ineptitud.

Mientras tanto la corrupción nos  iba vaciando visceralmente. A los excluidos y a los incluidos para mantener un estado que de desangraba por su nivel de envilecimiento. Las diferentes “brazas” actuaban a toda hora y todo el año. La tinta se volvió roja al chorrear en los medios  gráficos. La muerte violenta era parte del escenario que transitábamos. Nos picaba cerca hasta que un día  no nos picó cerca… nos transformamos en blanco.

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Sábado 24,  a la tarde, aún algo de sol quedaba. El celular se hizo oír. Mario, un vecino nos  preguntaba si había un familiar en mi casa. La respuesta fue que no. “Entonces te están robando… te han reventado la puerta y…” Era imposible acelerar en una Córdoba atestada de vehículos.  Mis hijos fueron comunicados y llegaron  mucho más rápido que una policía que avisada, demoró más de 25 minutos. La desesperación se mezclaba con la impotencia.

Los 140 kilómetros que separa a la Docta de la Villa suelen volverse, como en este caso, en interminables.

 

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A la semana que el médico paraguayo Lino Villar Cataldo,  mataba  al ladrón que intentó robarle el auto en Loma Hermosa, San Martín, y el país se conmocionó con el caso.  Algunos  comprendiendo la situación del profesional que también apretó varias veces el gatillo y otros, sosteniendo que fue en exceso en legítima defensa. Habrá que esperar el dictamen del Juez.  Los  “Zafaronistas” ganaron los medios y volvieron a sustentar  sus ideologías que esto es causa de la “exclusión” que creció con el Gobierno de Macri. Y según los datos del mismo gobierno  es verdad que creció la exclusión y la pobreza.  La muerte en contextos similares, nunca es justificable. Claro que en menos de una semana ocurre otro hecho, donde roban a un carnicero de un humilde barrio y apuñalan con alevosía a la mujer propietaria. Los facinerosos huyeron. El hijo de la occisa los corrió, atropelló con el auto y ahí quedó la vida del ladrón y asesino.  Se comprobó posteriormente que ambos estaban drogados. Nuevamente el debate.

En ese lapso de 10 días, murieron cuatro personas asaltadas. Asesinadas  aun habiendo entregado todo lo que les pedían. Uno de ellos con su esposa y un niño de dos años en brazos.  Como sociedad casi no nos  inmutamos. ¿Ser pobre y drogado da  perfil para las acciones más atroces? Es lo que parece…

 

(-26-9-) en Córdoba,  una mujer que viajaba con su hija en un ciclomotor, intentó correr a dos motochorros que de un manotón le quitaron la riñonera con dos celulares,  y la licencia de conducir. Ni una sola moneda.  Nada pudo hacer. Ella no tenía arma.Quiso recuperarla.  Un poste de cemento se llevó su vida frente a la desesperación de su hija y la mirada desidiosa de los ladrones. Esta mujer trabajaba en casas de familia…

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También el 26-9, solo que en Buenos Aires, un niño de 6 años fue aplastado por una camioneta  conducida por  tres delincuentes en un andar alocado. Llegó muerto al hospital…

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26-9… Buenos Aires.  Una mujer estaba cargando su bebé de 45 días  a su automóvil en lo que llaman “huevito”. Dos jóvenes fuera de sus cabales la encañonan, se apoderan del auto, logra bajarse otra niña de 12, y salen disparados, con la mamá prendida a la manija. A los   metros sin detener la marcha y como si fuese un papel arrojaron el huevo con la bebita adentro. Recorrió varios metros por el pavimento.  Bestialidad de mentes quemadas. Posiblemente la ropa que llevaba o el mismo “huevo”, amortiguó el golpe.  La niña, milagrosamente,  vivió…

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En mi casa nada estaba en su lugar. Los vecinos se habían movilizado –cosa que les agradezco infinitamente-. Rompieron todo lo que pudieron, desde un televisor nuevo, puertas,  hasta muebles.Mi hijo había estado a punto de ingresar a la vivienda… afortunadamente no lo dejaron.  Tal vez otro, irremediable y fatal,  hubiese sido el final de la historia.  Nos cuentan que cruzaron la ruta pesada y se metieron en un tupido e inaccesible monte de eucaliptos de unas 4 hectáreas, inconcebible sitio ubicado  entre la Porfirio Seppey y la Avda. Perón.  Refugio –tal es lo que afirman- de no pocos delincuentes. ¿Ni municipio ni policía se percataron de esa guarida natural?’

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Dr. Raúl Eugenio Zaffaroni es verdad que la marginalidad es materia prima para la delincuencia. Nadie se hace cargo de esa “materia prima” olvidada y usada desde el poder.  Poder que usted compartió y que tanto daño hizo. No lo escuchó  hablar de corrupción doctor… quizás que eso sea el mayor anabólico que predetermina la insensatez que no solo usted justificó, sino que alentó por años… en cada robo, en cada asesinato… siempre habrá palabras suyas  con símbolos de justificación. Usted es un ser deleznable. No el único

 

 

 

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