Aquel básquet femenino que supimos conseguir

Notas

Crónicas de Ballesteros                                               fotos basket ballesteros

Por: Iván Wielikosielek

Había salido a dar vueltas en la noche del pueblo,y tras una hora de caminata entré a la estación de servicio. El bar de la Shell estaba vacío, como a punto de cerrar. Y por eso me sorprendió la entrada de un hombre que parecía estar buscándome. “Me comentaron que querías fotos de las chicasdel básquet” fue toda su presentación. Y acto seguido, Hugo “Calilo” Licheri fue hasta su viejo Renault 12 blanco y trajo algo en la mano. “Mirá” me dijo,lanzando una fotografía en blanco y negro sobre la mesa como quien tira un as de espadas: “Es la Nelly cuando jugaba”. La foto era realmente buena y testimoniaba fielmente aquellos tiempos. En un gimnasio impecable de principios de los ´70 con propagandas en la pared y el público a los costados, una chica ensayaba una bandeja ante la sonrisa aprobatoria de su entrenadora. La jugadora era, efectivamente, Nelly Bertello; la entrenadoraHilda Moreno de Ferreyra y la cancha de Tiro y Gmnasiaen Ballesteros. Tuve un súbito sentimiento de tristeza al entender que, elactual presente,nada tenía que ver con aquel pasado; que la jugadora había muerto dos décadas atrás, que Hilda estaba internada en un geriátrico y que de aquel gimnasio apenas si quedaba un galpón donde ya nadie picaba una pelota.

 

Réquiem para un equipo

 

Sí. Yo estaba buscando fotos del básquet femenino de Ballesteros pero no había conseguido ninguna. Quería escribir una nota sobre aquel equipo que en el año ´68 había salido subcampeón provincial(perdió una polémica final ante el poderoso Belgrano) en lo que sin dudas significó el hito deportivo más importante del pueblo. Aquel equipo se había formado, precisamente, alrededor de Hilda, una cordobesa que había jugado en Belgrano, Central Córdoba y la Yuma, que había salido 16 veces campeona y que había sido la primera jugadora de la provincia en vestir la camiseta de la selección nacional. Yo había podido entrevistar a Hilda 15 años atrás y me había contado su historia. Pero me había llamado la atención que en su casano hubiese una sola foto de aquel pasado glorioso, como tampoco las había en el club excepto un pequeño mural en una pared desnuda. Lo cierto es que,a raíz de los últimos Juegos Olímpicos (donde el básquet femeino ni se había clasificado) volví a preguntarme a dónde había ido a parar aquel deporte que fue el orgullo del pueblo. Por qué razón se había cortado un proceso que había involucrado a tres generaciones de chicas y que, de haberse continuado, acaso hubiera contado con alguna jugadora ballesterense en la selección y acaso también en una olimpíada. Pero no sólo Tiro y Gimnasia no guardaba documentos de su mayor logro, sino que en el pueblo la gente apenas se acordaba que,50 años atrás, la mayor parte de las chicas picaban una pelota y eran las mejores de la provincia.

Tras un breve silencio a modo de réquiem para su esposa fallecida, “Calilo” me invita un café. Me dice que nunca fue a ver a su mujer a los partidos, que a él nunca le interesó el deporte sino el comercio y la distribución, que Nelly murió en el ´98 de un cáncer irreversible cuando aún no había cumplido los 50, que a nadie volvió a ver de aquel equipo excepto a una de las hermanas Gómez (Alicia y MercedesGómez eran “el refuerzo bellvillense” del club), que era“una lástima” que no se haya seguido con el básquet y que las otras jugadoras como Nelly Páez o Ana Fistanic ya no vivan en Ballesteros.

Al día siguiente voy a la casa de Calilo con mi cámara. Y en la desapacible vereda del mediodía copio la foto que el hombre me trae de su aparador. Y me digo que en unos años más quizás ya no quede ningún documento de aquel pasado. Que el tiempo se va comiendo los recuerdos como un enjambre de langostas asesinas y que la aceptación del olvido acaso sea más saludable que forzar el acto de la memoria. Lo saludo a “Calilo” que se va a trabajar (se dedica con pasión a la distribución de golosinas) y miro su viejo Renault 12 doblar la esquina. Ese auto blanco que, como un emisario del pasado, me trajo una noche la última foto de “las chicas”; el latido de un corazón que ya no existe pero que alguna vez vivió en un cuerpo de mujer. Como el dribling de una pelota en un gimnasio vacío.

 

 

Deja un comentario


*