Devoción en rojo: Bochini en la Villa

Notas

El ídolo máximo de Independiente presentó su biografía    Bochini en Villa María

Ricardo Bochinipresentó “Yo, el Bocha”. Fueel pasado sábado en el marco del festival “Villa María Vive y Siente”.

Escribe: Iván Wielikosielek

Y una vez más hubo milagros. Como cada vez que este hombre agarraba la pelota. El primero tuvo lugar a las seis y veinte de la tarde, cuandosu estampa de pequeño Dios bajó de un coche en el Leonardo Favio. Yentonces, como salidos del fondo de la tierra, un centenar de hinchas corrió a abrazarlo. La fascinación con que un muchacho le pidió el autógrafo en su camiseta o el modo en que un padre le decía a su nene “hijo, ese es el Bocha; el más grande de todos”, en nada se diferenció de lo que podría haber generado el Papa Francisco o Sai Baba bajando de idéntico auto.

El segundo milagro fue el rostro lleno de lágrimas de una joven señora que vio al mismísimo Espíritu Santo. Abrazada a sus dos nenes, la mujer le decía: “Para mi marido eras Dios… Con decirte que nunca cambió el auto porque te había llevado a vos ¿te acordás?”…. (La mujer era la viuda de Germán Bischoff, ex presidente de la Peña Roja de Villa María).

El tercer milagro se produjo en el “Parlamento de los Niños”, cuando lasala colapsó y el público de afuera duplicabaal de adentro. Y entonces los flashes relampaguearoncontra el rostro serenodel Bocha como rayos bíblicos. Y hasta el intendente quedó reducido a la categoría de meroactor secundario. “¡¡¡Bo-chini!!!¡¡¡Bo-chini!!!” cantaba la gente, convirtiendo la platea cultural en improvisada popular futbolera.

“Sólo le pido a Dios”

Una vez adentro, el diez de Independiente entre 1972 y 1991, fue presentado por el periodista Alberto Arce, hincha confeso del Rojo. Y tras un par de videos memorables, se produjeron más milagros. Porque en el blanco y negro del año ´73, el “Bocha” en pared con Bertoni volvía a meter aquel gol eterno contra la Juve para darle a Independiente la primera Intercontinental. O volvía a transmutar la angustia en alegría contra Talleres en el ´78y una vez más definía contra Gatti con una serenidad cuasi “zen” para ganar la liguilla. O le clavaba los dos goles al “Pato” Fillol en aquella final del Metro o volvía a convertir contra San Lorenzo. (Y este periodista confiesa que, al margen de la puñalada en su corazón azulgrana, aplaudía también).

Pero el mayor milagro del diez, acaso comparable a la multiplicación de los panes, sucedió con aquella emboquillada de afuera del área a Racing. Porque aquella vieja jugada, hizo que todo el Favio volviera a gritar el gol como si lo acabara de hacer. Y entoncesbajaron los aplausos de los corazones satisfechos de tanta comida espiritual.

Al final, en diálogo con el público,el “Mesías Rojo” dijo que Messi era el mejor del mundo. Y el “Dios de Avellaneda” dijo que era un orgullo para él que Maradona dijera en todos lados que él era su ídolo. Y el “Cristo Rojo” dijo que nunca se fue de Independiente porque la hinchada lo pidió a gritos con 19 años en aquella final contra Colo Colo y que  el club era su segunda casa. Y no necesitaba de pases al exterior ni de cifras millonarias porquela felicidad de ser tan querido no se pagaba contodo el oro del mundo.

Pero si debo entrecomillar un párrafo del Bocha, es su respuesta al por qué ya nadie trataba bien la pelota enla Argentina. “Yo me crié jugando en el potrero, sólo por alegría de jugar. Nunca me planteé otra cosa. Pero cuando llegué a primera, el espíritu era el mismo. Queríamos ganar jugando mejor que el otro equipo; tirando paredes, teniendo la pelota, haciendo goles. No queríamos cuidar el uno a cero colgados del travesaño. Hoy, en cambio, el periodismo se ha vuelto resultadista. Y habla bien de un equipo que gana sin importar cómo. Pero en el fondo, cuando jugás mal, no ganás. Y si no, miren España. Antes era La Furia Rojay nunca ganó nada. Un buen día, a partir del Barcelona, empezaron a jugar al fútbol y ganaron todo. Nosotros decimos “qué bien que juega el Barsa” y nos olvidamos que hace 30 años acá se jugaba igual”.

La charla terminó con una versión futbolera de la hinchada: “Sólo le pido a Dios/ que el Bocha juegue para siempre/ que no se vaya nunca de Independiente/ para toda la alegría de la gente”. El último milagro fue la cola de casi cien personas que lo esperaba a la salida. Porque aquel jugador que levantó 5 veces la Libertadores, 2 veces la Intercontinental y tiró paredes con Diego en el ´86, se convirtió en el mayor best-seller de la feria. Una transfiguraciónque ni los mejores escritoresconsiguen y acaso sólo sea injerencia de algunos santos.

 

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