Réquiem por un segundo semestre ya perdido

Entre Café y Café

Inflación, pobreza, desempleo, endeudamiento y déficit
fiscal en tiempos de Macri

El “segundo semestre”pasó de moda. Las expectativas oficiales detrás de la segunda mitad del año se disiparon con el correr de los meses. El optimismo del gobierno de Macri, un maquillaje con el que se tapiza la realidad desde los discursos, se topa con los numerosos indicadores negativos de una economía en la cuerda floja. Ahora, la estrategia apunta a esperar con “alegría” en 2017 la tan esquiva reactivación. ¿Y el segundo semestre? Ya fue.´

Escribe: Germán Giacchero

No había inflación, sino “reacomodamiento y actualización de precios”. Tampoco había inseguridad, sino apenas una “sensación”. No hubo tarifazos y ajuste, sino “reestructuración o sinceramiento tarifario” y otras delicadezas lingüísticas que nuestros gobernantes suelen usar por tentación, necesidad u obligación ante una verdad incómoda.

El poder crea miopía, aleja de la vida cotidiana, crea espejismos salvadores y distorsiones justificadoras de cualquier cosa. Le ocurrió a Cristina Kirchner en su momento (y quizás ahora también) y Mauricio Macri nuestra señales de ir por ese camino pedregoso desde hace casi un año, al mantener recurrentes desencuentros, cuando no divorcios exprés, con la realidad social.

Detrás de los eufemismos donde se escudan nuestros funcionarios se ocultan la esencia de lo no dicho, la letra chica del contrato, la realidad negada o parcializada, la mentira institucionalizada. “Cuando los economistas (y nuestros representantes, agregamos) hablan muy difícil y nadie los entiende –decía Jauretche- no es que uno sea burro, sino que seguro le quieren meter el perro”.

Tiempo perdido

El tan prometidosegundo semestre está perdido. Fue solo una metáfora. Igual que, hasta ahora, los “brotes verdes” que algunos esperanzados funcionarios de Haciendade porte recio creyeron observar en algunos indicadores en octubre pasado. Hoy, lamentablemente, quizás resulte más fácil esperar ver los brotes fértiles de la soja, a pesar de las lluvias y las inundaciones, que encontrar señales alentadoras en el desarrollo de la economía.

A la pesada herencia recibida se sumaron los pasos en falso, los vaivenes, las decisiones tomadas y las dejadas de lado, más los desaciertos de un gobierno que no termina por encontrarle la vuelta a cuestiones esenciales como las tarifas y subsidios, la inflación, la pobreza, la pérdida de empleo, el déficit fiscal, el endeudamiento y varias más.

Aunque el 2017 es presentado como el nuevo segundo semestre por las ilusiones puestas allí, los indicadores de la economía, incluso los medidos por organismos oficiales, y algunas previsiones especializadas plantean un escenario actual complicado y un futuro inmediato no tan alentador.

Números rojos

Algunos datos objetivos sirven para trazar una radiografía. En abril de este año, la UCA indicó que había en el país 1,4 millón de nuevos pobres; mientras que en septiembre el Indec dio a conocer que uno de cada tres habitantes vive en la pobreza, y el 6,3% de la población es indigente. En tanto, 7 de cada 10 trabajadores gana menos de 8 mil pesos mensuales, según datos oficiales. Este monto no les alcanza para cubrir el valor de la canasta básica total, que delimita la línea de pobreza y que en octubre estuvo en 11.703 pesos, un 47% más que hace un año.

Con una inflación del orden del 40% anual, más allá de que los tarifazos entraron en el freezer por un tiempito nomás, la pérdida del poder adquisitivo es una variable que atraviesa toda la gestión macrista. Por caso, el consumo en supermercados cayó un 10% el pasado mes.

La pérdida de puestos de trabajo es otro fenómeno en ascenso. Al término del segundo trimestre de este año, el nivel de desocupación se ubicó en el 9,3%, casi tres puntos y medio más que la última medición conocida, la del tercer trimestre de 2015, en tiempos de Cristina. La consultora Tendencias Económicas, en tanto, informó que en octubrese registró un total de 5.370 despidos y 19.766 recortes de la jornada laboral en todo el país.De esta forma, los despidosmanifestaron un incremento de casi el 63% anual.

La construcción es la mayor fuente expulsora de trabajadores. El sector tuvo una caída del 13,1% interanual: los despachos de cemento portland se redujeron 17,7 puntos porcentuales respecto de 2015 y 7 puntos en relación con septiembre último. La paralización de la obra pública nacional y de las provincias explica gran parte del fenómeno.

Por otro lado, en materia de macroeconomía el déficit fiscal y el alto endeudamiento externo pueden transformarse en una bomba de tiempo. “Lo que más preocupa del presupuesto 2017 es el altísimo nivel de endeudamiento. Hoy la deuda es el 70% del PBI, si sumamos provincias y sector privado”, alertó el economista “massista” Aldo Pignanelli.

El gobierno de Macri emitió deuda por casi 50 mil millones de dólares en 10 meses, lo que, como sostienen especialistas, por sí solo no es malo. Lo negativo llega cuando gran parte de esos recursos obtenidos se utilizan para cubrir el agujero del déficit fiscal, tapar los baches de los gastos corrientes.

Pecados capitales

Si el kirchnerismo había despertado hartazgo en algunos sectores y la imagen de Macri aún no se presenta desgastada, esto no significa que se le haya extendido un cheque en blanco al presidente y su corte de funcionarios de confianza que, como tales, han demostrado ser mejores gerentes en corporaciones privadas.

La realidad no se puede cambiar solo a golpe de anuncios pomposos y de pedidos de sacrificio al pueblo porque lo mejor está por llegar. Tampoco con unos malogrados pasitos de baile de cumbia en actos oficiales y acaloradas palabras de aliento para no dejar de lado el optimismo.

La ruptura con la realidad, intencionada o no, para ofrecer solo algo de decorado se trata de un pecado que solo se exculpa con decir la verdad. Pero ese sinceramiento no figura en los manuales de estilo de nuestros dirigentes, menos cuando suponen que el suicidio político sería la condena más segura por ese acto inadecuado. Los costos del sinceramiento, se sabe, las deben pagar los otros.

Nosotros.

O, mejor dicho, algunos de nosotros.

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